diciembre 2020

Email del 20 de diciembre 2020

 

Albrecht Durer. Head of a suffering man (1503)

Querida amiga:

Alguien dijo una vez que la palabra es un puente que atraviesa desmesuras. Bueno, en realidad esa cita pertenece al poema La paraula escrita, de Remei Margarit, aunque, sinceramente, te juro que no puedo estar más de acuerdo con ella. Sobre todo cuando escucho rebuznar, ya sea de forma innata o adquirida, a una gran parte de la población. Por lo cual a menudo me hago una pregunta: ¿el rebuzno es un puente que atraviesa desmesuras? Y si es así, ¿no sería really wonderful (AKA realmente maravilloso) que los excesos de cada uno quedarán siempre dentro de cada uno, sin posibilidad de impurificar los oídos de cualquiera que camine con esa indolencia perfecta que proporciona saber que su cerebro deicida y su uso del lenguaje siguen funcionando con perfecta normalidad? Y que conste que con lo de deicida no he querido expresar que la religión, cualquiera de ellas, o los que las aceptan y siguen como si fueran borregos (o corderos), tengan algo que ver con la imbecilidad y algunos de sus muchísimos misterios.

De todas formas siempre he pensado que ojalá existiera un inmenso táper donde pudiera meter a todos los que trafican con los dogmas, las doctrinas y los actos de fe. Claro que de la misma manera en ocasiones he pensado que igual sería mejor que existiera un táper del tamaño de un féretro, donde pudiera meterme yo acompañado de algunos libros y tres o cuatro películas de Béla Tarr. 

En realidad no pensaba escribirte. Ya sabes que uso los domingos exclusivamente para lloriquear en mi inmensa intimidad. Si lo he hecho es porque, de alguna manera, necesitaba ponerme en contacto con alguien que sea lo suficientemente inteligente como para contestarme con un «te comprendo perfectamente, pero sécate las lágrimas, por favor». Si no fuera por ti y por esos otros ateos superiores que me vigilan para que no cometa una locura, mi vida sería más asquerosamente insoportable de lo que es actualmente. Y si bien soy incapaz de imaginar una existencia más vacía, sé que estoy en condiciones, tanto físicas como emocionales (o morales), de enviar a cada uno de los 7700 millones de personas que habitan en el planeta a tomar por culo una vez más. 

Estoy convencido de que mi invitación les encantará a la mayoría.

G

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Email del 17 de diciembre 2020

 

Albert Anker. Writer at the desk (1905)

Querida:

Te escribo porque llevo dos semanas sin saber nada de ti. ¿Recuerdas mi último email? En él te pedía tu opinión sobre el relato corto que te adjuntaba y que se titulaba Las aventuras de Brontosaurita y Cimborrín en la fábrica de orinales. Como te expliqué en aquella ocasión, este relato pertenecerá a una serie que pretendo escribir en el futuro. Incluso tengo algunos títulos en mente: Brontosaurita, Cimborrín y el color de las heces, Brontosaurita y Cimborrín en la heladería regentada por un expedófilo. Pero antes he de ponerte en contexto. Brontosaurita es una niña gordita que tiene 8 años y Cimborrín un chavalín de la misma edad cuya cabeza tiene forma de cilindro. Sin embargo no siempre fueron así. Cuando creé ambos personajes, Brontosaurita era una ninfómana con algunos kilos de más que acababa de cumplir los 18 años y Cimborrín trabajaba en una almejería. De hecho escribí un par de borradores. El primero se titulaba Brontosaurita se tira al comisionado de telecomunicaciones mientras Cimborrín mira, y el segundo, Entra a Theofficialbrontosauritavixen’s room y descubre lo que puede hacer Cimborrín con la minga, pero no me llegaron a seducir, por lo que acabé transformando a los dos personajes en chiquillos que experimentaban la vida en plena etapa de niñez mediana. 

Supongo que se te habrá olvidado darme tu opinión sobre el texto. No importa. Hazlo ahora. Es decir, en cuanto recibas este correo electrónico. Lo que piensas de mis textos siempre ha sido muy importante para mí. Lo sabes. Te consta. Y yo sin tus dictámenes me siento vacío. Bueno ya conoces el dicho: «Si no llevas calzoncillos no te los puedes bajar».

Te echa de menos,

Pentimento López 

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Email del 16 de diciembre 2020

 

Wassily Kandinsky. Winter landscape (1909)

¡El propalador de filfas absolutamente arbitrarias lo había vuelto a hacer! Esta vez la víctima, Kiska Iriska Pérez, hija de un refugiado ruso y una peluquera española especializada en posticería, necesitaba llegar al fondo del asunto antes de que este se desmadrase. Como Kiskiska, que es como la llamaban en su barrio, nunca había confiado en las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado Español, decidió ponerse en contacto con el churrero castañero y detective aficionado García Pérez, para que averiguase la identidad del autor del compendio de trolas y de paso cortar de raíz las futuras falsas patrañas. Lamentablemente, el churrero, castañero y detective privado se encontraba metido de lleno -y sin posibilidad de salir, ni siquiera por unos instantes- en uno de sus más increíbles y extravagantes casos y no tuvo más remedio que rechazar el trabajo. 

