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| Gustave Doré. Babylon fallen (XIX cent.) |
Querida, solo unas pocas líneas:
Tradicionalmente se viene considerando que la mejor manera de ponerse un preservativo es con las manos, pero yo he llegado a la conclusión de que es más aconsejable y ventajoso hacerlo con los pies. Al principio cuesta un poco, pero posteriormente, cuando uno se acostumbra, resulta incluso igual de dinámico, y además, con las risas que provoca en la pareja, consigue que el sexo sea mucho más placentero y menos ceremonioso. Sin embargo se me tilda continuamente de chocarrero contrahecho y se pisotean mis ideas, simplemente porque son diferentes. No te puedes imaginar los insultos que recibí cuando planteé que los baberitos y los pecherines pueden llegar a correrse si son excitados adecuadamente, por supuesto teniendo en cuenta la talla y calidad del tejido con que hayan sido confeccionados. Nadie me hizo caso. Tuve que malvivir durante tres años en la asquerosa habitación de una pensión infestada de repugnantes insectos que se deslizaban por cualquier lugar proclive al deslizamiento, y dormir en un colchón acartonado por efecto de las manchas de semen gualdo, reseco, pútrido y nauseabundo. Sin embargo ahora todo empieza a mejorar para mí. Tengo cinco seguidores en Instagram y ocho en Facebook, vivo en una habitación alquilada y con el dinero que saco revendiendo las chuches de los niños a los que atraco soy perfectamente capaz de llegar a fin de mes e incluso a principio del mes siguiente.
Si todo sigue su curso y nadie vuelve a molestarme, quizá sea capaz de terminar mi ensayo sobre las glándulas de Bartolino titulado Informe desequilibradamente semisubjetivo y de esa manera volver a ser lo que era antes de mi caída en desgracia. De momento me resigno al aislamiento que me proporciona mi nueva identidad, pues hace cuatro meses solicité el cambio de nombre y apellidos en el Registro Civil y comencé a dejar de afeitarme, de cortarme el pelo y de orinar de pie.
A continuación, y para terminar con esta circunscrita aclaración, voy a ponerme a limpiar la habitación. Si no lo hago mi casera me pegará otra paliza. Esa mujer es el verdadero diablo pero aguanto cada uno de sus improperios y golpes porque en ocasiones me permite que le haga el beso negro.
GLP
