(Este cuentecito, que todavía no está acabado, ni siquiera corregido, se lo dedico a tres amigas discutidoras)
Faustino Abad es un hombre bueno, sus amigos y familiares pueden dar fe de ello. No tiene enemigos y los niños y los perros le adoran. Es un tipo amable, bondadoso y especialmente correcto con las señoras y los ancianos. Solo una cosa le afea: la bromhidrosis, pero eso no parece afectarle demasiado, aunque sí a su familia, especialmente, cuando para relajarse se quita los calcetines en el salón de su hogar.
Estamos en pleno invierno y las hojas de los arboles hace tiempo que dejaron de caerse y ensuciar las aceras. Faustino sale a la calle ataviado con 2 camisetas de manga larga , una de ellas de felpa, un jersey de cachemira, un polar liso encima y un abrigo de piel, pues sufre de enfisema pulmonar hereditario, esa horrible enfermedad respiratoria, desde que era un bebé. Caminando con pasos lentos pero seguros, todas las mañanas se acerca a dar de comer a las palomas a las siete en punto. El problema es que a esa hora tan temprana no hay palomas y el mijo acaba depredado por las ratas, para disgusto de Fermín, el barrendero, que las teme y las odia.
Como entra a trabajar a las ocho, aun le queda tiempo para tomarse un cortado descafeinado de máquina con leche natural y sacarina, acompañado de un croissant pequeñito. Francisco, el dueño y camarero del bar JONS, le acerca el periódico ABC y ambos se entregan a discusiones fachosas que harían estremecerse de horror al mismísimo Blas Piñar.
FAUSTINO: Deberían quemarlos a todos. Estoy harto de ver a tantos sentados en los parques. Ni siquiera puedo dar de comer a las palomas sin miedo a que alguno me saque una navaja y …
FRANCISCO: (Cortándolo a mitad de frase): Putos panchitos. Deberían estar cazando monos en sus selvas y no aquí jodiéndonos con sus culos repelentes y deformados que afectan a la visión.
FAUSTINO: ¿Por qué no damos una batida esta noche? Ya hace mas de 2 meses que…
FRANCISCO: (Volviéndolo a cortar): Esta noche es martes, me toca polvo con la parienta.
FAUSTINO: ¿Pegáis los polvos los martes?
FRANCISCO: Los martes y jueves. Y un sábado cada 15 días.
FAUSTINO: Yo hace más de 2 años que no me acuesto con mi mujer.
FRANCISCO: ¡Pero si eres viudo!
FAUSTINO: Por eso no me acuesto con ella
A las ocho menos cuarto nuestro héroe se acerca a BUENAVIDA, el geriátrico donde trabaja como contable, pero antes charla amablemente con Dorita la recepcionista.
FAUSTINO: Buenos días, Dorita, preciosa ¿Cómo se encuentra hoy tu madre?
DORITA: Ayer la trasladaron a planta. Hoy a las once le hacen una densiometría ósea , y esta tarde sobre las seis un TAC.
FAUSTINO: Me alegro de que se encuentre mejor. ¿Qué haces mañana a las dos? Te invito a comer en un chino.
DORITA: No puedo, a esa hora tengo clase de parto fácil.
FAUSTINO: Pero si tú no estás embarazada…
DORITA: Claro que no, tonto, pero me gusta una de las profesoras…..
Un día normal de trabajo como contable comienza cuando a Faustino le traen las cuentas de la jornada anterior. Como invariablemente nunca cuadran, le toca repasar junto al ordenador filas y filas de números que parecen no acabar nunca. De vez en cuando aparca los dígitos y se acerca al váter a orinar y a mirarse a espejo. Le encanta alisarse el poco pelo que le queda hacia atrás, embadurnándolo de gomina de la marca Loreal. A veces se encuentra con otro meón y mantienen una pequeña conversación de trabajo.
MEÓN : ¡ Faustiiiiino! que te veo el pepiiiiiino. jajajaja
FAUSTINO: Eres muy gracioso, pero esta vez sí que me he subido la bragueta, lo he confirmado tres veces.
MEÓN : Por cierto, sabes lo que le ha pasado a Bernardo, el jardinero?
FAUSTINO: No, ¿qué le ha sucedido?
MEÓN : Ayer por la noche lo atracaron a punta de pistola.
FAUTINO: ¡ Sudacas! seguro. Putos panchitos…
MEÓN : Noooo, fueron del barrio. Ya los han detenido, aunque uno de ellos se ha escapado.
FAUSTINO: Vaya. ¿Qué es ese ruido? ¿Hay alguien cagando?
MEÓN : Sí está el gilipollas de… ¡cuidado, que sale!
CAGÓN: Joder, no se puede cagar a gusto, qué ruido hacéis, y qué conversaciones más repelentes…
MEÖN: Repelentes, los ruidos de tu barriga, deja de comer fibra y verás como no haces esos pluf pluf plufs tan desagradables, parecías un geiser en ebullición
CAGÖN: Me vas a chupar la polla….
FAUSTINO: Señores, vuelvo al trabajo, ya sabéis: el trabajo os hará libres.
