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| Johannes Vermeer. The glass of wine (1658) |
Querida:
Por favor, amplía la imagen número 1 que te he adjuntado. Como verás, no es más que una caja de madera de pino exquisitamente barnizada, sin embargo en su interior guardo cada uno de los numerosos prejuicios cognitivos que me han asaltado en una o varias ocasiones en las últimas décadas, y que de alguna jodida manera, me han impedido convertirme en una especie de genio polímata del siglo XXI. Ahora amplía la fotografía número 2. ¿Qué es lo que ves? La misma caja de madera anterior abierta y sin nada dentro. Es natural, pues cada día dejo que salgan los malditos sesgos a tomar un poco el aire. El problema es que este mediodía no han regresado y estoy comenzando a preocuparme. Creo que voy a beber a gallo de la bota de vino. Cuando bebo vino dejo automáticamente de preocuparme, pero me suelo caer rodando por las escaleras. Y si me caigo rodando por las escaleras me cuesta un montón de horas subir hasta el tercer piso que es donde yo vivo. Mi pregunta es, ¿debería entrar en la casa del vecino y robarle sus prejuicios cognitivos? Y suponiendo que la respuesta fuese afirmativa, ¿debería entrar en su casa antes o después de beber a gallo de la bota de vino?
Muchísimas gracias anticipadas por tu sabia respuesta.
Greg
