Email del 23 de mayo 2013

Edward Hopper. Stairway at 48 Rue de Lille (1906)

Hola:

Me he convertido en un ermitaño, pero así es la única manera de que mi cerebro funcione bien. Si alguien quiere verme tiene que pedirme fecha, pero no porque reciba innumerables peticiones, sino porque para hablar o simplemente mantener contacto con humanos necesito prepararme. Actualmente sólo interactúo con plantas y animales, por lo que mi salud psíquica se está fortaleciendo y mi estado anímico no tiene demasiados altibajos. Algunos conocidos han empezado a llamarme «el cenobita de Benimaclet», y otros me han confesado por teléfono que les empiezo a preocupar. Bueno, en realidad se lo han dicho al contestador automático, y eso que el mensaje no deja dudas sobre mis intenciones:

«Ha llamado al depósito de cadáveres. Si desea un cadáver, por favor deje su mensaje al oír la señal.»

Entre mis menesteres anacoréticos más importantes están la contemplación y el ensoñamiento. Me encanta mirar las paredes y disfruto hasta el paroxismo fabricando sueños a la carta, aunque también paso muchísimo tiempo cuidando y charlando con mis plantas y con mi pez Betta splendens. A veces intento hablar conmigo mismo, pero como discuto por cualquier nimiedad, he decidido ignorarme. Por las noches recorro los pasillos de un punto a otro, y mientras lo hago cuento los pasos en varios idiomas o invento anagramas reordenando las letras de mi nombre y apellidos.

Quizá te preguntes si mi comportamiento no es más que una forma de llamar la atención, pero puedo asegurarte que no es así, al contrario, quiero pasar desapercibido, o por lo menos, lo intento. Porque mis vecinos siguen llamando a mi puerta para pedirme sal o azúcar, regañarme porque al regar les mojo los balcones o para cobrar la cuota mensual de gastos de escalera. Eso por no hablar de los vendedores a domicilio. Ayer, un tipo que representaba a Gas natural se empeñó en que abriera la puerta para convencerme de sus ventajas. Como no tenía ganas de estrangularlo, le dije gritando para que me oyera que padecía un cáncer terminal y que no podía perder ni un mísero minuto con él. Como mi mentira pareció no convencerle demasiado no tuve más remedio que mandarlo a la mierda.

Ahora voy a dejarte. Necesito poner mis ideas en orden inverso.

Un beso