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| James Charles. The knifegrinder (1887) |
Las máquinas expendedoras de navajas albacetenses dejaron de expender navajas albacetenses en Albacete, sin embargo continuaron expendiendo navajas albacetenses en Cuenca y Ciudad Real. El artífice de la estrategia comercial fue un olvisino residente en Albacete que llegó a la conclusión de que vender en Albacete productos fabricados en Albacete era una completa imbecilidad. Sin embargo algunos residentes de pueblos del interior se quejaron de que por culpa de esa idea estúpida, cada vez les era más difícil comprar navajas albaceteñas en máquinas expendedoras en Albacete y tenían que desplazarse a Cuenca o Ciudad Real a comprarlas en las máquinas expendedoras de esas localidades, ocasionándoles un gasto de desplazamientos no deducible.
Para aprovechar la coyuntura, surgieron listillos que se transformaron en traficantes de reproducciones de navajas albaceteñas. Uno de ellos, Juan José Navarro, se convirtió en el principal intermediario y comisionista, llegando a forjar un pequeño imperio filoso. El verdadero problema surgió cuando los fabricantes albaceteños de máquinas expendedoras para navajas e instrumentos de filo decidieron boicotear sus envíos a Cuenca y Ciudad Real. Al principio Juan José sustituyó las máquinas expendedoras por parados conquenses y clunienses expendedores, pero cuando estos decidieron que el salario que cobraban por expender navajas de Albacete en Cuenca y Ciudad Real era inferior a la remuneración mínima pactada por el Gobierno y los sindicatos, el jerarca de las imitaciones no tuvo más remedio que claudicar.
Tres días más tarde su cuerpo apareció acuchillado cerca de una vereda. El forense dictaminó que la navaja que había sido utilizada para asesinarlo era albaceteña original, aunque posiblemente expendida en una máquina con el número de serie borrado. Cuando la Policía detuvo a Federico Rubio, el lugarteniente de Juan José Navarro, y a Vicente Castillo, el líder de la facción sindical, como asesinos o inductores del homicidio, los fabricantes y distribuidores conquenses decidieron independizarse de los empresarios y almacenistas clunienses, provocando una escalada en los precios que pronto repercutió sobre los artesanos fabricantes de utensilios cortantes y las amantes de los cuchilleros.
El resto es historia.
