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| Nardo Di Cione, San Juan. 1350 |
Hola preciosa:
Jesús era carpintero y fabricaba mesas y armarios de buena calidad, aunque lo que realmente le gustaba hacer era confeccionar vestiditos ajustados, pero su padre José, hombre de carácter agrio y con fuertes ideas reaccionarias no se lo permitía, por eso continuamente le rebajaba tachándole de «afeminado» o «nenita». Como eran pobres, María, su madre, preparaba comidas con pocas proteínas y con bastante frecuencia recriminaba a José su vocación de perdedor y le restregaba con cierta malicia que debía haberse casado con Aarón, que era carnicero y en sus tiempos libres regalaba orgasmos a cualquier mujer de Galilea que se lo requiriera. Ante estos insultos, José se escondía dentro de un arcón y no salía en cuatro días. Cierta jornada de abril del mismo año en que Casiano, el pastor, dejo preñada a su cabra preferida, y no teniendo nada con lo que preparar un buen puchero, María se arrancó un ovario y preparó un banquete que hizo las delicias de su esposo y de su hijo, que a estas alturas ya vestía como una mujerzuela, aunque caminaba como un chimpancé, es decir, arqueando las piernas. Según el historiador británico William Perry, su informal forma de desplazamiento era debida a la costumbre de introducirse hortalizas tubulares por el recto, mientras que su colega Alfred Allen Smith difiere por completo y está totalmente convencido de que esa increíble forma de locomoción era consecuencia de unas purgaciones que le contagió Constancio, el horadador de frutos secos, durante los meses en que ambos cohabitaron en libre contubernio.
Por aquella época, vivía un tipo raro llamado Juan al que le encantaba hacer inocentadas pesadas a sus amigotes o a cualquiera que se le acercara a menos de 2 metros de distancia. Su broma preferida era arrojar residuos fecales mientras la víctima estaba de espaldas, por eso, con el tiempo sus incondicionales acabaron por llamarle «el bautista». Actualmente se creé que conoció a Jesús mientras le seguía por las calles con un cubo repleto de excrementos con el claro propósito de vertérselo encima, pero que el hijo del carpintero se giró en redondo, seguramente advertido por el olor a heces o quizás a efluvios varoniles y le recriminó su proceder. Discutieron durante veinte minutos y al final se alejaron juntos cogidos de la mano.
Como aborrecía a su padre con todas sus fuerzas, Jesús pasaba la mayor parte del tiempo fuera del hogar predicando sobre el amor; el amor entre los progenitores y sus vástagos, el amor entre un hombre y una mujer, el amor entre un casero y su arrendatario o el amor entre un camello y su cuidador. Con el tiempo sus sermones llegaron a ser multitudinarios, por lo cual tuvo que contratar a un acomodador que se hacía llamar Simón, aunque su verdadero nombre era צמח מדברי (florecilla del desierto) y entre ambos, con el tiempo, surgió algo más que una buena amistad. Es más, según William Perry, Simón estaba enamorado de Dacio, el pescadero, aunque éste quería a Cipriano que se acostaba con Casimiro y con Donato, por eso decidió cambiar su vida y fugarse con Jesús. Según su teoría, la fuga no tuvo éxito porque a Simón le daba vergüenza la forma de andar de Jesús y decidió que lo mejor era que se quedaran en Galilea, donde ya nadie se escandalizaba de nada, y seguir con sus respectivos quehaceres diarios.
Por aquellos tiempos, el vulgo era catorce veces más estúpido que ahora y se creía cualquier cosa, por eso a Jesús no le costó demasiado preparar unos cuantos milagros que elevaron su leyenda hasta cotas vergonzosas e increíbles.
Relación de milagros del mes de junio del año 29:
Día 4: Convierte una piedra en una víbora con tan mala suerte que ésta le muerde en un pie y debe ser sanado de urgencia.
Día 15: Resucita a un buey muerto. Hasta el momento se desconocen los motivos, aunque según Alfred Allen Smith, la razón pudo ser de carácter zoofílico.
Día 22: Transforma un pan de centeno en otro pan de centeno diferente ante la mirada atónita de treinta y cuatro fieles seguidores y un número indeterminado de moscas. Después del milagro, se prepara un bocadillo y se lo come. Las moscas se alejan defraudadas.
Día 28: Cura de herpes a Cosme, el felador enmascarado y éste en recompensa le demuestra sus innatas facultades.
No voy a seguir contándote la vida y obra de semejante personaje porque me duele un costado y necesito ir urgentemente al baño, pero te prometo que cualquier día de estos acabo la historia. Tú me conoces y sabes que mis promesas son sagradas, así que deberás armarte de paciencia o tomarte un valium. Lo que decidas en su momento.
Un abrazo.
Nota: Cualquier semejanza de los hechos y personajes de este texto con personajes históricos es pura coincidencia.
