Email del 16 de junio 2019

Arnold Böcklin. La isla de los muertos (1883)

El siguiente texto fue hallado dentro de un culo:

«Me encontraba mirando fijamente la luz de una bombilla cuando de repente esta comenzó a bailar y a dividirse en pequeños puntitos. Por un instante creí que las tres hermanas vampiras de Bram Stocker se iban a fusionar a partir de esas señales claramente perceptibles. Me froté los ojos con los dedos y en unos segundos fui capaz de enfocar la vista de nuevo, sin embargo algo había cambiado, pues observé que todos los objetos que antes me rodeaban habían desaparecido. Mientras trataba de impedir que mis gritos fueran escuchados por cualquiera, los pensamientos que solo unos instantes antes me habían pertenecido ahora revoloteaban asustados buscando algún cable imaginario donde posarse. Estaba claro que tantos y tantos años de melancolía, insatisfacción y autoexigencia comenzaban a pasarme factura. 
   
Os puedo asegurar que el miedo que percibí fue real. Incluso en un momento dado me pregunté si mis antepasados podrían ser rusos, pues esa inapetencia existencial que me asaltaba continuamente se me antojaba meramente soviética, aunque cuando repasé mis apellidos (López Pérez), volví a la realidad y decidí que las ventanas existían por un único motivo, es decir para abrirlas y saltar por ellas hacía el vacío. 




Estoy muerto. Pocos son los desafortunados que han sobrevivido a una caída desde 7 metros. Incluso sin un atisbo de vida recorriéndome los músculos soy capaz de renegar de los malditos que están vivos. Quizá alguien se pregunte cómo es posible que pueda escribir no existiendo, porque no me negaréis que la muerte es la absoluta y definitiva inexistencia. No tengo respuesta. Mientras escribo estas líneas soy capaz de ver mis guiñapos sobre una mesa de necropsias, por lo tanto lo más normal sería aventurarse a decir que yo era algo parecido a una extraña bicorporalidad en vida, y una de esas vidas, o presencias, o como quieras llamarlas, permanece a pesar de los maravillosos todos que implica la muerte. O quizá…»

El resto del texto estaba demasiado manchado como para poder ser leído.