Email del 17 de mayo 2016

Pietro Longhi. Fall of the giants (1734)

Amiga:

El fracaso es siempre el resultado de una o varias adversidades concretas. Por lo menos yo no conozco a nadie que haya fracasado abstractamente, aunque supongo que con la cantidad de cenutrios y tipos raros que pululan por el planeta, quizá no debería ser tan taxativo. Es cierto que cometemos multitud de errores cada día, pero también es evidente que nos negamos a aprender las enseñanzas que nos brinda cada fracaso, contentándonos con asumir el importe como «algo que tiene que suceder» o echándole la culpa a terceros. Tengo un amigo que lleva una cuenta exhaustiva de cada fracaso. La última vez que hablé con él me dijo que ya iba por los 23.298.339´5. Cuando le pregunté por ese «y medio» me respondió que una vez no pudo llegar a fracasar completamente porque le dio un infarto intestinal mesentérico y lo tuvieron que ingresar de urgencias. Cuando le dieron el alta, intentó terminar por completo con el fracaso pero le fue imposible proseguir desde el punto en que lo había dejado.

La felicidad no existe. La perfección es una quimera, tal vez un delirio. La paz sólo existe para el cenobita más obstinado y que, por supuesto, padezca de hipoacusia total. Convivir con humanos es una forma de perder el tiempo, la libertad individual y el respeto hacia uno mismo. Por esa razón yo comparto mi vida con tres caracoles. Anteriormente la compartí, durante bastantes años, con mis demonios interiores, pero éstos se largaron cuando vieron que yo era disfuncional para con sus anhelos y pretensiones. Los gasterópodos no hablan, no te llevan la contraria, no se ponen a llorar cuando te olvidas un día de decirles lo guapetones que están, no corren a comprar modelitos y se deprimen cuando llegan a casa y desempaquetan las compras. En resumidas cuentas: los caracoles son el futuro de la supervivencia del planeta Tierra. Encima comen de todo y se pasan la mayor parte del tiempo dentro de sus espirales pensando en sus cosas.

Fracasar implica tener que darse explicaciones a uno mismo. Puede que eso no sea demasiado duro para alguien que está acostumbrado a hablar con su reflejo, pero, ¿y para los individuos disfémicos? ¿O para los afásicos, disfónicos, disliálicos, glosolalíacos, ecoliálicos, disartríacos, aprosódicos, anartriacos o anomíacos? Incluso los vampiros, que no se reflejan en los espejos podrían tener serios problemas. Lo mejor que se puede hacer para no fracasar es no intentar. Si no se tiene un propósito, dificilmente se llega al despropósito. Otra manera de mitigar los fracasos, aunque mucho más salvaje, es estar muerto. Los muertos jamás fracasan, de ahí que haya tantos en los cementerios.

Ahora debo dejarte. Dentro de unos minutos va a llegar el forense y aún tengo que bajar a comprar unas pastitas. Supongo que volveré a ponerme en contacto contigo mañana. Narrarte mis penas cada día consigue que evacue mejor sin tener que acudir a laxantes.

Un beso