Email del 11 de abril 2023

Rene Magritte. The voice of space (1928)

Amiga:

La vida real, es decir, la que nos toca justificar a ti, a mí, y al resto de figuras que se trasladan de un sitio a otro con aparente indiferencia, no es más que un vulgar experimento. ¡No puede ser otra cosa más que un vulgar y jodido experimento! Me niego a creer que detrás de todo este sistema de juegos individuales, apretujados en una especie de gran conjunto exclusivo, y con un diseño tan imperfecto e insustancial, se esconda un milagro biológico o incluso la obra maestra de un Creador con un talento extraordinario. Te voy a confesar lo que yo pienso que significa toda esta farsa, o por lo menos voy a intentarlo, porque lo que yo creo que es la pura realidad es bastante más complicada que la versión ofrecida y doblada a múltiples idiomas para satisfacción del vulgo más interesado.

Todo lo que somos pertenece a Hymnas, que es como se conoce al gran Ixodoideo, creador y señor de todo lo que existe, lo que no existe y lo que es factible que pueda llegar a existir en algún momento del Jusriasih, que no es más que una pequeña parte de la inexistencia que se esconde dentro de la verdadera existencia. El Jusriasih fue creado por la imagen ficticia de Hymnas cuando se reflejaba en la antimateria, y no pertenece a nadie. En ocasiones se lo disputan Yuoselig y Fandnasam, los hijos de Sabadagh, el hermano del Gran Ixodoideo. Pero deberíamos retroceder hasta justo antes de lo que terminó llamándose «la inmensa permuta del deuterio» para poder construirnos una imagen de lo que ocurría en la parte superior del cuerpo de Layahs «el Desheredado». Las razones nunca quedaron demasiado explicadas, pero sí el horrible resultado: la muerte somática de todas las cantidades y proporciones y el encubrimiento de cada una de las porciones. Algunos incriminaron a Fandnasam y el resto a Yuoselig, pero en realidad todo se debió a los celos de Grafsma y al ansia de linfa de su concubina Kilanssin. Grafsma no tenía el valor suficiente para negarle ninguna atrocidad y Kilanssin se aprovechó de la ocasión. A partir de ese instante todo se convirtió en todo, pero no en el todo que Yuoselig, Fandnasam, Layahs «el Desheredado», Grafsma y la misma Kilanssin habían intuido, sino en un todo discorde y excepcional que cambió para siempre el cielo raso de las hipotéticas consecuencias débilmente perpetuadas y, sobre todo, del resto de los restos de los restos de los restos de los restos…

Lo que a partir de ahí aconteció, todos lo conocemos.

Greg Lópezcraft