diciembre 2011

Email del 5 de diciembre 2011

William Blake, «And Elohim created Adam» (1755)

Querida republicana gentil y hereje:

Se acerca la Navidad, junto con la Pascua, quizá la celebración más estúpida y demencial del calendario estival hispano, y mira que tenemos fiestas imbéciles. A partir del día 21, más o menos, todos debemos ser buenos, llorar cuando regrese el familiar lejano, comer turrón y cantar estúpidos villancicos. Y mientras todo esto sucede, los comerciantes disfrazados de judíos se frotan las manos y dan gracias a Dios por haber creado a todos los cenutrios a su imagen y semejanza, por lo cual debemos suponer que el altísimo también era un cretino con ciertas tendencias perversas actualmente indefinibles.

Hace más de treinta y cinco años que no celebro esa gilipollez extrema, aunque tampoco festejo la Semana Santa (¡ja!) o cualquier otra conmemoración religiosa o pagana; más que nada porque aún cultivo mi prosencéfalo, mesencéfalo y el rombencéfalo y, sobre todo, porque adoro mi dignidad y hace mucho tiempo que asesiné de un disparo a mi ego. Estas «fiestas», como las anteriores, ni siquiera voy a ir a comer a casa de mis padres y si lo hago, engulliré la pitanza de un trago y regresaré rápidamente a la magnífica y completa quietud de mi habitación, donde me siento libre de virus conmemorativos y bondad humana y donde yo regulo el calendario gregoriano a mi antojo.

Mucha gente tiene la costumbre de asegurar que celebra esta fiesta y otras parecidas por sus hijos, no por ellos. ¡Cuántas mentiras hemos de escuchar en una sóla existencia! No consigo entender cómo pueden unos progenitores odiar de forma tan salvaje al retoño de sus entrañas si celebran con loas y alabanzas las majaderías cristianas simplemente para que sus hijos se lo pasen bien (y de paso aprendan los beneficios del consumismo desbaratado). ¡Qué flaco favor están haciendo a la humanidad! Yo no tengo hijos, sólo dos moscas, pero te aseguro que si tuviera uno, o dos, o diecisiete, los mantendría a salvo de cualquier cosa que oliera a religión o mercaderia.

Ni siquiera voy a comentar nada sobre la Nochevieja, seguramente una de las estulticias más sádicas y retorcidas que existen, pues me entran sudores fríos y arcadas cuando pienso que hemos llegado a un punto en que la gente se divierte cuando se lo mandan y no cuando realmente necesita hacerlo. Vivimos creyéndonos actores y extras de una superproducción hollywoodiense, pero al final todos palmamos como lombrices………. mientras tanto, no puedo dejar de sentir unas ganas terribles de descojonarme de todo y del 70 % de todos.

Abrazos.

Email del 5 de diciembre 2011 Leer más »

Mail del 4 de diciembre 2011

George Grosz, «Metropolis» (1917)

Querida amiga y víctima de los tiempos:

Quedan unos pocos días para saber si el euro se va al carajo y a la Merkel la proclaman definitivamente emperadora del Sacro Imperio Continental, pero si quieres que te sea sincero, me la refanfinfla. Yo vivo en otro mundo y, sobre todo, en un estado perpetuo de pasotismo desencantado con respecto a las cuestiones políticas, así que me es indiferente si todo explota y se hace añicos. Al fin y al cabo TODOS somos los responsables: primero, por confiar y sobre todo, seguir a cualquier clase de líder que no sea el mismo pueblo, unido; segundo, por fomentar y permitir gobiernos capitalistas y tercero, por la nula concienciación política del ciudadano actual y la rapidez con la que se deja convencer para cambiar de bando (o de gang).

De todos es conocida la afición del homo sapiens por acumular posesiones; la mayor parte de los habitantes del planeta que aún están en condiciones de elegir, por supuesto me refiero al «primer mundo», prefieren el poder antes que los orgasmos, sobre todo porque ejerciendo autoridad, dominio y señorío pueden llegar al éxtasis sin necesidad de sentirse humanos. Por supuesto, yo tengo algunas pequeñas posesiones que guardo en mi habitación: libros, música, películas, cilicios, pero no me importaría en absoluto largarme lejos y para siempre, sólo con lo que cupiera dentro de un saco atado con un cordel.

El tiempo pasa demasiado velozmente y las fotografías del pasado iluminan nuestro presente. Somos refugiados y no tenemos ningún lugar a donde dirigirnos porque ya no quedan espacios sin dueño en la tierra. Mientras, vagamos sin rumbo y nuestras ilusiones rebotan. ¡Hemos agotado el futuro y no disponemos de tiempo!

Tampoco quiero ejercer de agorero profesional, supongo que en algún lugar del cosmos existe algo semejante a la inteligencia. Es posible que con el paso de los años los cenutrios acaben pariendo hijos lúcidos que no prostituyan su existencia por algunos dominios oropelados y que el único afán de supervivencia sólo sea resultado del conocimiento racional.

1 beso (hoy estoy tacaño)

Mail del 4 de diciembre 2011 Leer más »

Segundo email del 3 de diciembre 2011

Martin Johnson Heade, «Orchids and beatle» (1885)

Hola por segunda vez:

Esta es la historia de una cochinilla.

