Email del 2 de febrero 2013

Leo Wijnhoven, Global uniformity (1998)

Hola:

Lo bueno que tiene vivir bajo el sentido trágico de la vida, es decir, observando y creyendo que todo lo concerniente al ser humano es una auténtica estafa, y por consiguiente una mierda de dimensiones francamente considerables, es que cuando algo realmente tiene sentido, y de alguna forma se aleja de esos principios de decadencia y juegos falseados en que al final se convierte todo, un sentimiento absurdo y al mismo tiempo tonificante hace que me replantee si no me estoy equivocando en mis percepciones. Y es entonces cuando todo recupera su lógica. Poco importa si esa es un mero artificio sometido a la fuerza lunática de la inconsciencia que se atrinchera en cada una de las preguntas que nadie puede o quiere responderme. Parece que ya nada tiene sentido. Juego porque me gusta perder; ni siquiera intento hacer trampas, simplemente observo cómo los compañeros de partida las hacen, y eso, aunque pueda parecer obsceno, me reconforta.

En estos días que corren, todo me parece irreal, extraño. Mientras algunos reciben sobres, yo, sólo recibo facturas que me niego a pagar. Quiero que me den el premio al moroso del año. Cuando lo reciba, y después de analizar cada una de las firmas del jurado, convertiré el diploma en un bonito avión o una cuña para estabilizar muebles. Podría realizar la prueba de reacción en cadena de la polimerasa para replicar el número de copias de cada uno de los fragmentos de ADN que pudiera extraer del documento, pero hace tiempo que dejé de coleccionar ácidos nucleicos. Ahora sólo colecciono reacciones neuronales, y a veces, cuando mi natural falta de escrúpulos me lo permite, las desnudo por completo y les hago fotos sucias en posiciones lascivas y absurdas. Quiero perpetuarme como el dictador supremo de una civilización distópica y polimórfica, donde cada uno de los individuos que la formen, haya demostrado una y mil veces su absoluta bajeza moral. Creo que me haré político de derechas; engatusaré a los memos con estampitas de San José María Escrivá de Balaguer y pervertiré a sus hijos, y a los hijos de sus hijos; y cuando los tenga narcotizados con toneladas de esperanza y fe, los transformaré en cleptócratas a sueldo. Porque no se puede demostrar la completa maldad latente si no se es un verdadero canalla.

Saludos, besos, abrazos, perversidad.