marzo 2019

Email del 29 de marzo 2019

Jackson Pollock. Convergence: Number 10 (1952)

Amadísima amiga:

Mi novela Las aventuras de Cristina Fonseca, Luciana Fonseca, Teresa Fonseca, Victoria Fonseca, Araceli Fonseca, Bibiana Fonseca, Arundina Fonseca, Felisa Fonseca, Petra Fonseca y Saturnina Fonseca en la avenida de las boutiques se está escribiendo prácticamente sola. Comencé a teclearla hace 10 meses y ya llevo casi cinco líneas. El argumento, aunque pueda parecer algo simple, en realidad es bastante complejo, pues trata sobre los sucesos que les acontecieron a 10 hermanas -emocionalmente muy unidas- durante una tarde de compras en diferentes comercios de ropa cara durante las rebajas de enero. En un principio el título iba a ser Las aventuras de Petronila Fonseca, Cristina Fonseca, Luciana Fonseca, Teresa Fonseca, Victoria Fonseca, Araceli Fonseca, Bibiana Fonseca, Arundina Fonseca, Felisa Fonseca, Petra Fonseca y Saturnina Fonseca en la rambla de las boutiques, es decir, con una hermana más y en una abarrotada rambla; pero pronto reparé (soy muy manitas, ya me conoces) en que 11 hermanas -emocionalmente muy unidas- no era más que una completa e inane estupidez, amén de una exageración inconsecuente, y que fonéticamente sonaría mejor «avenida» en lugar de «rambla». También llegué a considerar la posibilidad de que a todas esas hermanas las acompañara una prima o sobrina e incluso llegué a pensar seriamente en el título, que si no me equivoco fue algo parecido a Las aventuras de Cristina Fonseca, Luciana Fonseca, Teresa Fonseca, Victoria Fonseca, Araceli Fonseca, Bibiana Fonseca, Arundina Fonseca, Felisa Fonseca, Petra Fonseca, Saturnina Fonseca y la prima de todas, Marisa Vega Fonseca, pero pronto rechacé la idea y me comí un bocadillo.

Seguramente el bocadillo me debió sentar fatal porque durante unos minutos estuve tentado de añadir una «t» al apellido Fonseca, con lo cual el título habría cambiado a Las aventuras de Cristina Fontseca, Luciana Fontseca, Teresa Fontseca, Victoria Fontseca, Araceli Fontseca, Bibiana Fontseca, Arundina Fontseca, Felisa Fontseca, Petra Fontseca y Saturnina Fontseca en el bulevar de las boutiques. Afortunadamente la idea desapareció rápidamente después de tomarme medio vaso de agua con bicarbonato.

Si una vez escrita y editada la historia de las 10 -emocionalmente muy unidas- hermanas resulta un éxito de ventas, tengo en mente una posible segunda parte (Las aventuras de Cristina Fonseca, Luciana Fonseca, Teresa Fonseca, Victoria Fonseca, Araceli Fonseca, Bibiana Fonseca, Arundina Fonseca, Felisa Fonseca, Petra Fonseca y Saturnina Fonseca en El Corte Inglés de la calle Colón y los comercios de las calles adyacentes), donde intentaré rizar el rizo y convertir a Cristina Fonseca en cleptómana, a Luciana Fonseca en morfinómana, a Teresa Fonseca en pirómana, a Victoria Fonseca en ninfómana, a Araceli Fonseca en megalómana, a Bibiana Fonseca en dipsómana, a Arundina Fonseca, Felisa Fonseca, Petra Fonseca y Saturnina Fonseca en alodoxafóbica, dishabiliofóbica, geliofóbica y panfóbica respectivamente.

Gregorio Beckett

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Email del 27 de marzo 2019

Frans Floris. Banquet of the Gods (1550)

Amiga:

Normalmente, cuando la gente está a punto de morir suele hacer las paces con el Señor. Ya sabes, por si acaso. ¡Durante el periodo que han abarcado sus vidas han aprendido a creer en el resto de posibilidades! Cuando llegue mi hora, si es que llega, pues estoy empezando a creer que soy inmortal, yo haré las paces con los señores o las señoras que han limpiado las letrinas donde yo he ado-ado (defecado y miccionado). Me es indiferente si utilizaron WC NET o PATO gel líquido azul. Ellos son los verdaderos dioses y ante ellos me persigno. Y ante las toallas limpias y las suministradoras de ese precioso fluido transparente denominado flujo vaginal. Y ante los tres motores restantes que impiden que nos estrellemos cuando el cuarto comienza a fallar. Y ante el Surströmming. Y ante los poiquilotermos y el pleonasmo. Pero nunca ante vuestro jodido Dios. Porque cuando os veo postrados e implorando a ese tocón podrido que diseña vuestras vidas, siento que yo no pertenezco a esta maldita piara. Y ahora me voy a ar-ar (defecar y miccionar). Siempre que hablo sobre cualquier religión me entran ganas de ar-ar (cagar-mear). Debe ser la inteligencia, que se rebela ante cualquier pequeño signo de majadería. Poco o nada importa si ya he ado-ado (defecado-miccionado), pues el resultado siempre es el mismo: excretar, excretar, excretar.

