Email del 19 de septiembre 2022

Roberto Ferri. Resurrezione (2020)

Vae puto deus fio

Habría sido capaz de todo¹. Pero no siempre todo significa por entero o en conjunto². En ocasiones mis «todo» y mis «nada» se complementan, por lo tanto, podría haber sido capaz de nada. Y eso fue lo que sucedió: no hice gran cosa³. Bueno, sí, protesté⁴ con cierto comedimiento y con esa manera típica, aunque discreta y sumamente hipócrita, con la que se debe desafiar a los semidioses⁵. Sabía que tenía perdida de antemano la condición y la situación⁶, por lo tanto mis circunstancias y, sobre todo, mi disposición, se pusieron en mi contra. Y una vez allí yo ya no tenía nada que hacer. Tampoco es que fuera mi porvenir o incluso mi vida⁷ en ello. Simplemente decidí comportarme como un dinámico e intrépido pusilánime⁸. Me encanta ese papel. Creo que está hecho para mí. Y cada vez que lo interpreto lo bordo⁹. Las leyes sociológicas no están desencaminadas: siempre habrá un pequeño número de imbéciles¹⁰ que se crean superiores porque perdonan. Y si quieres permanecer lo suficientemente lejos de cualquier tipo de amnistía, tienes que estar absolutamente convencido de que todo y todos te la sudan¹¹. Es terriblemente sencillo. Al fin y al cabo lo que otros puedan pensar de uno mismo no es lo que uno mismo piensa de sí mismo¹². Tampoco es lo que uno mismo cree que es uno mismo¹³ u otro mismo¹⁴.

Greg L. Pérez¹⁵

Notas:

  1. Referido al inútil acto de sobrevivir. Subsistir implica dolor. El dolor implica sufrimiento. Sufrir conlleva numerosas entradas a los centros de salud de la Seguridad Social y numerosas salidas de estos con uno o varios papelitos en la mano (o en el bolsillo). Son las llamadas recetas. Estas se canjean en las farmacias por medicamentos. Una gran parte de estos fármacos solo producen cosquillas en el píloro, sin embargo el resto trasforma en zombis submongoloides a los pacientes-víctimas que los ingieren.
  2. Algunos creen que Todo es una especie de sentimiento fascinante, un arrebato causado por una intensidad específica, una elevación y un éxtasis. Yo, sin embargo, estoy convencido de su banalidad, su intrascendencia. ¡Entre ambos criterios existen tantas derivaciones! Quizá sólo los que puedan mantenerse en un lugar alejado del punto de partida o de convergencia, sean capaces de vislumbrar esa objetividad que yo renuncio a aprovechar. ¡El Todo es confuso! Tratamos de permanecer al lado de quien proclama al viento cada una de nuestros maravillosos todos en forma de bondades, pero huimos como posesos cuando nuestros padres nos gritan. Somos fragmentos desperdigados que esperan ser recompuestos. ¡Mentimos, delatamos, justificamos! Falsificamos nuestras sensaciones con el extraordinario propósito de obtener una indemnización, pero, al mismo tiempo, nos sentimos importantes, exclusivos y únicos.
  3. Creo que soy un tipo relativamente coherente, pero en demasiadas ocasiones me frustro terriblemente al no ser comprendido y en ese estado me siento incapaz de hacer nada, excepto escribir, por supuesto siempre que estemos convencidos de que escribir significa no hacer nada en absoluto. Las palabras están al servicio del que las organiza, bien sea en forma hablada o por medio de la escritura. Y estructurar frases con el único propósito de que sean entendidas o interpretadas implica esfuerzo y tiempo. Conozco a demasiadas personas que hablan por hablar, es decir, para justificar sus existencias. Inculpan, determinan y juzgan, pero nunca entienden, intuyen, y mucho menos, asimilan. Los niveles de significados de sus locuciones se encuentran tan dispersos como las partículas de un coloide. Cuando intento acercarme a ellos mirando al mundo a través de sus ojos, tiendo a ver todo borroso, difuminado, básicamente distinto.
  4. Si se me acabaran las ganas de reprochar, trazaría una circunferencia sobre la tierra empapada de agua y viviría dentro. Me convertiría en un extraño, pero seguramente alcanzaría unas cotas de bienestar de las que ahora carezco. Si cada una de las palabras que a veces me acarician suavemente desaparecieran llevadas por el céfiro, gesticularía hasta estrangular sus pretendidos significados. Si pudiera, si pudiera. No puedo. Lo intento. Os juro que sigo intentándolo. Pero el espacio que media entre dos sucesos es un cercado insalvable. Prefiero esperar junto a la puerta, preguntándome si el castigo es proporcionado, o si por el contrario, merezco otra jodida oportunidad.
  5. Cuando presto atención a las reacciones de los que se creen únicos, pero que en realidad son unos auténticos imbéciles, advierto claramente que son unos auténticos imbéciles. Y después de concluir que son unos auténticos imbéciles, suelo quedarme pensativo y, a veces, me pregunto: «¿qué hago yo perdiendo el tiempo analizando a unos auténticos imbéciles? ¿Me habré convertido también en un auténtico imbécil? ¿Por qué no me dedico a intentar cambiar mi Aquí y Ahora? O por lo menos, ya que estoy convencido de que mi presente se agota, ¿por qué no preparo un buen final a toda esta farsa en que se ha convertido la existencia, rodeado de tantísimos auténticos imbéciles? Pero casi nunca me respondo. Es imposible encontrar una respuesta sin sentir que debes algo a nadie, o que nadie te debe nada, porque algo es demasiado poco. O que nadie es nada, y que yo soy una conjunción específica de varios, algunos, y suficientes. No quiero sentirme tan vacío, pero admito que jamás he necesitado sentirme colmado. He caminado por el lado equivocado sin saber que todos y cada uno de los lados son incorrectos, erróneos, inexactos. Por esa razón ya no me muevo. Simplemente permanezco sin saber si existe una determinada razón. Ni siquiera cierro los ojos. ¿Serviría para algo? ¿Transformaría mis circunstancias? Soñar despierto es una ocupación extenuante e inútil, pues ninguna de las representaciones alteradas que se forman en mi cerebro permanecen el tiempo suficiente como para que el experimento me sobrecoja.
  6. En ciertos instantes es demasiado tarde para fingir, para compartir. Demasiado tarde para moldear un rápido arrepentimiento o una súplica delatora. Demasiado tarde para aislar los murmullos permanentes. De cualquier manera, estoy demasiado asqueado como para pretender que ocurra algo.
  7. Distingo dos clases de vida. Una me provoca ansiedad en Technicolor y en sesión continua. La otra está supeditada a mis impulsos sádicos. Esos estímulos despiadados transforman mi tolerancia inocente e inmaculada en delirios repletos de imágenes de sangre, dolor y peladillas de Casinos.
  8. Supongo que la única salida que me queda es convertirme en una especie de kamikaze solitario y echarme a la calle a golpear a alguno de esos hijos de puta con piedras y palos mientras grito «Tora Tora Tora». Podría ser más patriótico y hacerlo al estilo ibérico, pero me siento más japonés, africano, neozelandés o incluso marciano que hispano.
  9. Me gusta bordar y me gusta bordar. La primera acepción del verbo me entretiene, aunque debo hacerla a escondidas, pues si no los pocos amigos que todavía me quedan terminan insultándome y comparándome a una campesina vieja y paleta. La segunda, es decir, la que significa realizar cualquier cosa con talento y perfección, sencillamente, me define, me delimita, me constriñe, y en ocasiones, me estriñe.
  10. ¡No! No quiero pertenecer al club de los auténticos imbéciles. Prefiero formar mi propio club.
  11. Sin embargo, en muchos casos, ese proceso de desinterés e indiferencia o pasotismo condonativo comparativamente simple esconde una serie de particularidades marcadamente sombrías que desarrollaré en su totalidad una vez me haya convertido en cadáver y esté enterrado en una fosa común.
  12. Porque uno mismo nunca será uno mismo. Es imposible. Esta sociedad jamás lo permitirá. Cada uno de nosotros pertenece al estado de su propio país, y este depende de las corporaciones. El estado nos suministra con cuentagotas, y cierto júbilo neroniano, prodigios serendípicos patológicos, y las corporaciones, o mejor, los OTI, organismos tóxicamente independientes, suministran a cada uno de los estados garantías y depósitos que luego son transformados por los politicastros farsantes en regalías para ellos y pan (¿integral o de centeno?) y circo (Gaby murió, pero creo que Fofito está vivito y coleando) para el resto de nosotros. Los miles de millones de «uno mismo» que se conforman con todo porque poseen televisores de altísima gama con tecnología OD Zero, QNED, LED, OLED, MiniLED y motherfuckerLED.
  13. Según Serrano Ruiz, psicólogo, antropólogo y excuidador de la cabra de la Legión, un «uno mismo» tiene algunas características principales. Lamentablemente se desconocen cuáles son ya que el autor no las cita.
  14. A menudo tengo la sensación de haber salido de un frenopático.
  15. En estos días repletos de melancolía existencial y garambainas, tengo que comunicar un acontecimiento muy importante que creo puede cambiar las tristísimas vidas de todos mis amigos y lectores. A partir del día de mañana, XX de septiembre de 2022, mis testículos cambiarán de nombre y pasarán de llamarse Victorio y Peregrino a Cástor y Pólux, siendo Cástor el derecho y Pólux el izquierdo. Si alguien tiene alguna duda o necesita una aclaración en cualquier idioma, incluido el siamés, puede ponerse en contacto conmigo por los circuitos habituales.