Email del 15 de septiembre 2019

Alexander Calder. The plenet (1933)

1-Punición.
El espíritu fingidamente linajudo de los Medina-Lopera se manifestaba esplendorosamente cada vez que Don Arturo Medina, el cabeza de familia y determinador-resolutor en jefe, leía la cartilla a alguno de sus muchos y deficientemente remunerados empleados. Aquel día la víctima fue Remigio, el secretario personal de la amante oficial de su primogénito, Salvador.  Don Arturo lo acusó de ser tan inútil como una naranja cachorreña y le dió dos horas para salir de la mansión ML. Mientras introducía parte de sus pertenencias en cajas de diversos tamaños y calidades, Remigio meditó sobre las consecuencias de un asesinato rápido y perfecto. Pero no pudo llegar más allá del cortometraje racional que precede a las verdaderas ideas, pues de repente y a cientos de miles de años luz el Gran Dios Azax-ax sucumbió a su falta total de expectativas integrales, decidiendo castigar a los pobladores de 469 planetas sitos en 17 galaxias, con una muerte lenta para regocijo propio y de sus invitados, los dioses menores Senxoz, Granasenxoz, Parasenxoz, Atrasenxoz y Ronsenxoz, hijos de Lonisenxoz y Barisenxaz, señores de los multiuniversos paralelos de la mitad longitudinal irregular plasmática Azax-ax-08rhn.

2-Conciliación.
Las fuerzas pacificadoras entraron en la ciudad siendo recibidas por todos los habitantes con cierta vocinglería y los brazos abiertos de par en par. ¿He dicho por todos? ¡NO! Un par de tipejos los recibieron con los brazos semiabiertos y con un brazo abierto y con el otro cerrado respectivamente. Por supuesto en esta relación no tengo en cuenta al manco oficial de la pedanía que como es normal no pudo recibirlos con los brazos abiertos. Ni siquiera con los brazos semiabiertos o semicerrados. Simplemente los recibió dando pataditas rítmicas siguiendo una configuración específica ya experimentada con relativo éxito en ocasiones anteriores. Porque, cada siete u ocho semanas, las fuerzas pacificadoras entraban en la ciudad. Excepto una vez que se equivocaron y salieron de la ciudad sin haber entrado antes.

3-Canción.
Tú me miras,
mientras yo corto el segmento del borde superior del troquel de repujado.
Tú me tocas,
y yo sigo cortando el segmento del borde superior del troquel de repujado.

Me gusta…
Me gusta…
cortar el segmento.

Me enloquece…
Me enloquece…
el borde superior.

Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)
Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)
Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)
Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)
Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)

Del troquel de repujado…

4-División.
Serrano Silvestre era uno de los poquísimos neumólogos que nunca permitió a nadie respirar a menos de 15 metros de distancia. Si alguien inspiraba, aspiraba o incluso resoplaba rebasando ese perímetro de seguridad, era invariablemente apaleado sin consideración por tres de los cuatro matones policlínicos contratados específicamente con tal propósito. El cuarto gorila se dedicaba principalmente a controlar que los otros tres protectores no infringieran la norma de los 15 metros mientras trataban de que los pacientes esperasen sus turnos correspondientes a 16 metros. Sin embargo todo cambió para SS, que es como lo llamaban los auxiliares médicos, cuando una tarde de mayo, y con toda probabilidad debido a un ataque psicótico repentino, se descuartizó a sí mismo en 15 pedazos perfectamente diseccionados.

5-Ratificación.
La ratita Pirulina sabía lo que hacía incluso cuando no sabía lo que hacía. Y cuando no sabía lo que hacía, hacía como que sabía lo que hacía. De esa manera ninguna otra rata del nido llegó a saber nunca que Pirulina no sabía lo que hacía incluso cuando sabía lo que hacía. FIN.

6-Inhibición.
Recuerdo cuando profeticé que te estallaría un ovario. Y te estalló. Recuerdo cuando vaticiné que te reventaría el otro ovario. Y te reventó. Recuerdo como si fuera ahora mismo cuando tú me pronosticaste que se me incendiaría un testículo. Y fallaste. ¡Aunque se me incendió un ojo! Recuerdo claramente cuando predijiste que me ardería el otro testículo. Y volviste a fallar. ¡Solo se me abrasó un poco el mismo ojo que ya se había incendiado anteriormente. Recuerdo cuando ambos presentimos que nunca más volveríamos a hojear. Y nunca volvimos a hacerlo. Sin embargo seguimos ventajeando, callejeando, bermejeando, pintarrajeando, bojeando, navajeando, pajeando y cambiando las canicas repes por otras que no estuvieran repes. Y recuerdo cuando intuí que tú no existías. Y con toda rotundidad, no existías. Todos esos años había estado metiéndola en ningún sitio. ¡Por eso no me corría!

7-Canción (Reprise).
Sí, sí, sí.
Sí, sí, sí.
Sí, sí, sí.
Sí, sí, sí (oh yeah)
Sí, sí, sí (oh yeah)
Sí, sí, sí (oh yeah)

Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)
Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)
Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)
Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)
Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)

Del troquel de repujado…