Email del 18 de enero 2018

Vasiliy Ryabchenko. The triad (1989)

Querida:

Tú padeces, o mejor sería decir, disfrutas, de tu furor uterino con alegría e insensatez; yo, sin embargo, no siento ese sentimiento (me refiero a la alegría, no al furor uterino) desde hace varias décadas. ¡Ni siquiera tragando grandes dosis de carbonato de litio! Por eso soy el despotricador anhedónico y no el inspirador armónico. Tampoco el esmerador mutagénico o el estrujador histriónico. Y ya que mi psiquiatra no se atreve a practicarme una lobotomía transorbital, ni siquiera chantajeándolo con hacer público su disformismo sexual, he decidido salir a la calle por primera vez en ocho meses y… ¡Ese es el problema, querida! No sé qué hacer en la calle. Se me ocurre que podría callejear, pero entonces me sentiría un ser prostituido. ¡Todo el mundo callejea! Algunos incluso callejean cereando. No intentes buscar el falso verbo «cerear» porque no existe. Por eso te escribo. Necesito que me indiques qué puede hacer un tipo con trastorno tripolar como yo. Sí, ya sé que yo siempre quiero ser más, pero mi tripolaridad es verdadera. Yo la descubrí. La verdad es que fue por casualidad. Me encontraba pensando una manera factible de quitarme los calcetines sin usar las manos, cuando una voz perfectamente modulada, que en un principio creí que provenía de alguna parte de ninguna parte, pero que al final deduje que venía de la parte trasera de la parte delantera del cuartito que utilizo para planchar la ropa, me ordenó que fuera un paso por delante. Cuando me adelanté un paso, la voz se transformó en una gran mano que me sacudió un cachete en la nuca y luego volvió a convertirse en voz. Y la voz se atrevió a vomitarme que yo era el tipo más imbécil que había conocido en toda su existencia vocalizadora y que no tenía remedio. Cuando me arrodillé y le rendí pleitesía, la voz, gruñendo como un cerdo cojo, manco y ciego, se puso a entonar El Tiroliro con acento descuidado y yo me desmayé. Cuando recobré la conciencia supe que era tripolar. Entonces me puse a triscar y a trincar. Y cuando terminé de triscar y trincar, llamé por teléfono al «Club las tritonas tristonas» y solicité con urgencia dos señoritas poco triponas para intentar mi primer trío. Y mientras esperaba medité sobre las triadas y los tripletes, pero también sobre los triunfos, las tribulaciones y los trimestres. Y cuando terminé de imaginar, me dirigí a la cocina y me comí una pera trizada. Podía haberme zampado un espárrago triguero triturado, pero no quería resultar un ser trillado.

Necesita ayuda urgentemente:

Trig López