agosto 2018

Email del 15 de agosto 2018

Franz Marc. Young boy with a lamb (1911)

Amiga:

He encontrado una posible explicación provisional a cierto suceso aparentemente inexplicable que me sucedió ayer. Pero antes de explicarte en qué consistió dicho suceso, he de determinar si todavía eres la persona de confianza que has demostrado ser siempre. Dame cinco minutos mientras lo determino.

Ya lo he determinado. Y me han sobrado 16 segundos. Eres la persona de confianza de siempre. Felicidades. Ahora, antes de esclarecer el suceso inexplicable que me sucedió ayer, oremos por todos los individuos que nunca podrán ser partícipes de la explicación que en breves instantes escucharás:

Oh, Padre creador de todo lo que conocemos, de lo que no conocemos, y de lo que conocemos pero nos gustaría olvidar, bendice este suceso inexplicable y protégenos, tanto a la persona que va a escuchar en breves momentos mi explicación provisional como a mí, de todos los infortunios proyectados por todos aquellos que nunca fueron llamados a la cena de las bodas del Cordero.

Después de tan reconfortante oración, me siento henchido de gozo y con la fuerza suficiente para esclarecer el suceso aparentemente inexplicable que me sucedió ayer (¿o fue antes de ayer?). ¡Pero no te lo voy a narrar! Acabo de tomar esa decisión. A veces tomo determinaciones francamente  incomprensibles, pero te aseguro que no soy un tipo caprichoso. He decidido no contarte mi explicación provisional a la experiencia inexplicable que padecí ayer o antes de ayer, porque prefiero llegar a una explicación definitiva. A mi edad, ya no sirve para nada experimentar demasiado con lo transitorio o circunstancial. Sé que estarás completamente de acuerdo con mi decisión ya que conozco el verdadero afecto que sientes por todo lo que hago. Quizá algún día pueda ser capaz de llegar a una o varias conclusiones. Entonces, cuando ese instante se transforme en realidad firme, te aseguro que tú serás la elegida para escuchar mi explicación indiscutible, concluyente y, por qué no, absolutamente decisiva.

Gregorio de Osborne y González Byass.

Email del 15 de agosto 2018 Leer más »

Email del 13 de agosto 2018

Henri Matisse. La danse (1909)

Querida:

En ocasiones detengo el tiempo. Sobre todo cuando comprendo que he llegado a un punto en que nada me importa lo suficiente. Sin la dilatación entrópica perfectamente estructurada que proporciona dicha magnitud física, los acontecimientos flotan ante mí como un tapón de corcho. Entonces me siento libre de trasladarlos a posiciones que nunca, ni en mil millones de años, llegarían a ocupar de forma natural. ¿Qué se debe hacer cuando uno se da cuenta de que se comporta como una omnipotencia dentro de su propia conciencia? ¿Dibujar una sonrisa muda y creer que todo, de alguna extraña manera, está relacionado? Es una forma sencilla de salir del atolladero, pero yo creo, es decir, si me lo permitieran… ¿Alguien sabe…? Deberíamos ser conscientes de que cada una de las líneas toscamente trazadas que cruzan cada una de las sagitas… Me gustaría que alguien me cogiese la mano, pero no de esa forma emocional que implica amor o afecto. Me gustaría que alguien, otro alguien diferente, acercara sus labios suculentos y pulposos a los míos y los mordiera con fuerza. Me encantan los garabatos que forman las gotas de sangre cuando se fusionan. Me encantan los garabatos. Me encantan. Me. ¿Yo? Me encantan los garabatos. Me encantan los garabatos que forman las gotas de sangre cuando se fusionan. Me gustaría que alguien, otro alguien diferente, acercara sus labios suculentos y pulposos a los míos y los mordiera con fuerza. Me gustaría que alguien me cogiese la mano, pero no de esa forma emocional que implica amor o afecto. Me. ¿Yo? Deberíamos ser conscientes de que cada una de las líneas toscamente trazadas que cruzan cada una de las sagitas… ¿Alguien sabe…? En ocasiones detengo el tiempo.

