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| Hans Memling. St. John and Veronica Diptych (reverse of the right wing) (1483) |
Hola:
La presencia ocasional de una idea despierta parte de la energia que se esconde parapetada en alguna parte de mi cerebro. Puedo sentir sus movimientos, pero soy incapaz de sacarle cualquier partido. Mientras decido si soy lo suficientemente inteligente para imponerme al deseo que me fuerza a reverenciar la melancolía como única opción de supervivencia, mis músculos agarrotados se hacen viejos y con ellos, el sentimiento perturbador que implica tener que justificar los actos. He visto demasiadas cosas. Algunas todavía no las he podido racionalizar con la frialdad deseable, pero de alguna forma, tengo claro que sólo son necesarios los recuerdos que demuestran que la equivocación y la incompetencia son grandes y necesarias virtudes. A ellos dedico mis días y mis noches.
Según el principio que rige cada uno de nuestros momentos, es decir, el espacio y el tiempo singularizados subjetivamente, la naturaleza muerta en forma de palíndromo extrasemiótico que vive y respira en mi interior debería resignarse por completo y cumplir a la perfección el rol establecido, pero mi capacidad de aceptación de las adversidades como principio básico e inalterable de la existencia me está empezando a pasar factura. No soy mi propio enemigo, pero tampoco puedo sentir empatía por el individuo que se refleja en el espejo. Quizá… no sé. Es posible. Lo ignoro. No me interesa.
Un beso
