Email del 18 de julio 2019

Franz Marc. Gazelles (1913)

Rafael Sánchez Ferlosio llamaba pecios a todas sus piezas breves o fragmentos inacabados. Yo para no ser menos voy a llamar derrelictos a mis porciones. Los siguientes cinco derrelictos fueron escritos simplemente porque no funcionaba la televisión y porque me salió de los cojones.

«El jarrón da forma al vacío.»
(Georges Braque) 

1-
Mi mejor amigo murió hace 130 años. Su nombre era Ainonehuuuuua, aunque yo casi siempre lo llamaba Chanchanchachachaichainaop o Chanchanchachachaichainaopo. Él odiaba cualquier nombre o apodo y prefería que lo llamásemos chafando el pie de una vieja. Por esa razón se extinguieron las ancianas. Estuvimos sin abuelas y, lo que es peor, sin poder llamarle a él, cerca de de 40 años, hasta que el exhijo del antiguo exalcalde importó varios cientos de viejas en diferentes estados de decrepitud. A partir de ese día volvimos a poder llamar y por tanto preguntar a Ainonehuuuuua (AKA Chanchanchachachaichainaop o Chanchanchachachaichainaopo) cuestiones relevantes e inherentes a nuestra propia naturaleza. Pero el cambio duró poco, pues las viejas empezaron a calzar zapatos reforzados con punteras de seguridad extraordinariamente resistentes a los pisotones, con lo cual ya nunca chillaban de dolor y Ainonehuuuuua (AKA Chanchanchachachaichainaop o Chanchanchachachaichainaopo) no podía saber que le llamábamos para preguntarle cuestiones relevantes e inherentes a nuestra propia naturaleza.

2-
Cada vez que invito a queso fresco a una rubia me salen eritemas. Y si el queso o la rubia son de la parte meridional del país, le salen eritemas al queso, a la rubia o incluso a una gran proporción de los habitantes de las provincias periféricas del mediodía geográfico. Las inflamaciones cutáneas nunca suelen acabar en cuidados intensivos, por lo que sigo importando toneladas de quesos frescos, pero también de cuajadas, y en ocasiones, requesones. Sin embargo cada vez que invito a yogur a una rubia no sucede nada. Se limpia la boca con mi camisa o canesú, me da las gracias y se vuelve en busca de alguien que la invite a queso fresco. Lo sé porque después de tantos años en el negocio he llegado a un punto en que me siento como un dios en estado de fermentación bendita. Ah, sí, he dicho canesú. Y lo mantengo.

3-
Las gacelas tienen dos narinas.
Dos narinas tienen las gacelas.
Si no tuvieran dos narinas,
ya no serían gacelas.

¡Serían monstruos deformados!

Los monstruos deformados no tienen narinas.
No tienen narinas los monstruos deformados.
Si tuvieran dos narinas,
Ya no serían monstruos deformados.

¡Serían gacelas de Cuvier o incluso impalas!

Las gacelas y los impalas tienen dos narinas.
Dos narinas tienen las gacelas y los impalas.
Si no tuvieran dos narinas…
ya no serían gacelas ni impalas.

En realidad todos los seres disponemos de dos narinas por donde entra aire, y en ocasiones, cocaina o mosquitas despistadas. La canción anterior es un suplemento especial al párrafo siguiente, mucho mucho mucho más jugoso…

4-
John Wheeler dio nombre a los agujeros negros. Gregorio López a las grietas negras. Una grieta negra es una rendija por donde se puede ver desnudarse a una o varias extraterrestres sin que ellas reparen en que un obseso sexual terrícola, reprimido y peligroso, las está contemplando e incluso grabando, y que en cualquier momento esas imágenes pueden estar disponibles en los telediarios, Orgasmatrix, xHamster o Youporn. Ahora bien, aunque una grieta negra es similar en concepción a un intersticio negro, no lo es en su constitución, por lo que deberíamos intentar distinguir entre ambas hendiduras siderales. Para profundizar en el tema recomiendo el libro Nuez rancia: ¡seguro que es de la marca Hacendado! del profesor Similar a él. No es coña, el tipo se llama así, doctor Similar a él Vega Contreras.

5-
La imagen que tenemos hoy del refajo añejo que perteneció a María Magdalena y que se conserva en el museo de refajos añejos de Ciudad del Vaticano, es la de una faldita de paño, que según la técnica de datación del carbono 14 fue lavada en dos ocasiones en un periodo de 18 años. La primera, en el lago Tiberiades durante el año 8 de nuestra era y la segunda en una acequia dos años y tres meses más tarde. No obstante, esa ausencia higiénica demostrada no impide que miles de devotos hagan cola para acariciar el espejo que la protege. Según el secretario Cavalcanti, nuncio del Obispo Porchetta, el espejo protector debe ser a su vez protegido con otro espejo protector. Para ello la Santa Sede ha convocado un concurso de cristaleros en la Piazza San Pietro el segundo día del primer mes del próximo semestre.