Email del 17 de septiembre 2019

Yiannis Moralis. Dialogue (1974)

Me encuentro con Lorenzo Garrigues «Garrigues» Garrigues, el multipremiado escritor de cuentos cortos y libros de autoayuda. Lorenzo ha accedido graciosamente a ser entrevistado para la revista Chanchan, por supuesto siempre que esta no exceda de cinco preguntas y trate en exclusiva sobre su último libro 7239 dialoguitos. Así, el afamado literato nos ha concedido un permiso especial para publicar cinco de sus dialoguitos al final de la interviú.

CHANCHAN: ¿Cómo va la venta  de 7239 dialoguitos?
LORENZO GARRIGUES: Mi último libro, 7239 dialoguitos, está causando verdadera sensación tanto en los círculos literarios como en los circuitos más ordinarios del país. ¡No paro de firmar autógrafos! Ayer, sin ir más lejos, tuve que disfrazarme de panecillo integral para que no me reconociesen en El Corte Inglés. Y en estos instantes estoy esperando un paquete de Amazon vacío, para rellenarlo conmigo mismo y de esa manera poder dirigirme a sacar unos cuantos cientos de miles de euros al banco, sin que la gente me arranque trozos del pantalón o de los calzoncillos debido a la excitación del momento.
CHANCHAN: Tanto a los lectores de Chanchan como a mí mismo nos gustaría saber cómo se le ocurrió escribir un libro con minidiálogos.
LORENZO GARRIGUES: Mi último libro, 7239 dialoguitos, es un libro de dialoguitos y no de minidiálogos. ¡Hay una gran diferencia! La verdad es que la idea me vino a la cabeza después de proporcionar un orgasmo fallido a la hija de 18 años de mi pareja de entonces. Me sentí tan poco hombre que imaginé un diálogo conmigo mismo para recordarme que en realidad soy un macho de los de antes. Ya sabes, tipo Hemingway, Huston, Welles o incluso Ordóñez. Sin embargo, el autodiálogo fue muy breve. No era necesario perder mucho tiempo para autoconvencerme, por lo que lo traté como un gracioso dialoguito cuando lo transcribí a mi diario personal. De ahí me vino la idea de escribir otros dialoguitos, tanto verdaderos -es decir, escuchados a la gente y a los amigos- como totalmente ficticios.
CHANCHAN: El minidiálo…, quiero decir, el dialoguito más largo no llega a las 15 preguntas con sus correspondientes respuestas y el más corto solo tiene una pregunta y dos respuestas… ¿Le asustaba que los dialoguitos pudieran dejar de ser dialoguitos o estableció unas normas, unas disposiciones?
LORENZO GARRIGUES: Mi último libro, 7239 dialoguitos, está formado por 7238 dialoguitos, no 7239. Resulta que al contarlos por segunda vez me confundí, pero a esas alturas el libro estaba en la imprenta. Le cuento esto para responderle de una forma críptica pero directa sobre esa imbecilidad de las normas y las disposiciones. Nunca me impongo normas, pues sé que no sería capaz de cumplirlas.
CHANCHAN: ¿Cuál es su dialoguito preferido?
LORENZO GARRIGUES: Mi último libro, 7239 dialoguitos, con sus 7238 dialoguitos, es mi preferido. Todos los dialoguitos forman parte de un todo, es decir, de una unidad conceptual indivisible. No puedo elegir ninguna parte porque entonces estaría desconceptualizando la unidad. Y si desconceptualizo la unidad, entonces tendría una diversidad conceptual. ¿Ha oído usted hablar alguna vez a alguien de pluralidades conceptuales?
CHANCHAN: ¡Qué piensa sobre la genialidad?
LORENZO GARRIGUES: Mi último libro, 7239 dialoguitos está clasificado como obra inmortal y absolutamente genial. ¡Y eso que solo lleva tres semanas a la venta! Por lo tanto yo debo ser un genio. Ningún genio que se precie contestaría a una pregunta como la que usted se ha atrevido a hacerme. ¡No tendría sentido! Pero sí le diré que ser un genio provoca ciertos tipos de dolores somáticos, sobre todo de motilidad intestinal. ¡Eso es todo! Ya le he contestado a las cinco preguntas que pactó mi jodido representante con su desgraciado jefazo. Me largo de aquí. Mire cómo me largo de aquí. Ya estoy más lejos de usted. Cada vez más lejos. Más lejos…

