Email del 30 de mayo 2023

Amiga mía:
Nunca he podido controlar el tiempo. Me sucede algo parecido con el espacio. Intento definir ambos conceptos y lo único que sale de mi boca es un estertor. Tengo un amigo que piensa que lo mío no tiene solución. Está convencido de que algún engranaje de mi cerebro está tan oxidado como el de Alonso Quijano. Quizá tenga razón. Supongo que él debe sentirse como una especie de William James Sidis y por esa razón presume de su absoluto control. Pero la realidad es muy diferente. Hace unos meses, o unos años, o igual no ha sucedido nunca y se lo está imaginando mi cerebro, mi colega tuvo una gran bajada emocional de la que se culpaba a sí mismo. Su novia, rubia pero inteligente, intentaba relajarle de la única forma que conocía, es decir, a base de cantidades industriales de sexo del bueno, pero sin sentimientos. Cierto día Gabriel, que es como se llamaba ese sujeto, se largó sin despedirse de nadie y alquiló un pequeño apartamento-cuchitril en una pensión asquerosa y se dedicó a escribir cartas a su pareja. Las cuatro primeras han desaparecido. Supongo que alguno de los dos intérpretes principales creyeron que eran banales o que carecían de alguna clase de valor objetivo. Pero afortunadamente todavía se conservan las seis siguientes y sus respectivas contestaciones:
-CARTA NÚMERO 5
(Enviada el 23 de febrero de 2009)
Isabel:
Te quiero. Ya sé que empezar un texto de esa forma no es demasiado original. Pero, ¿cómo diantres debería hacerlo? Te quiero. Te amo. Puede parecerte cursi. Si es así, te pido perdón.
Supongo que estos días pensarás que algún extraterrestre ha tomado mi cuerpo y por esa razón me comporto de una manera extraña. Te aseguro que mis órganos fundamentales son los mismos y que todavía están gobernados por ese tipo zumbado llamado Gabriel. ¿Sabes? Sólo conversando se arreglan las cosas. ¡Es un hecho! Quizá lo que sucede entre nosotros sea algo normal entre parejas. No lo discuto. De hecho estoy completamente seguro. Pero yo no puedo conformarme. Eres la mujer de mi vida, no otra mujer más. ¡No otra relación más! Te he esperado casi 40 años. ¿Te acuerdas de la magia que había entre nosotros hasta hace menos de una semana? Todo el mundo la podía ver, sentir. Esa magia aún existe, pero como no hagamos algo, se perderá. Cariño, yo no puedo aceptar que eso suceda.
Esta relación es especial. Deberías saberlo. Alguna fuerza superior, en algún recóndito lugar del cosmos, ha ordenado a la diosa casualidad que nos uniera para siempre. Créeme, esa deidad jamás se equivoca. Nos ha juntado para que sigamos resplandeciendo y rielando entre nosotros y sobre el resto del mundo. Me fastidia que ciertos elementos humanos quieran romperla por simple maldad gratuita o celos. Ya sabes: si no eres mía no serás de ese tipejo enjuto con aspecto de depurador de responsabilidades, ni del siguiente. Me jode que no me toques, porque me hace suponer que mi cuerpo, por primera vez desde que tengo relaciones, no le gusta a alguien. ¡Espero que sea una tonta y errónea suposición mía!
Tómate unos minutos y mira las fotos que nos hicimos hace un par o dos de semanas. Si lo que ves no te gusta, o piensas que no es especial, dímelo y desapareceré de tu vida para siempre. Si por el contrario estás de acuerdo en mi percepción y quieres pasar a mi lado el tiempo que tú creas necesario, muéstrame una sonrisa. Pero una sonrisa Isabel. Ese tipo de sonrisa que me convence de que soy humano y no vegetal; que sofoca mis problemas convirtiéndolos en sensaciones difíciles de definir. Esa sonrisa dulce y picarona que desaloja de mi interior lo mejor que guardo. Y que es para ti.
Voy a terminar este texto de la misma forma que lo comencé, es decir, en plan tontín, pero es lo que me sale del corazón. Y yo no puedo permitirme desautorizar a ese gran músculo que determina mis acciones.
Te amo
-RESPUESTA
(Recibida y enviada el 26 de febrero de 2009)
Amor:
Tu texto no es nada original y tus palabras no son tontitas, simplemente son subnormales. Déjate de rollos idiotas y ven a mi cama. Está muy muy fría. No comprendo qué es lo que te sucede. ¿Mi chico está enamorado? Pobrecito. ¿Qué quieres que te diga? Yo prefiero tener cierta parte de tu anatomía dentro y dejarme de idioteces. ¿Para qué sirve estar enamorado? ¿Te gusta sentir ese despreciable cosquilleo recorriéndote el estómago? Pues a mí no. ¡Me recuerda a un cáncer! Y ya sabes que en mi familia ese tema es tabú. Mi padre murió de cáncer. Mi madre murió de cáncer. Mi hermano Manuel murió mordisqueado por varios perros salvajes, pero tenía cáncer terminal. Mis tíos murieron de cáncer. Lo mismo les sucedió a mis cuatro abuelos y a una prima hermana.
