Email del 4 de diciembre 2019

Vincent van Gogh. Country road (1890)

¡Ejem!:

Paseaba por un camino angosto y repleto de hierbas y vegetación a los lados, cuando de repente sufrí cierto desorden craneomandibular -posiblemente una subluxación en la articulación temporomandibular- que me impidió durante el resto del día gritarle a cualquier forma de vida (humana, animal, vegetal o espectral) que quisiera escuchar mi mantra axiomático predilecto, que no es otro que «Absolutamente todo en lo que se encuentren involucrados uno o varios descendientes bípedos de los monos primigenios, irremediablemente acabará siendo o pareciendo una respetable y caldosa mierda». Sin embargo, al verme impedido para esparcir mi acuosa negatividad gratuitamente, decidí que lo mejor que podía hacer en ese estado de enmudecimiento absoluto era tumbarme entre la hojarasca y ponerme a pensar.

Como no estaba demasiado acostumbrado a razonar, noté cierta parálisis en el lóbulo izquierdo, a pesar de ello, en menos de media hora llegué a la serie de conclusiones que unos meses más tarde formarían parte de mi ensayo Autodiagnóstico afásico y optimización de sus consecuencias y que se convertiría en el octavo libro con peores ventas en la historia de la literatura española contemporánea. No obstante, su descalabro comercial ayudó a transformar mi contristamiento existencial en desmoronamiento estomacal. Desde entonces, nunca salgo de casa sin un intestino delgado de repuesto.

G.