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| Mark Tansey. Pleasure of the text (1986) |
1-Todestriebe.
La monstruosidad existencial se intensifica, se reproduce. No se trata de una especie de revelación eventual, sino algo que lleva décadas gestándose. Noto cómo esa intensidad imprecisa se desarrolla en mi interior, respira mi aire, me induce a comportarme de una manera heterodoxamente malsana y me obliga a cantar «Madrecita María del Carmen» de Manolo Escobar más de 50 veces cada día. Por esa razón he decidido volver a intentar autoeutanasiarme. Y digo volver a intentar porque ya he tratado de quitarme de en medio en tres ocasiones en los últimos seis o siete meses. Mi primer intento, metiendo la cabeza en un cubo repleto de pirañas hambrientas, no dio resultado, pues el tipo que me las vendió y me aseguró que me desgarrarían la carne, los ojos y hasta el cerebro, me engañó y me despachó un par de kilos de carpas rojas que lo único que hicieron en mi rostro fue llenarlo de defecaciones y escamas. La segunda tentativa, que por cierto estaba extraordinariamente diseñada, salió incluso peor, pues los dos tipos a los que prometí pagarles 30000 euros si me liquidaban sin dolor se asesinaron mutuamente media hora antes de llevar a cabo el encargo. La tercera intentona estaba destinada al fracaso desde el primer instante, por esa razón me vi obligado a suspenderla cuando todavía no había pasado de un mero bosquejo deficientemente estructurado.
Hay quien está convencido de que el suicidio es un acto ruin y cobarde. Los hay también que piensan que quitarse la vida desprende honorabilidad por los cuatro costados. Yo, yo creo que la privación voluntaria de la vida es como hacerse un tatuaje de un glande ajeno en el glande propio, es decir, una extravagancia tan sobresaliente que, debido a su propia descomunalidad y la dificultad intrínseca que conlleva medir algo casi infinito o ilimitado, se transforma en un suceso donde lo que realmente impera es la libertad personal y el amor (o la fe) hacía eso que alguien denominó como «la oquedad subyugante», que no es más que otra manera de llamar al vacío, ya sea absoluto y definitivo o simplemente relativo y circunstancial.
2-In nemese ne fidem habeatis.
El más grande de los maestros psicópatas nacionales fue Atenógenes Ortuño (1823-1877), que hizo de la aldea castellonense, Arteas de la Sal, su territorio de caza durante 17 años. Ortuño había nacido en un pueblecito sito a unos cinco kilómetros de distancia, por lo que pensó que sería un buen lugar para poner en marcha su obsesión persistente. Lo que no meditó demasiado a fondo es en el índice demográfico de la aldea que en aquella época era de 38 habitantes. Por esa razón, cuando detuvieron a Ortuño en 1876 solo quedaban tres residentes en Arteas de la Sal, que desde entonces pasó a llamarse Arteas sin la Sal. Atenógenes Ortuño fue acusado de 35 asesinatos y ajusticiado en el garrote vil por el verdugo valenciano Estanislao Calatañazor. Desde entonces casi nadie se acerca a dicha comarca, y es una lástima, pues me consta que en el único bar de la aldea se sirve uno de los mejores guisados de conejo de monte que se pueden degustar en toda la comunidad; y que de la fuente de sor Teresita brota un agua ferruginosa bicarbonatada cálcica nitrogenada que cura la sífilis y la disentería porcina con solo un par tragos.
3-La solución 298.
Nunca he necesitado hacer movimientos raros con el trasero para sentir que poseo uno. Como le sucede a casi todo el mundo, este culo me sirve para sentarme y evacuar. Pero no siempre que me siento depongo. En ocasiones la función natural de excretar se desvirtúa, y es entonces cuando todo lo que una vez significó algo, de repente, carece de sentido. ¡Todos los dioses y todos los demonios! ¡Todas las sonrisas y algunas caras más que dignas! Todo lo que un día esperamos que no llegase nunca: el estreñimiento.
Pero desde que tomo Farmi-Patil 298 en pastillas, una cada ocho horas, me siento otro hombre. Farmi-Patil 298 es un complejo laxante diseñado por un elefante indio. No estoy de broma. Todo sucedió hace unos 15 años, cuando un mahout de 32 años llamado Nimai Chowdhury que tenía serios problemas para defecar se comió por error, o quizá porque no tenía otra cosa que llevarse a la boca, las hojas del arbusto preferido de su paquidermo Kalu. Esa misma noche, cuando llegó a su hogar, que no era más que una mugrienta choza, Nimai evacuó tres veces en menos de cinco minutos. Y lo que le pareció más importante en ese instante: sin dolor, sudor o sangre. Al día siguiente mientras se dirigía al Ghat relacionó la ingesta de la planta con su magnífica descarga de la noche anterior y volvió a masticar algunas matas. Por la noche cagó como nunca había cagado y en su mente surgió una idea: la solución 298. Nadie sabe qué representa dicho número, pero actualmente, Nimai Chowdhury, es el quinto hombre más rico del planeta según la revista Forbes.
4-Gracias por la información.
Es evidente que cada vez que intento sonreír en público muere un cocodrilo poroso en alguna parte de Sri Lanka, Nueva Guinea o el norte de Australia. Actualmente la población de este reptil peligroso y gigantesco no está en peligro de extinción, por lo que puedo seguir intentando esa sonrisa que ilumine a los que estén presentes durante algún tiempo. La próxima vez que lo intente será el 19 de octubre a las 17:00 horas en la confluencia de las calles Mistral y Murta. Todo el que quiera presenciar el suceso está graciosa y cordialmente invitado.
5-Anomia.
Creo que todo lo que… no sé… es como si… Martín se me acercó y… bueno no estoy seguro de que fuera Martín… ni de que se me acercase. Es posible que fuera su hermano… aunque creo que Martín no tiene hermanos… solo gatos… seguramente se me acercó un gato y yo le atosigué un poco. Antes me gustaba atosigar a las mascotas… ahora ya no… ahora solo… solo atosigo a los insectos… sobre todo a los mosquitos que me chupan la sangre. ¡Ahora lo recuerdo! No fue ni Martín ni el jodido gato de Martín quien se me acercó. Fue… fue un mosquito con ánimo de dejarme seco… lo recuerdo perfectamente lejano… pero lo recuerdo… yo… yo le pegué un puñetazo mientras chupaba de mi vena del brazo… y me rompí el brazo. ¡Claro! Eso fue lo que sucedió. ¡Por eso lo llevo en cabestrillo! Luego el mosquito… sí, el mosquito que salió indemne de mi maniobra de ataque se largó… sí… y regresó con algunos colegas y se me posaron en varias partes de mi… de mi cuerpo… y me chupaban… me chupaban… y yo me defendía… a puñetazos… claro… ¡Por eso estoy en cuidados intensivos! ¡Qué bien lo he resuelto! ¡He solucionado mi propio caso! Me siento… me siento bien… sí. Creo que todo lo que… no sé… es como si… Martín se me acercó y… bueno no estoy seguro de que fuera Martín… ni de que se me acercase. Es posible que fuera su hermano… aunque creo que Martín no tiene hermanos… solo gatos… seguramente se me acercó un gato y yo le atosigué un poco. Antes me gustaba atosigar a las mascotas… ahora ya no… ahora solo… solo atosigo a los insectos… sobre todo a los mosquitos que me chupan la sangre.
