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| James Jean, «Crickets» (2008) |
Amiga:
Todos hemos tenido uno o varios apodos a lo largo de nuestra vida, éstos constituyen por sí mismos un nombre sustantivo y aunque suelen ser monovalentes los hay multívocos, pero eso no es importante ni va a mejorar la historia que te quiero contar.
«Squizo» y «Mamamama» eran lo que se conoce como chicos de la calle, ambos se habían criado en medio de las turbulencias desatadas por familias desestructuradas y disfuncionales y los dos presentaban cuadros clínicos psicóticos, pero a diferencia del primero, que era la maldad personificada, el segundo presentaba algunos rasgos bondadosos en su personalidad. Squizo, como le gustaba que le llamaran, aunque siempre me he preguntado si realmente conocía el significado de su apodo, era ruin y cobarde, un tipo duro que sin embargo se desinflaba cuando alguien le plantaba cara y que igual que los felinos, sólo atacaba cuando alguien le daba la espalda o cuando su cerebro limitadísimo le mandaba claras señales de ventaja. Por el contrario, Mamamama era tranquilo, reservado y algunas veces incluso dibujaba una pequeña sonrisa; acostumbrado a sacarse las castañas del fuego desde la niñez, aborrecido por una madre a la él sin embargo adoraba y veneraba, siempre fue el blanco de las mofas del resto de chiquillos debido a su tartamudez severa y supongo que ese trastorno fue el causante de sus cambios posteriores.
Ahora, permíteme que me salte todas sus hazañas y fechorías hasta el último día de su existencia, que es lo que realmente me interesa contarte y la única razón por la que me he acercado hasta este papel en blanco…….
Era un día como otro cualquiera, no recuerdo el mes pero sí el año: 1987. Squizo acababa de pegar una paliza a un anciano, le había robado sus pocas pertenencias de valor y después había intentado quemar la casa con gasolina; afortunadamente, la combustión no prosperó y el viejo pudo salvar la vida. Mientras huía del fuego inexistente se encontró a «Mamamama» sentado en un banco del parque mirando fijamente algún punto concreto del cielo y le convenció para que le ayudara a atracar uno de los muchos comercios del barrio. Para persuadirle, utilizó una táctica que nunca le fallaba, y en menos de quince minutos ambos se dirigieron a poner punto final al que sería el día más importante de sus vidas: el último.
Mientras elegían al azar un local apartado y con pocos clientes, Mamamama sintió que el futuro se les había acabado y así se lo hizo saber a su amigo, que al mismo tiempo era un enemigo perfecto, pero esté le insultó y se puso a imitar su disfemia mientras con las manos le hacía gestos obscenos diseñados exclusivamente con el propósito de limitar la debilidad mental transformándola en voluntad agresiva.
¿Sabes cuál es, al día de hoy, mi vocablo favorito?: «motivación», es decir, la razón que impulsa a una acción concreta. El ser humano es capaz de sentir interés racional y emocional, pero también es experto en motivaciones ególatras, generosas, materiales…..
Mientras Mamamama sujetaba a la aterrorizada dependienta, Squizo vaciaba los anaqueles dentro de una bolsa de basura tamaño comunidad. Todavía no está claro por qué asesinaron a la chica. ¿Acaso puede existir una razón para eso? ¿Qué motivación maligna y envilecida es necesaria para quitar una vida inocente? ¿Cuál es la clase de juego que finaliza con un silencio sepulcral?
Mamamama acusó a su compañero de ser un sádico y en un pequeño forcejeo le arrebató el arma y le descerrajó dos tiros en la cara. Mientras contemplaba aquel rostro tirado en el suelo cubierto de sangre, un único pensamiento claro ocupó la cabeza: «debo irme, para siempre». Su sonrisa cansada iluminó un instante el ambiente enrarecido y quince segundos después un ruido sordo convirtió a las tres víctimas en hermanos de sangre.
Yo conocí bien a Mamamama, incluso vivió en mi casa durante una temporada. Estoy seguro de que en otras circunstancias podría haber llegado a ser un ciudadano ejemplar, pero los dieciséis años que convivió con una madre alcohólica y un padre maltratador le dejaron huella; en otras palabras, le motivaron para convertirse en el actor mediocre -recuerda mi email de ayer- que, sin preparación suficiente, sólo puede aspirar al papel de asesino que muere antes de la página veintisiete en la primera versión de un guión poco trabajado…..
Tres años después de aquello, el padre de Mamamama estranguló a su mujer con el cordón de unos zapatos viejos y se sentó en el sofá a esperar a la policía. Estaba tan tranquilo y relajado que los agentes lo tuvieron que despertar a empujones. Sus primeras palabras una vez despierto fueron: «estaba soñando….»
Besos y abrazos.
