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| Ivan Shishkin, «Bench at the mail» (1872) |
Hola:
Hoy es viernes, el día que los cristianos utilizan para comer pasta, huevos o verdura, aunque conozco a algunos que se atiborran de chuletas de cordero porque saben que con una penitencia de treinta Credos o Ave Marías la absolución les deja el cajetín donde se guardan las blasfemias limpito y reluciente. Hasta dónde puedo recordar, yo sólo me confesé una vez, cuando tenía 8 años, justo después de tomar la primera comunión, aunque no recuerdo el castigo que me fue impuesto.
Los viernes es el día de mercadillo en mi barrio, desde mi habitación puedo escuchar el ruido que hace la gente mientras compran o roban los productos que los comerciantes tienen a la venta. Algunas veces incluso oigo el sonido de disparos, sirenas de policía y gritos de los paramédicos intentando salvar una vida. Las pocas veces en las que me digno recorrer las calles atestadas de gente descontrolada por adquirir artículos baratos o gangas made in China es para comprar alguna planta, maceta de terracota o fertilizante con altos contenidos de nitrógeno, fósforo y potasio. Bueno, si quieres que te sea sincero, hace años compré una funda de edredón por doce euros que se rompió al tercer día de usarla. ¡Y eso que suelo cortarme las uñas de los pies!
Invariablemente, mañana será sábado y supongo que no haré grandes cosas; quizá me dé una vuelta por la parte vieja de la ciudad y acabé sentado en un banco público observando a la gente. No sabes lo beneficioso para la salud que puede llegar a ser ejercer de mirón pues mientras escudriño, medito sobre el comportamiento humano y su forma de proceder cuando están convencidos de que ningún ojo les contempla. Supongo que mi entretenimiento no es muy ético, pero qué diantres, ¿a quién le importa la ética?
Los días de la semana transcurren como siempre, aburridos, pero a una velocidad increíble. No hace prácticamente nada yo era un chaval y ahora rozo la cincuentena. Es posible que en todos estos años haya aprendido bastantes cosas pero también que me haya hecho más germánicamente insensible y que parte de mis ideas rayen la intolerancia, pero envejecer implica ciertas bagatelas. Hay que pagar un precio por cada año que se cumple y el mío no es ni más alto ni más bajo que el de cualquier humano asqueado.
Espero que el paso del tiempo no influya en tus decisiones y que éstas, lejos de ser una repetición de anteriores, sean el comienzo que sigue a cada pequeño final.
Besos.