CAGÖN: Espera, esa frase estaba en, en, creo que,¡ estaba en la entrada de Auschwitz !!!
FAUSTINO: ¿y qué?
Las ventajas de ser contable son ínfimas en comparación con sus muchos inconvenientes. Te pasas la jornada prácticamente solo, los ojos se funden tras pasar tantas horas seguidas frente a la pantalla del ordenador; el coxis y parte de la espalda se resienten y para colmo y por deseo del supervisor, algunas webs están restringidas, sobre todo las de chicas desnudas…
Las horas se suceden como a cámara lenta, los recuerdos golpean su mente en una especie de incesante letanía, algunos hacen daño, otros son más encantadores y le provocan una desacostumbrada sonrisa.
A la hora del almuerzo, Faustino saca un fajo de papelotes enrollados y en muy mal estado que lleva atados con un roído pedazo de hilo de palomar. Estas hojas profusamente garabateadas son su más preciado tesoro y es casi seguro que mataría por ellos. Ahora llega el gran momento, la media hora de éxtasis reconfortante y verdaderamente placentera; pero como siempre sucede con estos momentos inolvidables, alguien entra en su despacho y le interrumpe.
INOPORTUNO: Faustino, tío, estoy harto de los putos abuelos y de cambiar sus putas cacas. ¡Joder! no le cambio las mierdas a mis hijos en casa y me toca aquí hacerlo a un montón de seniles apestosos.
FAUSTINO: ¿Por qué no llamas antes de entrar?
INOPORTUNO: He llamado, pero como no me has respondido, he entrado ¿Qué es eso? Ah tus putos inventos. ¿Coño si febrero está ahí al lado. ¿Te vas a presentar no?
FAUSTINO: Sí, claro
INOPORTUNO: ¿Y qué vas a presentar este año? Recuerda lo que te sucedió en el anterior congreso de inventores aficionados. Ya sabes, ese leotardo líquido para los días abrasadores de verano. O hace un par de años, jajajaja el teléfono-tostadora de pan, aún me parto cuando recuerdo la cara del juez con la oreja tostada, jajaja
FAUSTINO: Fue culpa suya, quiso telefonear a su amante y se equivocó de teléfono.
INOPORTUNO: Sí, ya, pero te demandó, jajaja
Faustino: Bueno ¿qué es lo que quieres?
INOPORTUNO: Nada, venía a hacer tiempo. ¿Qué vas a presentar este año? Una faja musical? jajaja
FAUSTINO: El transbaser.
INOPORTUNO: ¿El transbaser?
FAUSTINO: Sí, el transbaser.
INOPORTUNO: ¿Y qué coño es eso?
FAUSTINO: Bueno, es una complicada máquina del tamaño de un bebé hipopótamo que transforma la saliva humana en cerveza light.
INOPORTUNO: Jajajaja ¿Y por qué no en cabernet o amontillado, jajaja qué cosas tienes.
FAUSTINO: Te estoy diciendo la verdad. Oye, solo me quedan veinte minutos de la hora del almuerzo y tengo que acabar algunos planos del transbaser.
INOPORTUNO: El transbaser, ya, bueno chaval te dejo, voy a ver si echo una meada, y luego al tajo, ¡putos yayos del demonio! Hasta luego nene.
Los segundos, los minutos y las horas se asemejaban a los de cualquier día. Dentro de ese cuerpo frustrado y lleno de engañosa amabilidad latía un corazón iracundo que no tardaría en explotar.
A la hora de la comida, Faustino se marchó a casa. Aunque solía zamparse un bocadillo frío en el bar JONS, pues solo disponía de 2 horas escasas antes de retomar de nuevo su trabajo, está vez decidió dar una vuelta por la parte vieja de la ciudad, abarrotada de inmigrantes que de alguna forma intentaban alimentarse y alimentar a sus familias, que vivían a miles de kilómetros. Mientras caminaba contaba para sus adentros a todos los ecuatorianos que veía. Cuando la cifra se hizo demasiado abultada, calculó que ya habría pasado una hora y media y volvió sobre sus pasos al geriátrico. Mientras caminaba un tanto ausente y con la cabeza todavía llena de números, divisó a lo lejos a Chipi. Le llamaban así por que cuando las cosas se ponían feas repetía hasta la extenuación su apodo. Faustino gritó su nombre con una voz retumbante y repleta de autoridad, pero Chipi no le hizo caso y siguió su camino. Cuando volvió a llamarle con una salvaje pero feroz modulación atonal, un Chipi temeroso acudió a su encuentro.
FAUSTINO: Hijo de puta, Chipi. No vuelvas a tomarme por tonto.
CHIPI: No te había visto, perdóname.
FAUSTINO: Prepárate, pronto te llamaremos para otra «cacería». Por la última no apareciste, cabrón y Raúl tuvo que dar las hostias. Y ya sabes que es un cagado y ni siquiera sabe atizar.
CHIPI: No voy a ir. Ya estoy harto. Soy yo el que golpea. Solo veis en mi un cabeza de turco. Estoy harto, harto
FAUSTINO: Tu harás lo que te digamos.
(Continuará)