Greg «control intestinal» López Pérez

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Email del 25 de marzo 2019

Pieter Claesz. Still life. Food, glasses and a jug on a table (1640)

Mi libro Narraciones con jamón de York y queso está prácticamente terminado. Mañana, si mi trastorno de despersonalización-desrealización me deja, lo enviaré a mi editor que actualmente reside en el Penal de El Dueso. Cuando sea publicado (el libro, no mi editor), estoy completamente seguro de que se convertirá en el broche de titanio enriquecido que elevará la trilogía Proceso estocástico y apofenia de Narra y Ciones -compuesta por este y los dos anteriores volúmenes (Narraciones sofritas y Narraciones desbarbadas, deshuesadas, desecadas y desmoldadas)- a la altura de clásicos mediterráneos industriales deshidratados instantáneos.

Greg

P.D.

Como ya saben todos los lectores habituales, este blog es el único del mundo que tiene aseos y en el que se sirven comidas y cenas. Por supuesto, las comidas y las cenas no se sirven en los aseos, sino en los espaciosos comedores que tenemos habilitados dentro de lo que es el perímetro reservado al restaurante.

Hoy en El despotricador anhédonico:

PRIMER PLATO
Ensalada valenciana
Patatas bravas
Verduras a la brasa
Croquetas de pollo

SEGUNDO PLATO
Paella a leña
Arroz al horno
Ensalada de pollo
Berenjenas rellenas

Bebida, café y postre

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Email del 20 de marzo 2019

Kathleen Gilje, Sant’Orinale [Saint Urinal] (2017)

Querida (¿víctima sodomizada repetidamente por la sociedad?):

Si a las personas buenas les suceden cosas malas (tal y como no se cansan de pregonar los que se consideran a sí mismos personas buenas), entonces, a las personas malas deberían sucederles cosas buenas. Yo, Lucerito I de Benimaclet, anteriormente llamado Psycho Inimicus de Lys, de profesión domeñador de acémilas desgalichadas y espástico mental por decisión propia, todavía no estoy demasiado convencido de ser un tipo bueno o malo a secas, pero si tuviera que decidirme por uno de ambos márgenes claramente pinto-valdemorianos (o quizá pinto-valdemoreños), manifestaría que soy un sujeto malo bueno (que es muy diferente a ser un sujeto bueno malo); por lo tanto todas las cosas que me han sucedido, me suceden o me sucederán deberían ser malas buenas, aunque estoy convencido de que en algunas ocasiones y bajo una serie de circunstancias concretas me han acontecido cosas buenas malas, buenas buenas o malas malas. Quizá por esa razón me siento el misántropo desafortunado más afortunado del mundo o el cínico hijo de puta menos hijo de puta de mi comunidad autónoma; aunque en realidad, reflexionar a estas alturas de mi vida sobre la maldad de mis actos no va a hacer que me sienta satisfecho con pertenecer a esa grandísima pandilla de mortales retrasados mentales denominada linaje o población humana.

Llegados a este punto, no tengo más remedio que dirigirme al punto más alejado de ese punto inicial. El problema es que ese punto inicial es el comedor, o para ser más precisos, el portátil desde donde defeco mis textos y que está en una mesita baja comprada en un mercadillo callejero por 57 euros. ¡Creo que me estoy perdiendo! Lo que trato de explicarte es que si me alejo demasiado del comedor y del portátil, también me alejo del cuarto de baño. Y a mi edad y con mi próstata sediciosa, subversiva e indisciplinada en plan «No, no, no, no nos moveráaaaaan. Igual que el pino junto a la riberaaaaaa. No nos moveráaaaaan», debería dejarme de pamplinas y seguir en ese dichoso punto inicial, que al fin y al cabo es el que realmente significa algo.

Pero por otra parte, ser yo mismo significa que ni tú ni nadie es yo, en todo caso podríais ser vosotros mismos o lo que es igual, penosos actores secundarios en esta jodida y mal escenificada comedia titulada Senilidad, invocación, danza ritual y postreras experiencias de Lucerito I de Benimaclet, anteriormente llamado Psycho Inimicus de Lys, nihilista reconocido a nivel mundial y trotón saltarín impenitente, escrita, producida, dirigida e interpretada por Greg López y que nunca se estrenará, afortunadamente, en ninguna sala que se precie.

