Email del 20 de diciembre 2019

Alan Berry Rhys. Yarará (21st century)

Amiga:

Mi ocupación como diseñador de orinales y bacinillas de la exclusiva marca francesa Urinoirs Républicains me proporciona un nivel de vida repleto de lujo y abundancia. Excesos muy alejados de lo que se podría esperar de un joven lugareño, que gracias a unas dotes de observación social avanzadas y una dedicación al trabajo rayante con la obsesión, ha alcanzado las metas deseadas. Pero llegar hasta la cima no fue nada sencillo. Solo un porcentaje ínfimo de mis amistades saben que pasé más de siete años esbozando diseños de palanganas, jofainas y aguamaniles. Y que después de presentarme para un ascenso y conseguirlo, me tiré casi cinco años dibujando botijos y alcarrazas. Gracias a que uno de mis esbozos de botijos ganó el primer premio del XXVI Concurso de Cantarillos Pastunes organizado en Kabul (Afganistán), mi carrera despegó como un Airbus A380 y de repente me vi aupado al puesto de diseñador jefe en la empresa logroñesa lucroniense​jacarera Cenotafios Baltasar, Lucrecia e Hijos, y de allí al holding Liberté, Égalité, Fraternité et Toilettes, accionistas de la compañía de urinarios a la que aludí al comienzo de este texto.

Actualmente mi vida está tan sumamente llena que en ocasiones rebosa y anega mis sentimientos más virtuosamente deshidratados, transformándome en una especie de cruce entre una yarará amenazante y un salaud rastrero y detestable. No en vano procedo de una estirpe de hijos de puta pueblerinos que se remonta hasta Don Armonario López de Arrancapins, terrateniente y latifundista nacido en 1654 en pleno barrio de la Seu y conocido sobre todo por su inclinación onánica cismática y por ser uno de los más afamados coleccionistas de aguas fecales del continente.

G. L. P. (Gregorio López Pérez o GiLiPollín del Almudín)