Email del 5 de enero 2019

Vincent van Gogh. Country churchyard and old church tower (1885)

Amiga:

Llevo 17 años atascado con una frase:

«Teresito era un tipo totalmente «copro», es decir, coprofílico, coprofágico y coprolálico, pero también copropietario y coprotagonista de su propia existencia.»

Por esa razón, lo que podría convertirse en un éxito de ventas permanece todavía inacabado y pudriéndose en un cajón de mi mesa del despacho. Tengo terminadas siete páginas y media de las 9000 que inicialmente compondrían la totalidad de la obra. Incluso sé como la titularía: Teresito y el absidiolo. Lo único que necesito es un poco de inspiración o una musa desatascadora. Hasta ahora todos mis intentos por proseguir han sido inútiles. El argumento es un tanto enrevesado pero trataré de explicártelo de una manera sencilla. Teresito es un monaguillo y escolano perteneciente a una parroquia situada en un barrio muy empobrecido de una capital ficticia llamada Gurramiladusancia. Los gurramilodusences son gente amable y dispuesta a ayudar siempre que alguien lo necesite. Sin embargo en uno de sus barrios impera el libertinaje y la inmoralidad. El sacerdote que oficia en la iglesia de ese barrio se llama Ordofesio y es un ser repugnante y depravado. Todos los martes, Armatín, el secretario de Ordofesio convoca a los acólitos de la congregación para comer mierda. El problema es que no pueden conseguir el suficiente número y calidad de heces como para contentar a todos, con lo cual en numerosas ocasiones tienen que importarlas de Carrunalmanzandia, el país colindante donde todos sus ciudadanos están obligados por ley a defecar una vez cada nueve días. Y eso no es todo, Duburlan, el líder carrunalmanzandio exige que todas las deyecciones superen un control exhaustivo de calidad, donde se compruebe la infinita superioridad de cada una de ellas y se deseche sin contemplaciones las que tienen una textura demasiado gruesa, protuberante, con una consistencia excesivamente líquida o con un color deslavazado.

Pero permíteme que no te cuente cómo se desarrollan los acontecimientos (hasta la jodida frase que me impide proseguir) porque no quiero que nadie me robe la idea o el planteamiento y desarrollo de la misma. Por el momento tendrás que comerte las uñas y esperar a que mi cerebro pueda ser capaz de hacer algo al respecto. Por otra parte, y cambiando de tema, hoy pienso prepararme langostinos para comer. Todavía no he llegado a una conclusión sobre… me refiero a que dudo entre prepararlos con aguacate, mango y queso (y servirlos en vasitos) o con salsa de tomate, cilantro y chile, aunque creo que no me queda ni cilantro ni chile.

Te aprecia,

G