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| Sue Coe, Monkey 2006 |
Hola:
Mi cerebro tiene 34 actualizaciones importantes disponibles pero me niego rotundamente a que sean instaladas, ya no necesito tenerlo al día pues he decidido volverme idiota, que es el único estado en que realmente se saca provecho a la felicidad, ya sea natural o inducida químicamente. Ayer gasté la totalidad de mi tiempo cambiando las macetas de los Selenicereus de sitio; intenté alojarlos en varias posiciones: a pleno sol, semisombra y sombra completa, pero al final los volví a dejar en el lugar que ocupaban originalmente en el balcón. ¡12 horas de indecisiones que no sirvieron para mucho! Pero no perdidas por completo, pues aunque nunca encontraba la posición que en ese momento creía que sería la correcta, por lo menos demostré que la indecisión es un arte y que, hoy por hoy y pese a quien pese, yo soy un artista con un talento especial en la compleja y denostada disciplina irresolutiva.
Hoy es un día especial, lo presiento. Estoy decidido a batir mi propio record abúlico con unas cuantas dosis de desgana e indiferencia. ¿De qué sirve justificar el día si la noche va a poner fin a los hechos? Y más sabiendo que esos mismos hechos no son más que un accidente circunstancial, una coyuntura errónea que se desintegra bajo los mismos fundamentos sobre los que fue creada. No pienso seguir con este dichoso juego, en el que algunos dictan las normas y otros las cumplen a rajatabla. Soy un superviviente, y como tal merezco cierto respeto. Ya no necesito comportarme humanamente, básicamente porque soy un mono. Podrías echarme cacahuetes y quizá me dejaría acariciar el cogote, pero mientras trato de espulgarme puedo percibir el continuo movimiento del firmamento. Mientras lo percibo, las cuatro formas fundamentales de interacción de la materia siguen un curso establecido y la energía oscura se empeña en acelerar la expansión de ese Universo que prepara una nueva extinción.
¡Cómo me gustaría viajar a Alpha Centauro! O a Sirio, Altair, Capella o Fomalhaut. No importa la estrella, pero sí la lejanía de todo lo que implique socialización y comportamientos democráticos. Yo no he sido engendrado para asentir con la cabeza, ni siquiera para devolver sonrisas adulteradas. Mi concepción, igual que la tuya o la de cualquier otro paria de la tierra no fue más que un accidente de la evolución biológica, un suceso que está resultando demasiado costoso para el resto de especies que tratan de cohabitar en armonía. Puede que mi asqueamiento como individuo perteneciente a una mal llamada raza superior te empiece a pasar factura. Sé que me repito, pero no puedo dejar de hacerlo. Una fuerza inusitada me obliga a replantearme algunas preguntas para las que no estoy capacitado a encontrar respuestas. Lo único de lo que estoy seguro es de que estoy tocando fondo, tú estás tocando el fondo, todos estamos inmersos en una vorágine involutiva que se desarrolla demasiado lentamente; un pozo de mierda cuyo fondo se percibe, pero contra el cual nunca nos estrellamos. Es como si una microatmósfera, caótica y desproporcionada, nos impidiera desmembrarnos por el impacto de la caída. Pero mientras este continuo deslizamiento, inútil y sin perspectiva, cuya verdadera finalidad es demostrarnos que no somos imprescindibles se alarga a cámara lenta, los desechos putrefactos de la sustancia con la que fabricamos el futuro terminará irremediablemente con cualquier vestigio de vida sobre la Tierra.
Un abrazo.