G

Email del 13 de agosto 2018 Leer más »

Email del 12 de agosto 2018

Kay Sage. The answer is No (1958)

Para dar una respuesta a lo escrito anteriormente, antes tendría que haber escrito algo anteriormente. C’est la vie. Sin embargo, voy a tratar de responderme a mí mismo en algunas cuestiones que en estos instantes rondan por mi cabeza.

Primera cuestión. Respuesta: No.
Segunda cuestión. Respuesta: No.
Tercera cuestión. Respuesta: Hum, no sé. Seguramente, no.

Tú me conoces, eres mi amiga (y de otros cientos de tipejos y tipejas más) y sabes que soy un tipo que suele contestar de una manera escueta a cualquier tipo de pregunta, ya sea intelectual, emocional o asnal. De todas formas, más abajo intentaré llegar a algunas conclusiones. Pero será tan abajo, tan abajo, que incluso tú tendrás problemas para poder leerlas. Me encantan los abajos realmente bajos. Por esa razón, nadie ha podido leer nunca un abajo escrito por mí. Y quiero que esa norma se cumpla hasta mi muerte o hasta que mi corazón deje de latir, lo que suceda primero. Así que tendrás que aguantarte leyendo estos irrisorios «en medios».

Greg

Email del 12 de agosto 2018 Leer más »

Email del 11 de agosto 2018

Blek le Rat. Resist (2004)

Hola:

Sabemos que el universo se expande un 10 por 100 cada mil millones de años, sin embargo desconocemos la combinación de números del próximo sorteo de la Primitiva. Recordarás que hace algunos años, un tipo se hizo famoso por asegurar que era capaz de ver esos guarismos con la ayuda de un boroscopio mágico de su invención, con el cual podía desplazarse sobre la región compacta perteneciente a un agujero de gusano, pero que no lo hacía porque le interesaba seguir siendo tan asquerosamente pobre como un roedor de arbellón. ¡Salió en todos los jodidos periódicos! Pues bien, ese tipo era yo con peluca y barba postiza. También me puse un pene falso super size, aunque por supuesto, no salió en ninguna foto, pero yo me sentí John Holmes II por unos minutos. Desde ese día han pasado por delante de mí demasiados incidentes decadentes, accidentes contundentes y prostitutas de alto standing, quizá por esa razón estoy en condiciones de asegurarte que tanto unos como otras, es decir, sucesos y meretrices, no han trastocado un ápice mis ideas sobre la resistencia existencial. ¡Existo porque resisto! Aunque no te puedes llegar a imaginar lo mucho que me cuesta resistir para poder existir. Quizá por esa razón estoy a punto de volver a interpretar el mismo papel de entonces, así podré volver a salir en los periódicos y en el canal comunitario de televisión con la patraña del túnel y el puente de Einstein-Rosen y sacar unas pocas pelas más para poder seguir existiendo y resistiendo un par de años más. ¡Sería un crimen no volver a aprovecharse de los cenutrios! Dios, en su infinita misericordia, los puso en derredor nuestro para que pudiéramos succionar hasta sus últimas exhalaciones vitales.

Intentaré seguir manteniéndote informada…

Un morreo trofaláxico de

Greg

PD:
Las órdenes que el sistema nervioso central envía a cada una de las partes de mi cuerpo están siendo investigadas por Asuntos internos cerebrales. Parece ser que la hipófisis recibe un trato de favor del hipotálamo. Quizá por esa razón desde hace un par de días nada funciona como es debido. Te pondré un ejemplo: hace un rato me picaba la nariz y al intentar rascármela con el dedo índice de la mano derecha el picor se ha desplazado automáticamente a la oreja izquierda. Al desviar mi dedo hacia esa oreja el picor se ha situado en la rabadilla y ha permanecido allí durante 15 minutos y medio. Al final, como ha notado que mi dedo pasaba olímpicamente de seguir jugando a ese maldito juego, se ha desvanecido, no sin antes obsequiarme con un pinchazo fortísimo en las lumbares.

