Email del 1 de octubre 2012

Chris Peters, Live the shame behind. 2007

Hola:

Ha llegado el principio del mal tiempo. Como sucede con todos los octubres, los días comienzan a refrescar y mis plantas necesitan menos agua y cuidados en general. Uno de los ficus ha decidido perder un montón de hojas para demostrarme que sigue vivo y tan excéntrico como siempre y la pasiflora continúa regalándome colores por medio de sus flores de aspecto extraterrestre. Sin embargo, y aunque el jardín aparentemente se encuentre satisfecho y a la expectativa de su inminente hibernación, yo no logro hacerme a la idea de que nos esperan cerca de cinco o seis meses de frío y escasez lumínica. Algunos de mis amigos, o de los que aún me quedan, están convencidos de que este tiempo es perfecto para la lectura y la meditación. Como yo leo durante todo el año y medito varias veces al día, sus opiniones no me sirven de mucho. Estoy pensando seriamente en quedarme totalmente paralizado hasta abril. De esa forma no tendría que pensar, hablar, caminar, defecar o follar, ni siquiera podría firmar cheques sin fondos y mis gastos en cuanto a manutención serian nulos. El problema es que hay unas cuantas posibilidades reales de que muriera en el intento, y la muerte no está bien vista entre los vivos. Vamos a suponer que fallezco y que descubren mi cadáver en primavera; bueno… digo «mi cuerpo» cuando debería decir un montón de insectos henchidos y sobrealimentados retozando alegres por lo que en otro tiempo fue mi hogar: la fauna cadavérica. Cada uno de esos simpáticos bichitos serían una parte de mí, y como tales deberían ser tratados, tanto por el forense como por mi familia y seres queridos. Mis mejores amigos se repartirían los dípteros que aún sobrevivieran y parte de los lepidópteros, y mi familia los coleópteros del género Dermestes. Los restos de mi carne, licuefactada y descompuesta, deberían ser depositados, o mejor, esparcidos en el despacho del director de mi sucursal de Bankia.

Me imagino que estarás pensando que hoy me he levantado demasiado fúnebre, pero te equivocas, pues en lo que realmente deberías pensar es en la subida de precio del brócoli, casi un 32 % en menos de tres meses. Pero a estas alturas de nuestras vidas, no voy a ser yo quien te diga en qué debes o no pensar. Hay gente que tiene como mascotas serpientes, cerdos o incluso búfalos. ¿Por qué no se puede domesticar y cuidar a alguno de esos insectos de los que te hablaba antes? Sobre todo si en esos instantes son mitad insectos y mitad parte de lo que yo alguna vez llegué a ser. Imagínate los momentos de calidez que experimentarías al lado de unos pocos cientos de Aglossa pinguinalis, que son unas mariposillas encantadoras que revolotean de un lado para otro como si el paso del tiempo no fuera con ellas. Incluso podrías hacer un cronotanatodiagnóstico bastante acertado sobre la hora y la causa de mi deceso. Piensa, amiga mía, que el saber no ocupa lugar, y que lo mejor que nos puede suceder, me refiero a los homo sapiens, es envejecer aprendiendo. Y esto es algo que nunca me he cansado de repetir. Hay cierto tipo de gente que prefiere hacerse mayor con una jeringuilla en el brazo, otros con una botella en la boca y unos pocos, entre los que estarías tú, razonando los cómos, cuántos y porqués. ¿Qué mejor regalo de despedida podría hacerte? Claro que si tienes fobia a los lepidópteros, siempre podrías convencer a mis padres para que te los cambiaran por un kilo o dos de Dermestes maculatus, pequeños gorgojos de color oscuro o apagado que cuando son adultos pueden llegar a volar y así, darle un toque vivaz a tu apartamento.

Creo que estoy divagando. Hay algunas posibilidades de que no muriera hibernado, y despertara del sopor inducido por la auto-parálisis simplemente más delgado y con cierta resistencia adquirida para soportar mejor la falsa muerte que se sufre cuando estás vivo y todo lo que te rodea sólo te causa aburrimiento y desazón. No, definitivamente no me he despertado más funesto que otros días, simplemente, y tú me conoces, digo las cosas tal y como las veo. Detesto disfrazar lo que no me gusta o lo que no sirve para nada. Algunos lo hacen y le sacan cierto provecho. Yo no sirvo para eso. Las mentiras, aunque realmente tengan algún motivo, no son más que roturas indefinidas de la percepción. Y para que una de éstas tenga algún sentido, siempre tienes que acompañarlas de otras superiores, hasta que llega un momento en que todo se ha transformado en irrealidad y ficción. Es entonces cuando la realidad explota y convierte a sus autores en simples parásitos de su propia simplicidad y ofuscación. Mentir, y sobre todo, mentirse a uno mismo, es el acto más ruin que un humano puede cometer. Mentir es una adicción de la que es casi imposible recuperarse. No existen fármacos que alivien ese dolor. El mentiroso, una vez enganchado, nunca podrá llegar a sentirse libre; jamás volverá a experimentar los subidones que proporcionaban la verdad y estará irremediablemente perdido en el eterno vaivén de las circunstancias sociales hasta que llegue el momento en que se libere de ellas colgándose de una viga por el cuello.

Un besazo