Email del 17 de agosto 2013

Anjalé Perrault 

Amiga mía:

Lo primero que hago todas las mañanas nada más levantarme es visitar a las plantas que viven en mi balcón y cambiar algunas impresiones con ellas. Generalmente, a esas horas de la madrugada -pues no olvides que me levanto a las seis- todas tienen bastante buen humor, excepto un Kalanchoe viejo y resabido, con aspecto de rama banzai atorada, que resopla como un cachalote cada vez que yo expreso una idea lógica o trascendental. Aunque no suelo hacerle demasiado caso, te confieso que a veces he estado a punto de rociarlo con gasolina y hacer una pequeña pira de fuego con él. Pero no sería justo para su amante, un Cotyledon joven y lustroso que desde que lo adquirí conserva un talante abierto, cordial y muy receptivo. ¡A veces el amor puede ser bastante psicótico! ¿O es sólo sexo interespecie? La verdad, no me preocupa en absoluto. Todas mis plantas tienen carta verde para hacer lo que les apetezca en cada momento, sin tener que responder a una razón absoluta determinada. No olvidemos que cada uno de nosotros, humanos o vegetales, no existíamos en un principio, y ahora que sabemos qué significa el término «establecerse», siempre nos quedamos donde estamos, porque nos aterran los cambios. Y siguiendo ese razonamiento imperfecto, yo sería un badulaque de primera categoría si no supiera distinguir dónde empiezan y terminan mis obligaciones para/con cada uno de mis vegetales orgánicos.

Otra cosa sería que éstos seres fotosintéticos y enormemente complejos desgastaran mi tiempo o tuvieran la capacidad para hacerme más infeliz de lo que ahora soy. Entonces, y de eso estoy completamente seguro, sustituiría la pasión por la obsesión y la ebriedad por la enfermedad. Es decir, volvería a cerrar el círculo regresando a mi forma congenial. Y eso, nunca va a suceder.

Hace un montón de años, mientras trataba de convencer a un par de insectos de los beneficios de la dieta carnívora en lugar de la herbívora, pues estaban comiéndose literalmente todas mis plantas, vi una luz copulando con otra en el cielo. Quizá te preguntes: ¿Y qué? Y tienes toda la razón.  ¿Y qué?

Un saludo