![]() |
| Albrecht Durer. Head of a suffering man (1503) |
Querida amiga:
Alguien dijo una vez que la palabra es un puente que atraviesa desmesuras. Bueno, en realidad esa cita pertenece al poema La paraula escrita, de Remei Margarit, aunque, sinceramente, te juro que no puedo estar más de acuerdo con ella. Sobre todo cuando escucho rebuznar, ya sea de forma innata o adquirida, a una gran parte de la población. Por lo cual a menudo me hago una pregunta: ¿el rebuzno es un puente que atraviesa desmesuras? Y si es así, ¿no sería really wonderful (AKA realmente maravilloso) que los excesos de cada uno quedarán siempre dentro de cada uno, sin posibilidad de impurificar los oídos de cualquiera que camine con esa indolencia perfecta que proporciona saber que su cerebro deicida y su uso del lenguaje siguen funcionando con perfecta normalidad? Y que conste que con lo de deicida no he querido expresar que la religión, cualquiera de ellas, o los que las aceptan y siguen como si fueran borregos (o corderos), tengan algo que ver con la imbecilidad y algunos de sus muchísimos misterios.
De todas formas siempre he pensado que ojalá existiera un inmenso táper donde pudiera meter a todos los que trafican con los dogmas, las doctrinas y los actos de fe. Claro que de la misma manera en ocasiones he pensado que igual sería mejor que existiera un táper del tamaño de un féretro, donde pudiera meterme yo acompañado de algunos libros y tres o cuatro películas de Béla Tarr.
En realidad no pensaba escribirte. Ya sabes que uso los domingos exclusivamente para lloriquear en mi inmensa intimidad. Si lo he hecho es porque, de alguna manera, necesitaba ponerme en contacto con alguien que sea lo suficientemente inteligente como para contestarme con un «te comprendo perfectamente, pero sécate las lágrimas, por favor». Si no fuera por ti y por esos otros ateos superiores que me vigilan para que no cometa una locura, mi vida sería más asquerosamente insoportable de lo que es actualmente. Y si bien soy incapaz de imaginar una existencia más vacía, sé que estoy en condiciones, tanto físicas como emocionales (o morales), de enviar a cada uno de los 7700 millones de personas que habitan en el planeta a tomar por culo una vez más.
Estoy convencido de que mi invitación les encantará a la mayoría.
G