Mientras tanto, desde los medios no oficiales se apuntaba que el autor podía ser un izquierdista desganado que intentaba embridar a la parte de la población menos asentada, geográficamente hablando, con el único propósito de procurarse algunas pobres y blandengues erecciones. El rotativo Provincias valencianas claramente distanciadas incluso se atrevió a pronosticar en qué barrio de la capital residiría el siguiente ciudadano perjudicado. 

Sin embargo, y por motivos que siempre se desconocerán, el propalador de filfas absolutamente arbitrarias dejó de actuar y el asunto se enfrió con el tiempo. De hecho se enfrió tanto que el 99 % de los habitantes de la comunidad tuvieron que sacar sus abrigos, gorros de lana y bufandas del armario. Claro que también es posible que el comienzo del invierno ayudara un poco…

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Email del 13 de diciembre 2020

 

Michelangelo Merisi da Caravaggio. Medusa (1597)

Uno de los anderos se apartó del anda con un movimiento lateral de cangrejo que me dejó petrificado. A partir de ese instante la procesión continuó con tres anderos soportando el peso diseñado para cuatro. Cuando quise ofrecerme para sustituir al andero evadido pude darme cuenta de que en realidad estaba realmente petrificado, por lo que el anda tuvo que ser portada por los tres pobres anderos hasta que a unos 700 metros del final del trayecto, otro andero se alejó con otro movimiento lateral de cangrejo dejando a dos anderos sosteniendo un peso extraordinario. Como yo seguía petrificado y mirando de soslayo para ver si veía a algún tipo de gorgona, no pude hacer nada más que compadecerme del par de anderos y de mí. A unos 200 metros del término del recorrido uno de los dos que todavía arrastraban el anda se desligó de la misma con el mismo movimiento lateral de cangrejo que habían efectuado anteriormente sus dos compañeros, por lo que el peso del anda recayó sobre un único tipo. Como la comitiva constaba solamente del anda, los anderos -con tres de ellos cangrejeando por ahí- y de mí, que oficiaba la eucaristía callejera sin concesiones, el acto tuvo que ser suspendido, aunque creo que a nadie le importó. Ni siquiera al engendro ctónico que realmente estuvo cerca en alguna parte del itinerario.

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Email del 12 de diciembre 2020

 

Antonio Donghi. Due canarini in gabia (XX cent.)

Como dictador totalitario de la editorial Nesga, tengo el placer de presentar ante los lectores de este maravilloso blog, regido con mano dura y extremidades inferiores dispuestas al puntapié por mi gran amigo Gregory López, un extracto de la biografía de Sereno Coscolico, el famoso, abrícola y captagónico filósofo fallecido hace ahora tres cuartos de lustro y que será publicada, Dios mediante, el próximo mes de febrero. 

«Me encontraba -como hago todos los días- cantando la misma canción a mis canarios, cuando de repente uno de ellos, Benicio, comenzó a morirse. Hasta ese día yo siempre había creído que la muerte carecía por completo de un inicio y de una conclusión, es decir, que llegaba, arrasaba y finiquitaba al mismo tiempo, o por lo menos con unos pocos segundos de diferencia. Desde luego, me refiero al tipo de muertes, llamémoslas, inesperadas. Pero creo que voy demasiado deprisa, como siempre. La canción que les canto a mis pájaros desde que comencé mi ornitológica afición es El baúl de los recuerdos según la versión que inmortalizó en los sesenta la pimpante Karina.

Buscando en el baúl de los recuerdoooos, uh uh
Cualquier tiempo pasado nos parece mejoooor
Volver la vista atrás es bueno a veceeees, uh uh
Mirar hacia delante es vivir sin temoooor

Vive siempre con ilusióooon
Si cada día tiene diferente coloooor
Porque todo llega a su fiiiin
Después de un día triste nace otro feliiiiz.

Por supuesto a veces en lugar de cantarla con su letra original tiendo a improvisar…

Nanana nana na nana na na nananaaaa, uh uh
Dubi dubi dududu du uaaaaah
Nana nanana naaaa tararaaaaaa, uh uh
salalala la la buru buaaah

O cambio la letra respetando escrupulosamente las notas compuestas por Tony Luz…

Hurgando en las bragas de mi exnoviaaaa, uh uh
intentando encontrar una deshilvanacióooon

Mi exnovia, Martinina Decanté, en realidad fue la exnovia de mi exnovia de entonces, pero mi novia de entonces se llamaba Frugragosia Vavavabonotiva, y pronunciar su nombre y apellidos me producía retrocesos menorréicos extraordinariamente varoniles. 

Bueno, me había quedado en que ese día murió de repente mi canario preferido. Benicio llevaba conmigo unos ocho años. Se lo compré siendo un pollito a un excriador de carpas reconvertido en criador de petirrojos que también criaba jilgueros y canarios y que por las noches, cuando no le veía nadie, criaba murciélagos y luciérnagas. Yo en aquel tiempo criaba lacertilios, sobre todo lagartijas, que aunque no me hacían sentirme lleno espiritualmente, por lo menos me obligaban a tener algo por lo que luchar en la vida. Benicio, además de ave cantora era mi confesor y mi mejor amigo. Siempre que lo necesitaba estaba ahí para lo que fuera menester. Claro que los barrotes de la jaula también tenían, ejem, algo que ver, pero yo quería creer que en realidad su devoción hacia mí era completamente espontánea y sincera».

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