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| Pavel Filonov. People (1930) |
Amiga:
Escondido en la oscuridad, como un órgano planctónico, contemplo a todos los que se sienten especiales por el mero hecho de ser hijos de tipos y tipas que se sentían especiales por proceder de unos padres que, en alguna ocasión, decidieron ser especiales para distinguirse del resto de tipos y tipas que querían seguir siendo lo que eran, es decir, tipos y tipas que intentaban tragar toda la mierda sin hacerse notar y distanciándose por encima de todo de esos tipos y tipas que se creían tan especiales. A veces asomo la cabeza por un agujero donde crece la luz y contemplo la representación de esos tipos y tipas que se creen tan especiales. Nunca aplaudo porque soy consciente de que esos tipos y tipas que se creen tan especiales necesitan los vítores y aplausos de los que tragamos toda la mierda sin hacernos notar, para seguir tratando de sentirse tipos y tipas tan especiales. La pregunta es, ¿hasta cuándo voy a permitir que esos tipos y tipas que se creen muy especiales sigan creyendo que son tipos y tipas tan especiales? ¡Me gustaría tanto verlos estallar! Y contemplar cómo cada uno de esos jirones de carne muy especial se estrella contra las paredes de sus palacios tan especiales. Y cómo sus mascotas especiales devoran las mejores partes de sus anatomías tan especiales esparcidas por la totalidad de cubículos muy especiales. ¡Todo parece especial cuando se es un cobarde! Incluso las motas de polvo y los finos hilos que vuelan transportados por el viento. El viento no es tan especial. Las nubes no son muy especiales. El día, la noche. Las horas y los minutos. Las huellas. Las huellas delatoras que permiten conocer la procedencia y el destino. Los destellos. Los reflujos. El retroceso. La cesión. El ascenso. Las visiones. La inopia y las malditas promesas. Las circunstancias. ¡El ylem!
Los dedos de mis manos ya no son capaces de dibujar posturas. Ahora las posturas las concibo con los pensamientos. Y no todos son buenos o se originan mediante racimos de positividad o complacencia. Algunos fueron forjados en lo más hondo de la puta y jodida miseria. Y el infortunio los vistió con harapos, piltrafas y jirones. ¡Oh, Ziusudra, salvaste a la especie equivocada! Los dados dodecaédricos ya no me dan una respuesta que pueda acabar con el resto de respuestas. Miro mi reflejo sobre la sangre en el suelo y comprendo que todo lo que vemos sigue un curso establecido. Y mientras intento tragar un poco de saliva, esa trayectoria constituida trata de legitimar el destino de esos tipos y tipas que se sienten tan especiales por el mero hecho de ser hijos de tipos y tipas que se sentían muy especiales por proceder de unos padres que, en alguna ocasión decidieron ser demasiado especiales para distinguirse del resto de tipos y tipas que prefieren seguir tragando la mierda -propia y ajena- sin hacerse notar y distanciándose por encima de todo de esos tipos y tipas que se creen especiales, aunque no son especiales. La mierda sí que es especial. Tan especial. Y los que se la comen también son muy especiales. Personalmente trato de masticarla lentamente, como si de alguna manera supiese que es la última mierda que voy a poder tragar antes de la total oscuridad. La verdadera, no la que hace que me sienta como un órgano planctónico, contemplando a todos los que se sienten especiales por el mero hecho de ser hijos de tipos y tipas que se sentían especiales por proceder de unos padres que, en alguna ocasión, decidieron ser especiales para distinguirse del resto de tipos y tipas que querían seguir siendo lo que eran, es decir, tipos y tipas que intentaban tragar toda la mierda sin hacerse notar y distanciándose por encima de todo de esos tipos y tipas que se creían tan especiales.
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