G

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Email del 18 de marzo 2019

Salvador Dalí. Cráneo atmosférico sodomizando a un piano de cola (1934)

(Para ti)
No existo como individuo, por lo menos como individuo perteneciente a una recua legítima y constitucional de acémilas sociales con posibilidad de emitir juicios reprobados y obtener a cambio una serie de catarsis orgásmicas. ¿Soy tan fiderente? Sí, ¡fiderente! Al ser tan diferente solo puedo ser fiderente. ¿Soy tan fiderente? ¿Tan fiderente como un escandallo? Escandallo, pero no en su acepción mercantil, sino en su sentido original, es decir, el extremo de la sonda que se utiliza para analizar la calidad del agua. Entonces, ¿soy tan fiderente como un escandallo? Bueno, no quiero parecer demasiado jactancioso, pues en realidad solo soy un tipo normal, eso sí, con una determinación sólida e inquebrantable, quizá eso que algunos llaman espíritu libre. ¡Puede que un poco grimoso!, pero eso se debe a la textura mucilaginosa de mi piel, que resalta los defectos que en otro cuerpo hubiesen resultado imperceptibles. Sin embargo, en contraposición, los perfumes que desprenden esos poros epidérmicos proporcionan una mayor complejidad aromática a cualquier nariz entrenada y que ronde mi cuerpo demasiado cerca.

(Para vosotros)
Creo que voy a desnudaros a todos. ¡A todos! ¡Hombres y mujeres! ¡Por algo me llaman Greg el desnudador! Si no me gustara despojaros de vuestras jodidas ropas compradas en Alcampo la gente me llamarían Greg a secas. ¿Sabéis?, mientras arranco la ropa a alguien me siento como el propelente de una Glock 40. Y cuando contemplo todos los cuerpos desnudos con sus rostros viciosos me transformo en un arbusto Gimpi gimpi. Pero es cuando os tengo en posición sumisa y observante cuando en realidad sé que soy mi propia Ahnenerbe. ¡Y ya podéis imaginaros lo que eso significa!

(Para mí)
Anoche, una vez más, volví a salvar al mundo.

G

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Email del 6 de marzo 2019

William Blake. The ghost of a flea (1820)

Los casos de El churrero castañero ambulante García Pérez: La marimorena de Somosaguas.

