Email del 12 de mayo 2013

Glenn Brown. The Hinterland (2006)

Hola:

Deberían embotellarme. ¿Te imaginas? Zumo de Gregory Pez sin azúcares añadidos. Pero, ¿quién se iba a atrever a exprimirme? ¿En qué licuadora descomunal iban a convertir mi carne y mis huesos en pulpa esponjosa? Quiero trocar mi masa en fluido incomprensible. Ya no quiero continuar existiendo con las partículas juntas y perfectamente estructuradas. Necesito sufrir una metamorfosis, pero sin cambiar de volumen y con el mismo número de células, aunque no me importaría demasiado que estas cambiaran bioquímicamente. Lo que me preocupa es el estado de mi hígado. Nunca ha sido el mismo desde que, a la edad de 7 años, alguien me dijo que todas las folclóricas eran lesbianas. Si me transformo, ¿crees que mi hígado sintetizaría las encimas de una manera correcta o lógica? Me disgustaría tanto convertirme en un guiñapo morfogénico, trasojado y obtuso, palingenésicamente hablando.

Soy un Todo distinto de la suma de las partes que lo componen. Algunas de ellas, son detestables y se formaron en el vientre de mi madre, y la mayor parte son adquiridas o incluso robadas, pero todas intensifican una cualidad: la extravagancia. Nunca llegarás a asimilar cuanto amo ese vocablo, pero estoy completamente convencido de que escrito con s, en lugar de con x, ganaría en personalidad fonética y su yum yum yum conceptual relativo, influiría indudablemente en la personalidad de los ineptos circunstanciales que, lejos de sentirse ofuscados al pronunciar una consonante obstruyente, que por narices antecede a una vocal, disfrutarían de una vida plena y realizada vocalizando y escribiendo la vigésima segunda letra de nuestro alfabeto castellano, quizá la más sexy y seductora de todas las que representan gráficamente los fonemas del lenguaje.

Ahora te tengo que dejar. Mi tafanario está dolido por estar sentado garabateándote ideas subversivas que nadie, ni siquiera tú, comprenderá. ¡Qué forma más estúpida de gastar el tiempo! En lugar de tocar el pífano, aquí me tienes, intentando manumitir mi obsolescencia teórica, en un vano intento de sentirme complacido. Pero ni siquiera la masturbación cerebral puede alejarme de ese estado semicomatoso en el que me mantengo desde que cierto espermatozoide paterno fecundó un ovulo parapléjico y acobardado. ¡Cómo me gustaría ser un batracio!

Besos