Email del 11 de Octubre 2011

Pablo Picasso, «Les pauvres» (1903)

Hola:

Hasta hace unos meses, cuando andaba por la calle y pasaba por delante de una pareja de abuelitas o un grupo de gente que estaban parados en la acera hablando de sus cosas, la conversación siempre e invariablemente trataba sobre cánceres y enfermedades que aquejaban a un familiar o conocido de alguno de los reunidos. Ese horripilante tema ha sido sustituido por otro no menos aterrador y que es el que actualmente está en boca de todos: el dinero o la falta de este. Hasta mis conocidos más pudientes en otras épocas se dedican a lloriquear en esta; han pasado de tener 4 coches y 3 chalets a tener una moto y un adosado compartido, y eso, aunque de alguna forma les une con el vulgo, también les corroe las entrañas y les tinta el otrora bonito negro «ala de cuervo» del pelo, de un vulgar blanco sucio tipo Gandalf el gris.

Ayer me tomé un cortado en un bar que ahora pertenece a un chino, y aunque el café y la leche sabían a lo que se supone deberian saber, no así la cara de los cuatro clientes que se sentaban desperdigados en las mesas. Cada uno de ellos miraba a algún punto del cosmos traspasando incluso el techo. Ellos no lo sabían, pero escudriñaban su futuro y la negrura que se avecina. Incluso el dueño del local, asiático como ya te he comentado, se atrevió a pronunciar unas palabras que, sinceramente, creo que deberían ser publicadas como titular en todos los periódicos del país: «tolo estla muy jolilo».

Mientras espero que suceda algo (me refiero a algo como un estallido de cólera popular, que instaure una república en toda Europa mientras fusila a cierto tipo de políticos abusadores y chorizos y envía al resto a las islas Tonga, por supuesto certificados y sin derecho de vuelta), intento gastar el tiempo haciendo lo que hacen los úrsidos durante sus muchos meses de brumación: absolutamente nada. Incluso me permito el lujo de no desgastar las neuronas cerebrales por medio de una auto-lobotizacion inducida que, por lo menos en mi caso, contiene o frena los arrebatos de furia insana que hacen que cada vez que veo a un humano sienta unos deseos incontrolables de abalanzarme sobre él y meterle una Oxyuranus Scutellatus por la boca.

Ahora, mientras estoy escribiendo este mail, en demasiadas partes del mundo hay un montón de tipos que ganan dinero haciendo más pobres a los que ya las pasaban canutas. Me imagino que esos fulanos alguna vez tuvieron buenos sentimientos, por lo menos el día de su concepción biológica; quiero pensar que el transformarse en autenticos hijos de puta no fue simplemente una cuestión de poder o de gloria, sino de maldad viciosa, ruín y depravada. No soportaría la idea de que ese tipo de seres omnipotentes que quieren hundir en la miseria absoluta a las tres cuartas partes de la población mundial tuvieran como meta fundamental la posesión y el placer como única excusa.

Me imagino que tú, queridísima amiga -caray, parezco Carmen Sevilla-, estás por encima de esos impulsos autodestructivos que hemos programado para nuestro amargo futuro. Desde tu Olimpo particular puedes ver cómo se desarrolla nuestro juego e incluso apiadarte de gente como yo enviándole un dios menor en forma de sabio consejo que generalmente es rechazado con alegría y determinación.

4 besos