El churrero castañero ambulante y detective aficionado García Pérez se acercó a la mujer mientras se atusaba la larga y poblada ceja derecha y sin ninguna clase de presentación le disparó una pregunta francamente humeante.
-Señora, re-lá-te-me qué es lo que estaba haciendo cuando su-ce-dió todo, por favor.
-¿Quién es usted y por qué habla así?
-Señora, soy el el chu-rre-ro cas-ta-ñe-ro ambulante García Pérez. Y hablo como todo el mundo o in-clu-so mejor…
-¿No, usted arrastra las palabras. ¿Le gusta escucharse?
-No arrastro las pa-la-bras.
-Sí arrastra las palabras.
-No arrastro las pa-la-bras.
-Sí arrastra las palabras.
-No arrastro las pa-la-bras.
-Sí arrastra las palabras.
-¡No!
-¡Sí! ¡Y para qué quiero yo un chu-rre-ro en este día tan a-cia-go. ¡Dé-je-me en paz!
-Señora, ¿por qué arrastra las palabras?
-Yo no arrastro las palabras.
-Sí arrastra las palabras.
-Yo no arrastro las palabras.
-Sí arrastra las palabras.
-Yo no arrastro las palabras.
-Sí arrastra las palabras.
-Bueno, trataba de imitarle a usted.
-¿Imitarme a mí? Yo no a-rras-tro las palabras.
-Usted sí arrastra las palabras.
-Yo no a-rras-tro las palabras.
-Usted sí arrastra las palabras.
-Yo no a-rras-tro las palabras.
-Usted sí arrastra las palabras. ¡Bueno, dejémoslo o no acabaremos nunca. ¿Qué quiere de mí, señor churrero castañero García Pérez?
-Además de chu-rre-ro y cas-ta-ñe-ro soy detective a-fi-cio-na-do. Y hasta que se presente la fu-er-za- competente yo soy la má-xi-ma autoridad. Tengo unos documentos que así lo cer-ti-fi-can. Re-lá-te-me qué es lo que estaba haciendo cuando su-ce-dió todo, por favor.
-Estaba con los orgasmos fállidos…
-¿Cómo di-ce? ¿Acaso quiere to-mar-me el pelo, señora?
-No señor churrero castañero ambulante García Pérez. Una serie de orgasmos fállidos es la historia de una mujer que a partir del cambio de hora de verano del 2003 empieza a tener una sucesión de eyaculaciones retrógradas malogradas no necesariamente concatenadas. Eso le hace sentirse como una especie de isla efímera, lo que le lleva a caer en una distimia severa y terminar su Aquí y ahora suicidándose con una sobredosis de metilendioxipirovalerona.
-¿Es usted es-cri-to-ra, señora?
-Efectivamente, García. Quiero decir, señor García Pérez, churrero casta…
-Oh, dé-je-lo ya señora… ¿Señora?
-Me llaman la Marimorena de Somosaguas, pero usted puede llamarme Mari.
-¿Mari? Es un bo-ni-to nombre. Pero dí-ga-me, ¿quién es en realidad Ma-ri?
-Yo soy quien soy, de la misma manera que usted es quien es, sobre todo en su casa, cuando nadie le mira. Supongo que la mayor parte de la gente es lo que es cuando hay un tabique de por medio. Estoy convencida de que ni usted, señor García Pérez, ni esa mayor parte de gente se ha parado nunca a pensar en los sentimientos de las pobres paredes. Y eso es lo que me revienta del género humano. Una pared es como una madre. A las madres solemos besuquearlas y susurrarles lo muchísimo que las amamos, sin embargo a las paredes, exceptuando alguna que otra mano de pintura ocasional, jamás les demostramos nuestra gratitud (eterna pero interesada) por haber ocultado lo que sucede en los otros lados. Y lo que suele suceder en esos otros lados puede resultar sobrecogedor, pero también fascinante. No puedo ni siquiera imaginar lo que sería la existencia si todos los tabiques del mundo, tanto si son de ladrillo cocido de arcilla, refractario o simplemente de adobe, fueran trasparentes.
-Ejem. Tiene usted ra-zón, señora, pero no me ha contestado a por qué la encontraron cerca de un ca-dá-ver.
-Porque ese cadáver, cuando estaba vivo, era mi amante. Y era un magnífico amante…
-¿Lo mató us-ted?
-Era como un hijo para mí. Sí ya sé que suena obsceno decir que un amante era como un hijo.
-E-fec-ti-va-men-te…
-A veces mi hijo (sí ese hijo que no tengo, sobre todo porque odio a los hijos, ya sean adultos o retoños) me suplicaba que lo estrangulase. Como no existía, no podía quitarlo de en medio para siempre, con lo que terminaba pagando mi frustración e ira con mi marido, que tampoco ha existido nunca. En realidad en mi casa solo existo yo. ¡Conmigo es suficiente! No quiero ni pensar lo que sería vivir con otra yo o con otra como yo. Le juro por todas las víboras del género Vipera, que no hay un día en que no dé gracias a Dios, que por cierto tampoco existe, por no haber engendrado más de una Marimorena de Somosaguas.
-Se-ño-ra, sus contestaciones me causan tur-ba-ci-ón.
-¡Es tan extraño!
-¿Qué es tan ex-tra-ño, señora?
-Hace apenas unos miles de segundos me encontraba pensando en el aspecto misterioso del personaje protagonista de mi cuento Uróboros y pescadillas y ahora me encuentro frente a usted pensando en troqueles de rebordeado. Es increíble la extensión utópica que ese órgano tan complejo (que en ocasiones llega a pesar hasta un kilo y medio) puede recorrer en un determinado lapso de tiempo. Efectivamente, me refiero al cerebro.
-Señora no la com-pren-do, pero está usted de-te-ni-da. Pronto llegará el sargento Ci-rue-lo y se la llevará al cu-ar-te-li-llo. Pero antes de que eso su-ce-da, permítame decirle que es usted una mag-ní-fi-ca hembra y que en una ocasión di-fe-ren-te yo me habría ena…
-¿Sabe, señor churrero castañero ambulante y detective aficionado García Pérez?
-Dí-ga-me, señora…
-Cuando llegue el sargento Ciruelo, dígale de mi parte que acabo de decidir que no voy a volver a dar la patita nunca más a nadie.

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Email del 1 de marzo 2019

Carl Reichert. A french bulldog (1897)

Hola:

Mirándome al espejo he descubierto que si pongo la mandíbula inferior en posición prognata parezco unos 15 años más joven. El problema es que aunque parezca más joven también parezco el resultado de un cruce entre un licántropo, un pitecántropo y un zoántropo. Mañana pienso salir a la calle así, y si alguien se atreve a echarme un hueso o algunos Friskies, te juro por todos los Bulldogs del mundo que acabará con un buen mordisco.

Greg

P.D.
Acabo de descargar las actualizaciones para la taza del café y el saco del pan.

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