Mimí-Nedoun-Alalá era una cochinilla de la humedad, de moral laxa y a la que le gustaba retozar con todos sus congéneres sin importarle demasiado el sexo o afiliación agrícola, siempre que pudieran producirle placer con un mínimo de destrozos en el exoesqueleto. Un día ventoso de principios de otoño y mientras trataba de seducir a su tío abuelo Wine-Nedoun-Alalá, sufrió una embolia que la dejó con medio cuerpo paralizado e impedida de por vida. Ni siquiera era capaz de enrollarse en forma de acordeón para protegerse y su futuro se presentaba incierto y doloroso. Su padre, Woso-Nedoun-Alalá, intentó convencerla de que se suicidara para poner fin a sus sufrimientos, y sobre todo al trabajo que alimentarla representaba para el núcleo familiar. Pero Mimí-Nedoun-Alalá se mantuvo firme; quería vivir, básicamente porque muerta no podía disfrutar del sexo. «¿Qué sexo?», preguntó su padre arqueando una de sus anténulas. Ella ni se inmutó cuando, desprovista de cualquier asomo de decencia, instó a su padre a que le demostrara su amor reclutando a algunos oniscídeos para que copularan ante ella,  pagados, naturalmente, a un precio razonable. «¡Eso sí que no!», replicó su padre con aspecto malhumorado, «en nuestra familia jamás nadie ha osado fornicar sin ánimo de procreación. Eres una isópoda ramera. ¡Ojalá no hubieras nacido!»

El tiempo pasaba inexorable y nuestra protagonista yacía medio inerte sobre un montículo de tierra húmeda mientras el resto de la comunidad la alimentaba y aseaba cuando podía. Harta de su presente y horrorizada ante su futuro, a menudo imaginaba orgías y desenfrenos morfológicos para escapar al hastío. A veces, incluso, imaginaba que era una forma de progreso evolutivo y que el resto de su especie deberían estar tan lisiados como ella. Entonces, fantaseaba con su suicidio y la forma de llevar a cabo una completa inmolación del clan: «Si yo he de permanecer sin sexo en este poltrón de hojas carcomidas y humus, ellos me harán compañía». Pero como suele pasar cuando alguien desea con todas sus fuerzas algo, el futuro se adelantó en forma de una segunda embolia, que inutilizó la parte de su cuerpo que aún podía mover y acabó por convertirla en algo inanimado, que ya no debía ni podía permanecer en aquel mundo irreal y subterráneo al que alguna vez perteneció.

Un abrazo.

Segundo email del 3 de diciembre 2011 Leer más »

Email del 3 de diciembre 2011

Pietro Longhi,  «Il rinoceronte« (1751)

My dear:

Anoche escribí un pequeño cuento titulado «Desventuras de un óvulo apócrifo» y estoy convencido de que podría servir de base literaria para un guion cinematográfico y más tarde para una magnífica película digna de ser dirigida por talentos tan desquiciados como Ozores o Almodóvar. Te cuento brevemente el argumento:

El primer bailarín de la compañía nacional de ballet, Greg Vázquez, se encuentra bailando «La bayader» de Ludwig Minkus, según la coreografía de Petipa e Ivanov ante un público muy selecto, cuando a mitad del tercer acto sus tutús se rebelan y se transforman en discorolas provocando la hilaridad de la audiencia. Presa del pánico, Greg intenta correr para salir de escena pero un rinoceronte atractivo vestido con botas militares se lo impide, por lo que no le queda otra opción que quitarse las mallas y estrangularlo con ellas. Al final logra escapar, pero unas pocas horas después es detenido y acusado formalmente de perisodactycidio en primer grado. Se celebra un juicio rápido y es condenado a comerse una ensalada de zanahoria con cebolleta y pimientos delante de cinco senadores desnudos.

Desde luego el texto no es como para tirar cohetes, pero yo tampoco soy Christopher Marlowe. Supongo que con unas cuantas correcciones y otros tantos retoques por aquí y por allá podría llegar a convertirse en un escrito sólido y con potencial comercial. Soy consciente de que el personaje del rinoceronte no está demasiado bien perfilado y que la parte del juicio podría haber sido escrita con mayor profundidad, sobre todo resaltando el carácter volátil y egocéntricamente enfermizo del juez y sus ansias de notoriedad pública, pero no me importa. He tratado de hacer una feroz crítica al establishment y la forma en que éste descalifica nuestros sueños por medio de la fuerza que implica el poder.

Esta noche, si me visita la Musa escribiré una digna continuación, de momento me voy a caminar un rato por el cementerio. Dicen que a estas horas pueden verse a los espíritus saltar a la goma elástica mientras cantan:

Una, dos y tres,
pluma, tintero y papel,
para escribir una carta
a mi querido Miguel.

En la carta le decía
recuerdos para tu tía,
que está comiendo judías
en el jardín de Isabel.

Arroz con leche,
me quiero casar,
con un señorito
que sepa planchar,
que sepa coser,
que sepa bordar,
que sepa abrir la puerta
para irnos a jugar.

Besoooooos.

Email del 3 de diciembre 2011 Leer más »