Segundo email del 2 de febrero 2013

Adolphe Ladurner, A Fencing Scene (1827)

Hola otra vez:

Sinceramente, lamento que opines que los textos de algunos de mis emails, por ejemplo, el anterior, están más cerca de los postulados místicos de Teresa de Jesús que de Nietzsche o Sartre. Salvando la enorme distancia literaria que me separa de ese trío de legendarios pensadores, no puedo estar de acuerdo con tus críticas, aunque sean benignas e incluso por encima de lo que un inhumano como yo merece. El único punto de coincidencia entre la Santa de Ávila y yo es que ambos en una época de nuestras vidas sucumbimos a los encantos que proporciona el cornezuelo del centeno; ella posiblemente ignorando lo que hacía, y yo con plena conciencia de mis actos. Nada más. Que encuentres en mis líneas trazas místicas o incluso románticas no significa que mi ateísmo se encuentre en un estado latente, sino que utilizo a mi antojo algunas palabras que están en el diccionario. Yo no soy el culpable de que los vocablos Ente o Yo estén aprobados por la Academia de la Lengua. Puedo asegurártelo: si de mí dependiera, ahora mismo metería las dos palabrejas junto con unas cuantas más en un saco de arpillera atado a un bloque de granito y lo arrojaría al mar. Pero desafortunadamente, eso no es posible, y aunque lo fuera, ¿crees que serviría para algo? Seamos sensatos; tú puedes ser una marxista recalcitrante, y admiro que sigas líderes, pero yo estoy por encima de esas fruslerías, o puede que por debajo, es algo que no importa demasiado. Quizá debería fundar la escuela doctrinaria de la ontología apóstata; estoy convencido de que tendría éxito. Todos los locos y avasallados de este planeta y del mío podrían mantenerme vivo y con esperanza durante el resto de mi vida.

Te quiere (y lo sabes)

Greg