Email del 13 de septiembre 2019

Jean-Pierre Norblin de La Gourdaine. Writer old man (1781)

Viernes 13 de septiembre. 10:09 horas.
«En su corazón se reconfortaba una certeza». ¡No! Muy cursi. Mejor… «En su corazón se reconfortaba una cereza». ¿Pero cómo se va a reconfortar una jodida cereza? ¿Y qué narices hacía en un corazón? Creo que debería replantearme un nuevo comienzo, aunque utilizando parte de los vocablos. Quizá si me deshiciera del verbo «reconfortar»… «En su corazón joven y valiente se escondía una certeza». ¡Joven y valiente! Pero si el protagonista debe tener 78 años! «En su corazón polímata se escondía una…» ¡Una mierda! ¡Se escondía una mierda!

Viernes 13 de septiembre. 10:30 horas.
«En su corazón se debatía una evidencia. Siempre que en su corazón se debatían evidencias, Vicente acababa sollozando como un niño». A ver, el cambio de «certeza» por «evidencia» lo encuentro incoherente, pero hasta cierto punto lógico. En ocasiones una sustitución de última hora puede ayudar a una frase estancada, aunque creo que el nombre del protagonista es absolutamente vomitivo y que un anciano llore como un niño es una imagen que puede resultar mortal de necesidad para cualquier lector diabético. «En su corazón se debatía una evidencia. Cuando eso sucedía, Clemencio se sentaba en su silla preferida y dejaba pasar el tiempo. Tiempo que no le sobraba». ¿Clemencio? No es que me guste, pero creo que tiene una personalidad intrínseca de la que Vicente carece. En cuanto a lo del tiempo que no le sobraba, no es más que un añadido para intentar que una frase que no hay por donde cogerla, acabe llegando a algún sitio. «En su corazón polímata se debatía una evidencia esclarecedora. Cada vez que le sucedía lo mismo, Clemencio Chinchurreta se sentaba en su taburete favorito y dejaba que el tiempo pasase por delante como si fuese una modelo de Dior». Necesito… necesito tomarme dos o tres comprimidos de Rohypnol…

Viernes 13 de septiembre. 11:08 horas.
«En la entrepierna de Clemencio se reconfortaba un miembro viril fuerte, dadivoso y totalmente multifuncional…»

Viernes 13 de septiembre. 11:47 horas.
«Clemencio Chinchurreta tenía un corazón tan duro como el esfínter anal de un actor porno de cine gay…»

Viernes 13 de septiembre. 13:22 horas.
«En su corazón del color de un discurso breve se estremecía un convencimiento del tamaño de una articulación ósea. Siempre que Clemencio López Chinchurreta se sentía de esa manera, terminaba tirado por el suelo berreando maldiciones quejumbrosas hasta que su asistenta, Alicia Parraverde Pérez se desabrochaba la blusa y el sujetador y le introducía uno de sus pezones renegridos en la boca». Si he de ser sincero conmigo mismo, estoy convencido de que la única palabra que realmente tiene fuerza es «renegrido». El resto me produce «ergüenza», que es como mi abuela Críspula se refería a la sensación de bochorno. Pero si lo miro de una manera distinta, es decir, con la cabeza en un ángulo de 75 grados, me doy cuenta claramente de que la vergüenza, quiero decir, la ausencia de esta, y la falta de pundonor venden muchísimo más que el ingenio o la clarividencia.

Viernes 13 de septiembre. 16:05 horas.
«Clemencio Chinchurreta tenía un alma putrefacta y renegrida…» ¡Demasiado directo! «Clemencio Chinchurreta tenía todos los números de la rifa…» ¡Demasiado impersonal! «Clemencio Chinchurreta solo masticaba chicle cuando sabía que algo iba a suceder. Antes de que ocurriese el acontecimiento que cambiaría su vida y la de su amante Alicia Parraverde, alguien llamó a la puerta. Cuando Críspula Pasolini, la asistenta boloñesa, que además de limpiar la casa les preparaba paella valenciana con un toque italiano cada domingo, se dirigió a recibir al invitado se escuchó un estruendo en la galería. Al principio a todos les pareció que un hipopótamo adulto había caído desde una altura de 400 metros, pero cuando se acercaron…» ¡Creía que trataba de escribir una novela vérité y no esta miasma de tópicos patafísicos!

Viernes 13 de septiembre. 18:55 horas.
«En el corazón de Clemencio López Chinchurreta se reconfortaba una certeza cuyas tonalidades variaban desde el púrpura al verde trullo».

Viernes 13 de septiembre. 19:49 horas.
«En el corazón de Clemencio Parraverde Pasolini, nieto de gallega e italiano, se cocía un error a fuego lento».

Viernes 13 de septiembre. 21:19 horas.
«Mientras Clemencio Chinchurreta se vanagloriaba de su heterosexualidad, su gato Pasolini esnifaba las crías de cucaracha que vivían debajo de una de las alfombras…»

Viernes 13 de septiembre. 22:09 horas.
«Clemencio López solía zurcirse sus calcetines a la luz de una lámpara avituallada con una bombilla Osram de 60 vatios, aunque para ganar un dinero extra también cosía los de sus vecinos. En ocasiones, sobre todo cuando se encontraba furioso con los envoltorios de los obsequios existenciales, solía sonarse los mocos con un pañuelo imaginario, por lo que entrar a su casa a saludarlo generalmente se consideraba una maniobra inmunda».

Viernes 13 de septiembre. 23:39 horas.
«¡Clemencio era un extraterrestre proveniente de un planeta que rotaba alrededor de un sol perteneciente a la galaxia Abell 1835 IR1916!».

Viernes 13 de septiembre. 23:56 horas.
«El corazón de Clemencio Dior latía sobre la encimera. A su lado se encontraba Alicia Chinchurreta sujetando un cuchillo con la mano derecha. En realidad Alicia era zurda, pues su mano izquierda solo era un muñón desde que un cocodrilo del Nilo enfurecido se la arrebató para siempre mientras nadaba plácidamente en uno de los afluentes del río Betsiboka en Madagascar, hacía casi una década. Sobre el suelo yacía el cuerpo sin vida de Clemencio y a su lado un charco de sangre, que mirado desde el lado apropiado, parecía un salto de cama sexy y atrevido». ¡Ahora sí! Ya tengo la dirección que quiero que siga el argumento. Ahora necesito no alejarme demasiado o, si me alejo, saber volver al principio o a la continuación de lo que en realidad debería ser el inicio. Aunque esto último no es demasiado importante. ¡Estoy convencido de que tengo en marcha un puto best seller! ¡Cuánto me gustaría que mi mami estuviese a mi lado para que pudiera ramonear los laureles del éxito! Pero la vida es cruel, de hecho es tan atroz y despiadada como un sofrito.

«Clemencio Chinchurreta Dior se encontraba sofritando…»