Email del 11 de agosto 2018 Leer más »

Email del 6 de agosto 2018

Afiche de Mon oncle (Mi tío). Film del maravilloso Jacques Tati. 

Holaaaaaaaaaaaaaa:

Me han regalado un dispensador, así que mañana me pondré a dispensar por el vecindario. Hace unos pocos meses mi hermano me dio un deshuesador que ya no usaba porque le daba pena tirarlo. Había estado tan encariñado con él en el pasado que me hizo prometer que lo cuidaría como a un hijo. Actualmente mi hijo está tirado en un cajón de la cocina, al lado de otros hijos, sobrinos y primos. No comprendo por qué nadie me regala una Martin D-45 que es lo que verdaderamente deseo. Quizá porque cuesta cerca de 10.000 euros. Sin embargo creo que yo valgo un regalo así e incluso superior, es decir, dos Martin D-45 (o una Gibson J-45 y dos Taylor k14ce). Me siento tan poco querido que a veces creo que soy un jodido «Esmuki-muoki».

El término «Esmuki-muoki» tiene un origen bastante reciente. Fue acuñado en febrero de 1988 por mi tío Braulio cuando un amigo suyo, bastante conocido por ser un bromista casi profesional, le introdujo dos lombrices de 17 y 21 centímetros, respectivamente, por las fosas nasales mientras dormía. Según las memorias de Fermín Cuesta, testigo ocasional del suceso, cuando mi tío se despertó miró en derredor, se incorporó, volvió a mirar en derredor, se tumbó de nuevo y pronuncio esas palabras míticas antes de mirar en derredor por tercera vez y mandar a todos a paseo. Aunque para Vicente Cárcel, que en aquellos momentos intentaba despegarse un chicle marca Cheiw de las suelas de las zapatillas Nike, justo a menos de 5 metros de donde sucedió todo, mi tío Braulio no dijo «Esmuki-muoki», sino «Sracarracarraca ñujil ñujil».

Supongo que esta historia te habrá llegado al Almax.

Greg

Email del 6 de agosto 2018 Leer más »

Email del 5 de agosto 2018

Gene Davis. Split beat (1965)

Querida:

Una de las interpretaciones probables de un visaje es el prurito o la excoriación. Ahora bien, esta afirmación no puede ser tomada demasiado en perspectiva, si el ente emisor de dichas irritaciones no se avía tal y como las disquisiciones higiénicas aconsejan. Tú y yo sabemos que la rebeldía insubordinada constituye el rasgo fundamental de la especie sapiens (del género Homo), que en ocasiones sustenta teorías, conjeturas y especulaciones. ¿Recuerdas todas las malditas especulaciones que la chusma descerebrada propagaba (y sigue propagando) sobre los Fruittis Mochilo, Gazpacho y Pincho? ¿Recuerdas los problemas que atrajo sobre la aldea donde vivían esas maravillosas frutas, legumbres, plantas y frutos secos, el jodido volcán? No puedo quitarme de la cabeza a Kumba, Fresón y Alcachofo. Pero tampoco puedo quitarme de la cabeza la «Regla de la Totalidad». Si todas las líneas de un conjunto piramidal infinita son teoremas, entonces, ¿la distrofia en forma de poliedro que padezco desde hace años en el músculo piramidal es un puto teorema o proposición? No encuentro ninguna coherencia. Pero tampoco soy capaz de demostrar ninguna incongruencia. Es posible que una mínima generalidad sea pertinente, pero el cálculo de las probabilidades arroja demasiadas variables fácilmente evidenciables. Imagina que edifico un pensamiento con forma de esquema Ponzi, es decir, piramidal. Y sigue imaginando: ahora agarro el peluche de Gorilón y lo sitúo en el vértice. ¿Te imaginas lo que sucederá a continuación? Exacto. ¡Absolutamente nada! Porque resulta que me he equivocado y el peluche que tengo no es el de Gorilón, sino el de Monus. Recomencemos de nuevo. Imagina que sitúo el peluche de Monus en el vértice de la pirámide. ¡Olvídate de Ponzi! ¿Qué crees que sucederá a continuación? Pues que entrará corriendo mi sobrina Amparo López y se llevará el muñeco, que para eso es suyo. Entonces yo me quedaré con la cara arrugada y hasta puede que dibuje algún pequeño gesto de cabreo, pero sin pruritos o excoriaciones.