FILM NOIR.
—¿Qué es lo que quiere de mí?
—¡Pasta!
—¿Cuánta pasta quiere?
—¡Mucha!
—Lo siento pero tendrá que conformarse con poca.
—¿Cuánto es poca?
—La que llevo en el bolsillo en estos momentos.
—¡Pero si solo lleva una toalla enrollada a su cintura!
—¡Pues claro! Es usted el primer ladrón que intenta atracar a alguien en un baño turco!
—¡Me llevaré la toalla! Parece de buena calidad.

BAZAR CHINO.
—Por favor, ¿cuánto vale esto?
—¡Do euro!
—Ajá. Gracias. ¡Y esto?
—¡Tre euro!
—Ah, es verdad. No había visto la etiqueta, perdón…
—¡Do euro!
—¿Cómo dice?
—¡On euro!
—Bueno, no tienen exactamente lo que buscaba. ¡Adiós!
—¡Sete euro!

FRUTERÍA Y VERDULERÍA.
—¡Estas alcachofas parece que vengan de una guerra!
—¡Señora, eso no es una alcachofa, es mi bocadillo!
—¡Ay! Sin gafas no veo nada. ¿Esos pimientos son frescos?
—Pero si eso son zapatos. Usted está en una zapatería. Y deje ya mi bocadillo en el mostrador, ¡señora!
—¿Una zapatería? Bueno, pues póngame un kilo de sandalias.
—Venga, abuela, le acompaño a la salida…
—¿Tiene pomelos?

TROMBOEMBOLISMO.
—¿Lo ven? ¡Acérquense más! ¡Sin miedo! Lo que trato de hacer es disecar el corazón siguiendo la trayectoria del flujo sanguíneo.
—Profesor, ¿eso es una vena pelviana?
—¡No! ¡Esto es lo que llamamos una apertura longitudinal!
—Sí, profesor, pero me refería a eso de ahí.
—¡Quite sus manazas de mi cadáver! ¡Eso que usted dice que es una vena pelviana es una apertura longitudinal! ¡Longitudinal! ¡Hecha con amor por mí con ayuda de este escalpelo! ¡Longitudinal! ¿Entiende, pedazo de imbécil? ¡Longitudinal!
—Profesor, seré un pedazo de imbécil, pero sigo siendo su hijo…
—¡Longitudinal! ¡He dicho que longitudinal!
—¡Para, papá! ¡Ya no quiero seguir jugando a las autopsias!

CONFESIÓN.
—Ave María Purísima…
—Sin pecado concebida.
—En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
—El Señor esté en tu corazón para que puedas abjurar de tus pecados.
—Señor, tú sabes que te amo. Han pasado dos días desde mi última confesión… Mis… mis pecados son… Padre, ayer me masturbé 13 veces.
—Continúa hijo mío…
—Y luego masturbé otras 13 veces a mi vecina.
—¡Pero hijo!
—Y después de masturbarme a mí y a mi vecina, dejé que mi vecino, es decir, el marido de la vecina a la que masturbé 13 veces, me masturbara 13 veces más.
—Pater noster, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum.
—Y después de dejar que mi vecino me masturbara 13 veces le obligué a masturbar otras 13 veces a su propia mujer.
—Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris.
—Pero se equivocó y la masturbó 12 veces.
—No importa, hijo mío. ¡No importa! ¡Solo fue una tonta equivocación numérica! Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
—Amén.