Email del 14 de octubre 2020

 

John Heartfield. The hand has five fingers (1928)

Amiga:

Acababa de terminar de escribir lo que años más tarde se consideraría como mi Magnum opus, es decir, Rodosfredo y los Grujau, esa novela tan extraordinariamente extensa que trataba sobre mí y la nada, cuando decidí que no volvería a salir de mi habitación hasta que los diez impresentables de mi lista muriesen. Pero creo que voy demasiado rápido, como siempre. Si no recuerdo mal fue a los siete u ocho años cuando aprendí lo que significaba odiar a alguien. Sin embargo no comencé a redactar la lista hasta hace poco menos de una década. Al principio el inventario, por llamarlo de otra manera, estaba supeditado a personas de ambos sexos que me hubiesen llevado la contraria, pero poco a poco fui incluyendo a tipos y tipas por diferentes motivos. En un momento dado el listado llegó a los 43000 individuos, por lo que tuve que descartar a la inmensa mayoría, pues si esperaba a que falleciesen todos estaba claro que jamás volvería a salir a la calle, ni siquiera al callejón más cercano. En realidad no sé cuándo ni cómo ocurrió, supongo que me levanté un día con la idea bailando en mi sesera de la misma manera que bailaría un loro gris de cola roja al que han lobotomizado con un exprimidor de pomelos. Como no me gusta sentir psitácidos bailoteando en mi cabeza, decidí que debía vengarme de no más de 15 o 20 imbéciles. Pronto decidí que el número perfecto era el 10. Desde entonces espero que me notifiquen sus muertes. Hasta el momento han palmado tres, y según Adolfa Afloda Doafla, mi pitonisa a tiempo completo, la espicharán cinco más en los próximos 17 años, con lo que sumarán ocho. Dentro de ese lapso, yo tendré 75 tacos, 74 si hago trampas, y supongo que estaré bastante estropeadito, aunque eso no implica de ninguna manera perdonar la vida a esos dos desgraciados. Si es preciso contrataré a alguien para que se los lleve por delante. ¡O por detrás! Me es indiferente.

Mientras espero que todo suceda como lo tengo planeado, gasto la totalidad de mi tiempo trabajando en Rodosfredo sin los Grujau, que básicamente trata sobre mi marcapasos de terapia de resincronización cardíaca, aunque el capítulo 14 está íntegramente dedicado a las perfusiones rectales con Midazolam. 

Greg