Las mañanas se me hacen eternas. A veces intento cubrirlas con los vestidos de las tardes. Eso ayuda a mi cerebro a creer que pronto llegará la noche. Y con ella ese manto paralelo denominado opacidad irreversible. No es que las noches sean mejores que los días, o por lo menos que las mañanas, pero el silencio lo ilumina todo. Excepto cuando los borrachos y las borrachas entonan juntos viejas canciones sobre amores rotos y esperanzas difuminadas. Hoy todo es exacto a ayer, excepto en que soy 24 horas más viejo. Ayer fue una repetición exacta de anteayer o del resto de días que comprenden cada mes, cada año, cada lustro o década, desde que llegué a la terrible conclusión de que todos los días y todas las noches no son más que una forma de describir un conjunto de sensaciones, reales o no, que nos impiden darnos cuenta de lo que somos. ¿De lo que somos? ¿Qué somos? ¿Qué somos? Somos cualquier cosa que se nos pase por la cabeza en cualquier instante. Y eso ya es suficiente. Aunque desde pequeño siempre me habían explicado que nunca es suficiente. Todo es suficiente. Pero nada también es suficiente. Incluso repletos de insuficiencias, podemos llegar a comprender el alcance de cada una de esas pequeñajas suficiencias que aparecen cuando menos se las espera. Aunque luego, siempre acaban cobrando un impuesto.

Acabo de alargar el cuello y he reparado en que la meta ubicada más adelante no es más que un nuevo principio. Quizá por eso mis sensaciones son muy diferentes a las que me devoraban hace unos pocos minutos. Desde luego, estas nuevas percepciones son tan avasalladoras como las anteriores, pero por lo menos sé que son manufacturadas por mi cerebro con el único propósito de que no me rinda. O quizá para que calle la boca durante unos minutos y deje de quejarme. Pero si callo la boca y dejo de quejarme, significa que no existo. Existir implica berrear. Existir es una forma sutil de informar a la eternidad de que ya estoy hasta los huevos de tanta gilipollez. Podría dejar de existir, pero no sé cómo hacerlo sin provocar demasiado dolor a mis progenitores. ¡Todo es suficiente! ¡Todo es suficiente! Incluso los malditos chantajes emocionales. Me gustaría conocer lo que se esconde dentro de la inexistencia, pero no quiero hacer daño. Por no hacer daño me hago daño a mí mismo. Es curioso cómo funciona todo. Hay que sufrir para que otros no sufran. Hay que dejar de sentir para que los que te rodean puedan sentir a placer. Hay que tragar y tragar para que todo siga como lo dispuso la rueda del tiempo.

