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| Anónimo, Vlad Tepes. 1560 |
Hola ricura:
Lo han vuelto a hacer. Los mosquitos me han chupado casi toda la sangre. Me imagino que en estos momentos estarán descojonándose ahítos y complacidos mientras yo me encuentro dolorido, rabiando y enfurecido. Acabo de contar 12 ronchas y aún son las cuatro de la madrugada, es decir, tienen tiempo suficiente para desangrarme por completo. ¡Y pensar que gracias a mi flujo carmesí un montón de nuevos chupadores vendrán a esta vida a vaciar a otros desgraciados! Mientras me rasco incesantemente no puedo dejar de pensar para qué diantres servirán esos hijos de puta, es decir, cuál es la función para la que han sido diseñados por la madre naturaleza, si es que han sido creados por ésta y no por un maniaco psicótico llamado Dios. Ya sabes que soy ateo hasta la médula, pero a la hora de lamentar algunas de las creaciones naturales prefiero cambiar de chaqueta y mutar a creyente aborregado para poder echar la culpa a alguien; es lo bueno de ser un cabrón cínico sin decencia ni seriedad, y por supuesto, sin el más mínimo vestigio de principios, moralidad ni ética.
¿Sabías que sólo es la hembra la que se alimenta de sangre? Mientras esta especie de Lilith díptera hace de las suyas, el pobre macho prefiere nutrirse de néctar o savia, aunque según otras fuentes no hace ascos a un buen potaje de garbanzos tipo Gulabibi, ya sabes, esos que son medianitos, lisos y con forma redondeada y que a veces, sobre todo si no han estado en remojo varias horas, pueden hacer saltar un empaste de amalgama de plata en un periquete.
Hasta donde llegan mis vastos conocimientos, existen varias formas naturales de evitar ser mordido por una de estas Carmilla en potencia:
Ajos: El olor a ajo les repele y les hace sentirse vulnerables, transformando su seguridad en vacilación e incertidumbre y creando una especie de desequilibrio psíquico que trastorna sus irrefrenables deseos de hincar la probóscide en carne humana o animal.
Clavos: Hace un par de años puse tres clavos oxidados debajo de mi almohada y los mosquitos organizaron una orgía sangrienta en mi cuerpo. Al día siguiente averigüé que lo que debía haber puesto no eran clavos como los que se utilizaron para remachar a Jesús a la cruz, sino clavos de especia. Esa misma noche sustituí las tachuelas y los tornillos por algunos botones florales secos de Syzygium aromaticum y el resultado fue espectacular: amanecí mordido, picoteado, rejoneado, trinchado y deshonrado, pero con un agradable olorcillo a gabinete de aromaterapia que invadía mi habitación.
Existen un sinfín de remedios caseros, algunos probados con éxito y otros bastante discutibles, pero no voy a pasar revista a cada uno de ellos. Tengo un amigo que está convencido de que el mejor de todos es cerrar la habitación media hora antes de ir a dormir mientras dentro, y a un volumen considerable, suenan algunas canciones de Manolo Escobar. Y si lo piensas, tiene sentido. Exceptuando a algunos camioneros malolientes y a los hijos y nietos de Manolo, no creo que exista en el mundo ningún ser viviente que pueda aguantar más de tres minutos de coplas de este señor sin sentir deseos irrefrenables de colgarse de una viga o saltar al vacío desde un acantilado.
Mi abuelo siempre decía que el mejor remedio para no ser picado era estar muerto. Y lo llevó hasta sus últimas consecuencias. Huelga decir que, después de incinerado, jamás volvió a ser molestado por ningún mosquito ni cualquier otra clase de insecto succionador, a decir verdad no fue molestado por nadie, si exceptuamos a mi abuela, que cuando sufría un ataque de pánico, y los sufría a menudo, agarraba con sus fuertes manos huesudas la urna de las cenizas y le leía la cartilla.
Pero creo que estoy siendo injusto con estos insectos, al fin y al cabo la culpa de sus ataques siempre es nuestra por no seguir algunas sencillas recomendaciones:
1 – No caminar descalzo. Los pies descalzos son muy vulnerables a las picaduras de los mosquitos. Sobre todo a las de los mosquitos tullidos que no pueden volar.
2 – No vestir ropas llamativas. A los insectos, sobre todo los mosquitos, les atraen los vestiditos holgados y las batas de guatiné, pero sin embargo les repelen hasta lo indecible los chándales de la marca Adidas y la ropa sport yonki style en general (a mí también).
3 – No tomar bebidas directamente del vaso o la lata sin ver con claridad el contenido. Un insecto puede haber entrada en la lata o vaso para calmar la sed o tomarse un baño reconfortante sin que el incauto se dé cuenta y luego le puede picar en las encías, la lengua o el tumor incurable de la garganta.
Pero si no hemos sido capaces de escapar de su mordedura o picadura, existen algunos remedios infalibles que pueden aliviarnos:
a) Restregar la zona de la picadura con tortilla de patata envasada de la marca blanca de Alcampo. Aplacado el picor, se recomienda regalar el resto de la tortilla a un vecino ingenuo y retrasado, o en su ausencia, a un indigente o a una víctima de la AEB (Asociación Española de Banca).
b) Poner ácido sulfúrico sobre la picadura, para que no se extienda el veneno.
c) Es de dominio público que robar un botijo y salir corriendo calma los picores de las mordeduras de varias clases de insectos.
Bueno, espero que después de leer esta pequeña disertación en forma de email conturbado y desequilibrado a partes iguales, no cometas el error de dejarte avasallar por alguno de esos malditos y sanguinarios culícidos. Y si por algún motivo eres ultrajada, magreada y chupeteada pero has estado atenta a esta clase magistral, ya estás en disposición de contrarrestar sus nocivas e insoportables consecuencias.
Un semiachuchón.
