Email del 1 de febrero 2018

Felix Vallotton. At the market (1895)

Amiga:

Mañana será viernes y supongo que como todos los viernes me daré una vuelta por el mercadito. Aunque lo que más me gustaría, sobre todo por llevar la contraria al orden correcto de las cosas y los acontecimientos, sería que el mercadito me diera una vuelta a mi. Y de paso, me piropeara. Después del paseíto me dirigiré a mi cafetería preferida a tomarme un té verde y luego a una de las mejores teterías que hay en Benimaclet a beberme una Coca-cola. Pero no quería contarte lo que haré mañana porque no creo en el futuro y, por supuesto, muchísimo menos en el pasado, aunque hace aproximadamente dos o tres horas me he arrancado el alma y la he arrojado con cierto placer sobre la mesa. Allí debe seguir todavía, salvo que le hayan crecido patas. Y ya que he tocado el mañana y el ayer, voy a armarme de valor para demostrarte mi hoy. Y mi hoy es extraño, y si no te lo crees sigue leyendo:

Ñaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Ñaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Ñaaaa Ñaaaa Ñaaaa Ñaaaa. Ñaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa Ñaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa Ñaaaa Ñaaaa Ñaaaa Ñaaaa.

Me apetecía ñañear, ¿pasa algo? Es más, esos terribles y despiadados ñañeos son mi único Aquí y ahora. Podría continuar con el presente y dirigirme a cualquier ventana, abrirla, sacar la cabeza y roznar. Roznar y roznar hasta quedarme afónico. Pero tengo miedo de que algunas, o quizá todas las pretendidas personas que caminan por la calle con aire tan distinguido suban a mi casa creyéndose parte de mi recua. Por esa razón ñañeo. Y dicen los que saben algo sobre el arte de ñañear que soy un maestro. Aunque también soy capaz de recalentarme progresivamente. Y ya que estoy con mis «soy», seguiré con la letanía: soy proaborto, proeutanasia, proindependentista, prorrevolucionario, proateo, progimnasia abdominal hipopresiva y varios muchos otros «Pro». Según las normas con que nos alimenta esta sociedad involucionista, debo ser un tipo peligroso al que hay que controlar, amedrentar y amaestrar. Podría llegar a dar la patita o incluso dejar que me acaricien detrás de las orejas, pero no creo que llegue el día en que me deje encerrar en las perreras sociales.

Y para finalizar de una manera apoteósica este email voy a hacer un cunnilingus a un peluche que representa a Burbuja, la más inocente de las Supernenas. Y espero acertar porque hace un par de semanas con las prisas y sin las gafas se lo hice al peluche de Doraemon. No te puedes imaginar cómo me sentí después.

Greg