Email del 18 de octubre 2020

 

Alfonsín de la Punción. Ficus lyrata apañándose como puede (1893)

Hey:

Durante los tres años que trabajé con los Aojados Transitivos, esa formación artística atenaceante que se hizo famosa por la baqueteada existencia de cada uno de sus integrantes, nunca me apoqué, ni me ovillé, ni me acuclillé. Sin embargo fui capaz de ensortijarme en un par de ocasiones en que no estábamos de gira. Obviamente, desde que dejé de ser un aojado transitivo, y de eso hace ya casi ocho meses, mi manera de comportarme cambió de forma radical. En cuanto puedo y me siento libre, me tiro al suelo y me rizo, y algunos fines de semana incluso me arqueo mientras viro. Por cierto, la última vez que viré no me arqueé, sino que me alechugué. Afortunadamente ninguno de mis amigos se dio cuenta y eso me libró de que llegara a oídos de algunos de los componentes de los Aojados Transitivos, que ahora se hacían llamar los Mustios Semihirsutos. Por cierto, uno de ellos, de los Mustios Semihirsutos, se acercó a mí unos días después al mismo tiempo que se alejaba, por lo que llegó un momento en que se quedó detenido a mitad de camino. Como yo sabía que lo que él quería era averiguar si les había robado algún numerito de la época en que yo fui un ahojado transitivo, decidí que lo mejor era distorsionarme, pero con las prisas acabé estableciéndome para siempre. Desde entonces soy el protegido del dueño del lugar. Lo curioso es que el lugar pertenece a alguien que sube cada vez que baja, por lo que a veces he sentido el impulso de preguntarle si es pariente del tipo que se alejaba mientras trataba de acercarse al que te he hablado unas líneas antes y que actualmente trabaja como Ficus lyrata en el mismo sitio en que se quedó detenido.

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