Email del 5 de mayo 2013

Antonio di Puccio Pisano Pisanello. Fresken in Sant’ Anastasia in Verona (1436)

Hola:

Hace unos días compuse un micro-relato de 50 palabras para una web que se llama de la misma forma. Escribir algo con esa restricción de vocablos no es nada fácil. Al releerlo una vez publicado, he sentido que debía ampliarlo un poco más, pero no demasiado para que no pierda el formato breve y reducido para el que fue pensado. El resultado, mediocre o vomitivo, es el siguiente:

El protocolo establecido dejaba claro que nadie podía reír. Fue parte del precio que pagó por instalarse en aquel lugar. Mientras contemplaba la calle a través de la ventana, M no podía dejar de preguntarse si había sido una buena idea abandonar el aburrimiento de su anterior hogar y el vacio incondicional de su vida pasada. Tras varias horas de contemplación y preguntas sin respuesta, el vidrio frio y transparente comenzó a empañarse. Era el momento de tomar una decisión que acabara para siempre con las dudas y la incertidumbre que planeaba sobre su cabeza.


Y la decisión, compuesta de osadía y seguridad a partes iguales, llegó cuando, lentamente, como si de una oración muda se tratara, rodeó su cuello con una cuerda desvencijada y de aspecto poco resistente, la pasó sobre una de las vigas de madera que adornaban la estancia y la ató de una manera demente, repleta de nudos dementes y se deslizó al vacío demente desde una silla de mimbre.


Mientras su cuerpo se balanceaba como un péndulo y sus esfinteres recobraban la libertad, se escuchó un ruido seco y confuso que envolvió de inquietud a la porción de vida que todavía resistía en el interior de su cuerpo. Una frase lejana convertida en pregunta retumbó como un estruendo indefinido. Y la pregunta, manchada de fragmentos del pasado creció como el sonido de un tambor lejano multiplicado por el viento.


– ¿Por qué intentas escabullirte?

Saludos (sin soga)