![]() |
| Henri de Toulouse-Lautrec. The dog (Sketch of touc) (1880) |
Todavía recuerdo el día en que Mambrú se fue a la guerra. En realidad, cuando llegó al campo de batalla ya hacía cerca de dos semanas que había acabado lo que comenzó como un proficuo cambullón y se transformó en una inverecunda contienda. Estaba claro que Mam, como le llamaban casi todos, nunca llegaba a tiempo. Pero por favor, permíteme que describa a ese obsecuente tipejo: su cuerpo era delgado como una gramínea y su forma de andar me recordaba la de un periquito con exceso de cornezuelo en la sangre. Algunos de los que le conocían se referían a él como «el Tratra», ya que además de trasijado su aspecto era realmente trasojado. El color de sus ojos era de un rojizo-amarillento parecido al litargirio y cuando hablaba tendía a ladear la cabeza hacia el lado izquierdo.
Aunque en aquella época yo solo era su perro, las circunstancias de esos convulsos días me hicieron el relator perfecto. Si no conté antes esta pequeña historia es porque fallecí a los 14 años, una edad verdaderamente respetable para un cánido. Y aunque en realidad sigo muerto y mis huesos pronto serán la raíz de unos bonitos fósiles, he decidido recordar a quien quiera o pueda leer este texto que yo existí, ladré, me espulgué, me yunté y comí las sobras de cada una de las colaciones y refacciones de Mam, antes y después de ir a la jodida guerra.
Desde hace unos días, no recuerdo el número exacto, puede que cuatro o cinco, estoy dentro del cuerpo de uno de sus descendientes. Sé que antes o después tendré que abandonarlo y volver a ser parte de la nada más absoluta, definitiva y, por qué no, universal. Por esa razón trato de imaginar en movimiento el eviterno y sempiterno cúmulo de fotografías que nunca existieron por medio de tres crónicas históricas a las que llamaré Los informes Mambrú-Fifo.
El primero de ellos, que será publicado mañana, abarcará el periodo comprendido entre su operación de fimosis que casi lo lleva a la tumba y su primera epistaxis (o quizá su primera anexitis), es decir, desde febrero de 1931 hasta noviembre de 1937. El segundo texto, que publicaré 48 horas después, comprenderá desde diciembre de 1937 hasta el 1 de abril de 1939, día del final de la guerra. La tercera y última exposición finalizará la víspera de la jornada en que me atropelló una camioneta Ford 8HP.
Fifo Arf Arf