A primera vista… O mejor, después de leer el primer párrafo, cualquiera pensaría que soy imbécil. Después de leer el segundo y tercer párrafo cambiaría de opinión y manifestaría que soy un estúpido niñito adulto megalomaniático que, como lo ha tenido todo en esta vida, necesita lloriquear para hacerse escuchar. ¡Menos mal que nadie va a leer el quinto párrafo! Porque nunca me han gustado los quintos párrafos. Ninguno de mis libros o textos tiene quintos párrafos. Todos pasan directamente del cuarto al sexto. Y sin embargo, nadie ha reparado en esto. Son capaces de llegar a conclusiones precipitadas sobre las deficiencias de mi intelecto, pero no han llegado a darse cuenta de mi profunda fobia a dicha fracción. Por eso siempre me he sentido solito. Y quizá por esa razón llegué a creerme un Fruittis más: el pimiento pocho Gregorión. Y si alguien alguna vez se toma la molestia, quizá pueda llegar a darse cuenta de los paralelismos ocultos entre tanta fruta con insondables sentimientos.

Gregorión.

Email del 5 de agosto 2018 Leer más »

Email del 3 de agosto 2018

Francisco Goya. Disparate furioso (1823)

Amiga:

Después de meditarlo durante un tiempo que me ha parecido muy justo y bastante razonable, he llegado a una conclusión realmente desconcertante: si me quiero desplazar hasta un nivel entrópico superior, primero he de dejar de bostezar. Todos sabemos que el caos o el desorden anárquico y las oscitaciones son enteramente incompatibles. Incluso con prescripción neurológica frenopática, más o menos alineada. Hace algunos años, quizá 300 o algunos más, trepé a un árbol -con mi forma congenial de entonces- y grité a quien me pudiera escuchar «¡lasanciaaaaaaaaaa!». Tres siglos más tarde sigo preguntándome por qué razón bramé «¡lasanciaaaaaaaaaa!» si lo que quería vomitar sobre el mundo era «¡deberíamos reflexionar sobre nuestra propia psicología y dejarnos de monsergaaaaaaaaas!».

¿Existe una alternativa? Siempre existe una alternativa. ¿Para qué? Para todo. Gracias a las alternativas puedo convertir cualquier teorema en un consolador. Y no creo que exista demasiada gente que sea capaz de tal hazaña. Todavía recuerdo cuando transformé el teorema de Bayes en un plug anal para principiantes. Todos los principiantes y algunos pocos experimentados hicieron cola durante doce días para poder conseguir uno de ellos. Y menos mal que mi modestia natural me impide contarte el resto de modificaciones. Pero no creas que soy un cochino trastornado, porque solo soy un marrano perturbado. Y parte del desequilibrio cerebral que arrastro se debe a la autopoiesis. Y puede que también a las abejitas.

Y cuando el lenguaje de los hombres desnudos origine bucles totalmente engalanados, sabremos que ha llegado el momento de ciscarnos en cualquier tipo de inexactitud, ya sea topológica, urológica o similar a un puto nudo borromeo. Y mientras cada una de las abstracciones que comprenden la base de cualquiera de las cosas que apreciamos cuando caminamos borrachos como una cuba se yumyumyumyen, puede que creamos que ya somos capaces de distinguir entre el firmamento, el pegamento o el tegumento. Nunca debimos rechazar los unitardos en favor de los leotardos. Somos montes de Venus asquerosamente calvos, figuras de Chladni proporcionalmente desestructuradas, compresas Evax Cottonlikeque que ya no absorben lo suficiente. Contemplamos nuestros reflejos sobre el cristal de una ventana y todavía creemos que esos reflejos son nuestros reflejos contemplados sobre el cristal de una ventana. Nunca han existido los reflejos. Tampoco los cristales y mucho menos las jodidas ventanas. Y si no que se lo pregunten al fabricante de Luminia.

Greg

PD: Y puede que también a las abejitas.

