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| Fred Tomaselli. Night music for raptors (2011) |
Amiga mía:
En mi cuerpo habitan dos endoparásitos. Uno se llama «No sé a dónde dirigirme», el otro, «Conozco todos los lugares». Ambos son completamente disímiles pero cohabitan en una perfecta simbiogénesis, desarrollando un complejo mimetismo molecular. El primero es el más sabio y el menos mutualista; el segundo depreda mis circunstancias y las transforma en vejaciones. Mi cerebro tiene que enfrentarse continuamente a las exigencias disformes y horrísonas de uno y otro y, para ello, se ha acostumbrado a obliterar por completo cada una de las diferentes emociones y sus pequeñas y flexibles variantes.
Mientras me asesinan con desprecio, puedo percibir el efecto purificador, liberador y relajante que proporciona advertir el final cercano. Mientras inoculan sus vírgulas tóxicas, un estado extraordinario de perfección espiritual insacula confusión en mis venas. Entonces dejo de ser palpable, concreto o perceptible y me convierto en un quidam irreal, abstracto, infame y depravado que disfruta de la escansión justificadora de sus monstruosas revelaciones.
Besos
