![]() |
| Antonio Berni. Demonstration (1934) |
Querida:
¡Me resulta tan difícil situar los pensamientos, absurdamente tristes y somnolientos, en una perspectiva adecuada! De hecho me resulta igualmente complicado poner en perspectiva el vocablo «perspectiva», pues las ideas que se arremolinan repletas de conceptos erosionados y soluciones injustas en la subzona kárstica que es mi cabeza, tienden a solaparse unas con otras como si fueran estructuras paradigmáticas. En realidad nunca he conocido a ninguna estructura paradigmática, aunque una vez me presentaron a un arquetipo jungiano, sin embargo me apetecía utilizar un lenguaje sodomizante, ya sabes, ese tipo de jerigonza que a ojos de los badulaques implica instrucción, conocimiento y sabiduría.
Hablando de instrucción, me apetece contarte lo que sucedió en un minuto de un día cualquiera de los pertenecientes al lapso de tiempo comprendido entre el 16 de marzo al 27 de junio de 1983 mientras realizaba la instrucción militar en el CIR de Zaragoza…
—¡Derecha! ¡Derecha, izquierda, derecha!
—¡Derecha! ¡Derecha, izquierda, derecha!
—¡Altoooo! ¡Ein! ¡Fiiiirmeeees! ¡Ein! Eeeen maaaarchaaa! ¡Ein!
—¡Izquierda! ¡Izquierda, derecha, izquierda!
—¡Izquierda! ¡Izquierda, derecha, izquierda!
—¡Izquierda! ¡Izquierda, derecha, izquierda!
Hablando de conocimiento, ahora voy a demostrarte algo que muy pocas personas han sido capaces de demostrar, o sea, que he cambiado de idea. En realidad voy a mostrar. Demostrar es demasiado sencillo para mí, o para lo que se oculta dentro de mí. Y voy a mostrarte algo que casi todos los hombres muestran para demostrar (creía que solo iba a mostrar) su sempiterna virilidad: la moto. Te envío adjuntas un par de fotos mías montado en sendas máquinas con cilindradas verdaderamente salvajes. Por supuesto, ninguna de ellas me pertenece. Es más, odio con todas las fuerzas que heredé del gran chimpancé corsario escandinavo Grukugra VII, tanto a esa clase de vehículos como a sus dueños, pero necesitaba demostrar… o mostrar… o cualquier hecho o cosa acabada en «ar» excepto acabestrillar, arrodrigonar o baladronear.
Hablando de sabiduría. Hace más de 7000 años vivía en lo que hoy es la valenciana plaza de la Virgen una barba que ocultaba a un tipo. Era el tipo más sabio de entonces y aunque solo existía para recapacitar, debía escuchar continuamente a sus 35 mujeres cuando le solicitaban o suplicaban un poquito de movimiento carnal cada noche. El tipo, al que llamaremos Himuz, el hiposexual, nunca decía nada. Le bastaba con mostrar su gran sonrisa que dinamizaba todo. Y con todo me refiero a lo que se considera por entero. Un día de lo que actualmente se conoce como el mes de septiembre, pero que entonces era denominado «Hasinu sinu sinu sinu» sucedió algo que cambiaría por completo el remanso de paz que era el corazón de Himuz. Aunque no se conoce lo que ocurrió ese infame día, se da por sentado que fue algo que cambió el devenir de lo que el profesor Ramón Derecha (¿¡Derecha! ¡Derecha, izquierda, derecha!?) bautizó como «Perspectiva autónoma», lo que me lleva directo, es decir, sin la utilización de atajos, al primer párrafo:
¡Me resulta tan difícil poner los pensamientos, tristes y somnolientos, en perspectiva!
G