Email del 3 de agosto 2018 Leer más »

Email del 2 de agosto 2018

Pablo Picasso. Figure (1927)

Amiga:

Yo y yo y yo y el resto de yoes estábamos muy unidos. Afortunadamente todas mis personalidades tenían un talante compatible y yo disfrutaba con cada una de ellas. Un día intenté contar el número de esos otros yoes que vivían en mi interior y la cifra resultante me dejó un poco mareado y descompuesto. Así que me dirigí al aseo e intenté vomitar un poco, pero me fue imposible porque Greg XXII, mi personalidad número 22, comenzó a increparme por ser un cuerpo «blandiñoño», y no tuve más remedio que demostrar mi gallardía escupiendo sobre el espejo y manoseando mis partes intimas por encima del pantalón con una fuerza tan inusitada que a partir de ese momento desarrollé una cistitis crónica.

De pequeño me fascinaban los testículos. Bueno, no todos los testículos, sino los míos, que me colgaban como una pareja de padres ahorcados y me dificultaban el movimiento. No es que fueran demasiado grandes, sino que en aquella etapa de mi vida no tenía claro en qué posición debían estar cuando me ponía los calzoncillos. Has de tener en cuenta que las perneras se desarrollaron unos años más tarde y hasta entonces, las gónadas podían ir a cualquiera de los dos lados o perfectamente ajustaditas en el centro. Mi personalidad LXVII carecía por completo de dídimos, lo cual no le importaba en absoluto. Una vez le pregunté cuál era la razón de su falta de hombría y su respuesta fue una pedorreta criptomnésica.

A muchos de mis conocidos y amigos no les gusta la idea de que, sin saberlo, quizá estén alojando en sus interiores un número indeterminado de yoes. Les aterroriza llegar a la conclusión de que no son los dueños de sus cuerpos y sus mentes. Uno de ellos, Casimiro Sandemetrio, incluso me dijo en una ocasión que si descubría alguna vez algún rasgo de desdoblamiento de personalidad se haría monja. Cuando le recordé que para ser monja era necesario ser mujer, me contestó que entonces se haría mujer. En cierto modo esa respuesta me recordó a XXXV, la personalidad más psicótica de cuantas influían en mí y en mis actos. La llamaba «forma Henry Howard Holmes 35 sin bigote» y tenía una apariencia extraña, pues más que un humano parecía un hongo. No me lo estoy inventando, tenía forma de hongo nuclear. ¿Has visto alguna vez un hongo nuclear? Entra en YouTube y podrás ver algunos de los años cincuenta y sesenta.

Pero no sé por qué te cuento mis intimidades. Quizá porque confío demasiado en ti. Al fin y al cabo eres la mujer más cipotuda que he conocido y eso, seguramente, impide que me distancie de ti como hago con el resto del mundo. No es que me gusten los penes, pues prefiero los panes (sí, ya sé que es un chiste malísimo), pero hay algo en nuestra relación que me recuerda al pizzo siciliano. Y yo prefiero la pizza napolitana (otro chiste de pena). Ahora voy a dejarte, el tipejo XIX se ha hecho de vientre encima. Y su encima es mi encima. También es mi debajo y mi en medio.

Greg

Email del 2 de agosto 2018 Leer más »

Email del 1 de agosto 2018

Albrecht Durer. Feet of a kneeling man (1508)

Hola:

¿Quieres saber qué es lo que he sentido al cortarme las uñas de los pies después de tres meses y medio sin hacerlo? Pues he sentido cientos de sensaciones, emociones y percepciones. Entre ellas la sensación de glorificación antropocéntrica y algo similar a lo que podríamos denominar como un minúsculo presentimiento cosmogónico. Nunca debí cambiar mi rutina podoactiva, pero fui débil y llegué a conclusiones estúpidas y precipitadas. ¡Menos mal que he sido capaz de darme cuenta! Ahora me siento tan fresco como un huevo de ansar, y lo que es mejor, puedo volver a caminar perfectamente. Lo primero que haré mañana será intentar que me den de baja del listado Revelationum et apparitionum divinorum mendosa confictrix y seguir con mi existencia infusamente pudibunda y con ese pequeño -casi inexistente- burnout que todo lo inunda.

Greg

Email del 1 de agosto 2018 Leer más »