
Amiga mía:
Existen tres formas de teletransportar un nematelminto. Lo que no entiendo es la utilidad que puede tener mover algunas partículas o un gusano entero de un lugar a otro. Pero, ¿acaso existe alguna acción provechosa que pueda realizar un ser humano para sí mismo o en beneficio de la sociedad que no sea absolutamente inadecuada? Si exceptuamos el suicidio colectivo, claro está. Pero, si no somos capaces de convivir en total armonía, ¿cómo vamos a ser capaces de poner fin a nuestras existencias en comandita?
Hum! Creo que estoy desvariando. Ésta no es una forma correcta de comenzar un email. Lo intentaré de nuevo…
Holaaaaaa:
Ayer fotografié la parte sobrante de un relleno. He titulado a la obra maestra resultante Rebaba multiforme. Es increíble la clase de tipo extraordinario y sorprendente que puedo llegar a ser cuando no me encuentro demasiado ocupado piropeándome. Ya sabes que me encanta dedicarme cumplidos en varios idiomas. Nací educado, que más puedo decir. ¡Bueno! Podría añadir que también soy viril y apuesto, garboso, gentil y brioso. Claro que ésta es una suposición propia. Mientras vivió, mi padre nunca se cansó de repetir hasta la extenuación que las tres cosas de las que realmente se arrepentía en su vida fueron no haber conquistado las Galias, no haberse tratado su discapacidad neurológica y prestar algunos espermatozoides de dudosa calidad a mi madre. ¡No! ¡No! No me gusta. Es un inicio bastante psicótico. Desde luego poco digno de un buen comienzo epistolar.
Querida:
Si mezclas Ibuprofeno con caramelitos Smint machacados y esnifas el polvo resultante… ¡Joder! Este arranque es vicioso y manifiestamente perturbador.
Hola:
Creo que voy a mandar a la puta mierda a mi mejor amigo. Hace un par de semanas confundió «hipóstasis» con «hipótesis» y eso es algo que no puedo perdonar. Ni yo, ni la Santísima Trinidad. Por ese motivo, y entre los cuatro, hemos decidido poner fin a una bonita amistad que ha durado diecisiete horas. ¿Cómo se puede ser tan palurdo? Hasta un pingajo ascomiceto sabe que la hipóstasis es cada una de las tres personalidades en que puede convertirse ese Ser único llamado Dios cuando quiere escabullirse de un problema o una misión celestial. Porque, aunque pueda sonar inverosímil, hasta las omnipotencias divinas tienden a desaparecer cuando un conjunto de problemas de ardua solución se presentan de repente y sin haber sido invitados con antelación. Hace algunos años repudié a mi novia de entonces por confundir «etéreo» con «estéreo» y «gurrumino» con «chumin…». ¡Sí! Soy un ferviente partidario de la tendencia clasicista. Por eso soy tan partidista. Y por eso envié una carta ofensiva, humillante e hiriente a Theodore Millon dos semanas antes de que falleciera. ¡Y sabes? No me arrepiento de nada de lo que he hecho desde entonces. Ni siquiera de haber puesto la zancadilla a un renco cuando intentaba encaramarse al metro. Al fin y al cabo pudo subir a éste, aunque con la cabeza. ¡Y encima tuve que soportar los insultos del resto de viandantes! Algo no funciona bien en los cerebros humanos. ¡Cuánto me gustaría ser un zombi que se alimentara de seseras! (Nota: No debí volver a revisar la peli No profanar el sueño de los muertos).
Hola, nena:
La opinión de que la nada y el ser son esencialmente indeterminados, ya que ambos comparten la misma falta de determinación, me parece una memez. Hegel debería estar depresivo cuando formuló dicha teoría. Te pondré un sencillo ejemplo: yo soy, pero soy nada. La Nada es hermosa, sobre todo cuando aparece de improviso y engalanada de circunstancias imperceptibles. Pero si posee el don de manifestarse a su antojo y meter en un lío a un individuo -me refiero a un ente que piense y sea capaz de llegar a algunas conclusiones- no entiendo cómo es posible situarlas en un mismo nivel. La Nada implica inexistencia. El Ser incluye un montón de facturas y algunas conversaciones estériles. Pero supongo que debo estar agradecido a Georg Wilhelm Friedrich Hegel, pues una vez planteada su teoría se fue de putas y no regresó a su hogar hasta pasados cinco días, mientras que Bergson quiso rizar el rizo y propuso que la idea de la nada es una pseudo-idea. Cuentan sus discípulos que el tipo se sintió tan realizado que desde ese instante prohibió a cualquiera que se hallase en su presencia pronunciar las palabras «Burdégano» y «escopaestesia» si antes no se había lavado tres veces los pies con sales marinas. Sin embargo, Heidegger, en lugar de meditar qué es la nada, se atrevió a aclarar que preguntarse por qué (cojones) hay una nada es de asnos y sugirió que deberíamos profundizar en la inexistencia de esa nada. Luego, unos años más tarde, Sartre corrigió a Heidegger manifestando sin el menor recato que la nada existe por su propia nada. Y tras quedarse relajado con su elucubración, se preparó una Vichyssoise y se la regaló al catador de alimentos para perros que se acostaba con su casera y se alejó del mundo durante nueve segundos. Según su biógrafo, Antoine Morandé, Jean-Paul se sintió tan sólo durante ese breve lapso de tiempo que consideró que el ser humano está «condenado a ser libre» y que «la existencia precede a la esencia».
Amiguita del alma:
Mi médico dice que padezco el Síndrome de inestabilidad masculina. Mi frutero piensa que soy tan raro como un mangostán. La mayor parte de mis vecinos están convencidos de que deberían echarme del edificio. Mi prostituta preferida se queja de que ha perdido a uno de sus mejores clientes. Pero en algún lugar de ninguna parte hay un ser que todavía piensa que puedo llegar a convertirme en poco, insuficiente o nada. Y yo estoy prácticamente de acuerdo con él.
GED
P.D.: En pro de la claridad expositiva, en mis textos sucesivos, si es que los hay, me llamaré siempre GED (Greg, el errabundo desnortado). Por lo menos lo intentaré.