Email del 20 de marzo 2019

Kathleen Gilje, Sant’Orinale [Saint Urinal] (2017)

Querida (¿víctima sodomizada repetidamente por la sociedad?):

Si a las personas buenas les suceden cosas malas (tal y como no se cansan de pregonar los que se consideran a sí mismos personas buenas), entonces, a las personas malas deberían sucederles cosas buenas. Yo, Lucerito I de Benimaclet, anteriormente llamado Psycho Inimicus de Lys, de profesión domeñador de acémilas desgalichadas y espástico mental por decisión propia, todavía no estoy demasiado convencido de ser un tipo bueno o malo a secas, pero si tuviera que decidirme por uno de ambos márgenes claramente pinto-valdemorianos (o quizá pinto-valdemoreños), manifestaría que soy un sujeto malo bueno (que es muy diferente a ser un sujeto bueno malo); por lo tanto todas las cosas que me han sucedido, me suceden o me sucederán deberían ser malas buenas, aunque estoy convencido de que en algunas ocasiones y bajo una serie de circunstancias concretas me han acontecido cosas buenas malas, buenas buenas o malas malas. Quizá por esa razón me siento el misántropo desafortunado más afortunado del mundo o el cínico hijo de puta menos hijo de puta de mi comunidad autónoma; aunque en realidad, reflexionar a estas alturas de mi vida sobre la maldad de mis actos no va a hacer que me sienta satisfecho con pertenecer a esa grandísima pandilla de mortales retrasados mentales denominada linaje o población humana.

Llegados a este punto, no tengo más remedio que dirigirme al punto más alejado de ese punto inicial. El problema es que ese punto inicial es el comedor, o para ser más precisos, el portátil desde donde defeco mis textos y que está en una mesita baja comprada en un mercadillo callejero por 57 euros. ¡Creo que me estoy perdiendo! Lo que trato de explicarte es que si me alejo demasiado del comedor y del portátil, también me alejo del cuarto de baño. Y a mi edad y con mi próstata sediciosa, subversiva e indisciplinada en plan «No, no, no, no nos moveráaaaaan. Igual que el pino junto a la riberaaaaaa. No nos moveráaaaaan», debería dejarme de pamplinas y seguir en ese dichoso punto inicial, que al fin y al cabo es el que realmente significa algo.

Pero por otra parte, ser yo mismo significa que ni tú ni nadie es yo, en todo caso podríais ser vosotros mismos o lo que es igual, penosos actores secundarios en esta jodida y mal escenificada comedia titulada Senilidad, invocación, danza ritual y postreras experiencias de Lucerito I de Benimaclet, anteriormente llamado Psycho Inimicus de Lys, nihilista reconocido a nivel mundial y trotón saltarín impenitente, escrita, producida, dirigida e interpretada por Greg López y que nunca se estrenará, afortunadamente, en ninguna sala que se precie.

G