¿Relación especial? ¿A lo nuestro le llamas relación especial? Tú no distinguirías una relación especial de una insuficiencia orgánica. Aunque lo que me ha hecho llorar lágrimas de incredulidad ha sido leer esa frase tan relamida sobre la diosa casualidad. ¿Te estás medicando, cielo? El aripiprazol o la clozapina no son buenos. Mi sobrina murió enganchada a los antipsicóticos. Mi hermana Marisa falleció mientras intentaba volar de un edificio a otro estando bajo los efectos del kif y algo similar le sucedió al hermano de la sobrina de mi abuela Nicanora.
He estado contemplando nuestras fotos. Y he visto a una chica guapa sonriendo a un badulaque. Es una lástima que salgas en casi todas, pues sigo pensando que fastidias mi imagen. Me hace gracia lo de la «sonrisa Isabel». Pero viniendo de un pirado como tú, debe de ser una especie de mensaje en clave.
Mi cama te espera, chato. Pero no por mucho tiempo.
-CARTA NÚMERO 6
(Enviada el 26 de febrero de 2009)
Isa:
Aparte de ti, nunca nadie se había atrevido a llamarme subnormal. La verdad es que no me importa. ¡Estoy tan enamorado! No voy a entrar en discusiones banales sobre las enfermedades que se llevaron por delante a la práctica totalidad de tu familia, aunque doy gracias a Dios de que haya respetado tu salud. De momento…
Lo nuestro es una relación especial porque para que eso suceda han de darse varios factores al mismo tiempo. Otro día me extenderé en esta cuestión. Ahora sólo quiero decirte que eres mi vida; y que la mía te pertenece al completo. Pero no mi pene. A ese lo tendrás cuando canalices tus sentimientos.
Te necesito
-RESPUESTA
(Recibida y enviada el 1 de marzo de 2009)
No puedes llegar a imaginar cómo odio tu afición a escribir por carta. Comprendo que seas un monstruo prehistórico, pero desde hace muchos años existe algo llamado email. Es más cómodo e infinitamente más rápido. Y no me obliga a saltar de mi silla con dirección al estanco. No es que me desagrade hacerlo, incluso me gusta. El dependiente está verdaderamente bueno y me pone todo tipo de caritas amables. Creo que pronto te sustituirá en mi colchón de látex. Tú decides.
Me ha entusiasmado lo de tu pene y la canalización. Sólo a un chalado se le ocurriría bautizar a su minga como «Dafne». Mis sentimientos siguen un curso salvaje y NO CANALIZADO. Si alguna vez siento deseos de encauzarlos, llamaré a un albañil. Ahora te dejo. Tengo que ir al estanco.
Mi cama te sigue esperando (Y a Dafne).
-CARTA NÚMERO 7
(Enviada el 2 de marzo de 2009)
Mi amor:
Escribo en papel porque en el tugurio donde me encuentro no existe conexión a la red. Y porque es más humano. Más emocional. Te quiero. Te quiero. Te quiero. Me importa poco que te guste el estanquero. Hasta donde yo sé, ese tipo es gay. Conozco a su novio de ahora y al anterior. No olvides que vives en mi casa y que el colchón de látex es de mi propiedad. Lo compré en unas rebajas por la tele y me regalaron dos pares de sábanas bajeras y una almohada con forma de mariposa. La misma almohada donde descansa a veces tu hermosa mata de pelo dorado.
Puse «Dafne» a mi pene en honor a Jack Lemmon en Con faldas y a lo tonto. Hasta que cumplí los 25, «Dafne» se llamaba «Triturín». Luego fue «Aaaahhhh» durante un corto periodo de tiempo, hasta que al fin di con el nombre que ahora luce con desparpajo y salero. Y se quedará así hasta que sea incapaz de levantarse y saludar a una dama.
Eres mi tesoro. Lo sabes. No pienso ir hasta que me quieras. Puedo permitirme malgastar algo de mi tiempo. Ya sabes que soy doce años menor que tú. Dentro de ese lapso de tiempo yo estaré en plena forma, sin embargo a ti tendrán que trasladarte en camilla. Si te traslada el estanquero, el albañil o yo, es algo que sólo tú puedes decidir.
Eres mi todo
-RESPUESTA
(Recibida y enviada el 6 de marzo de 2009)
Querido Triturín:
Con faldas o sin ellas, yo soy una dama y tú sí que eres tonto. La peli que citas se llama Con faldas y a lo LOCO o Some like it hot (in english). Hot está mi vagina vacía. Como veo que no te interesa rellenarla, he decidido pintar las paredes del dormitorio de color amarillo. Es el tono preferido de Ricard, el amante del novio del estanquero gay. Richi (o Ricard) es bisexual, aunque según me dijo la otra noche, contemplar mi cuerpo desnudo le ha hecho abrazar para siempre la heterosexualidad más indómita. Por cierto, él también tiene esa afición tan masculina y degenerativa de poner nombre a la picha. La suya atiende al nombre de «Colisión».
Desde luego no te equivocas al calcular mi edad. Soy once años y cuatro meses más mayor que tú. Pero cuando a mí me tengan que trasladar en camilla tu estarás en la morgue. Mis amigas siempre han creído que eras mi padre cuando les he enseñado algunas fotos. Una incluso me dijo que no podía comprender que de un tío tan feo saliera una chica tan guapa e inteligente como yo. ¡Es lo que hay!
¿Vas a quedarte en ese antro toda la vida? Si es así deberías poner la casa a mi nombre. ¡Piénsatelo, amor!
-CARTA NÚMERO 8
(Enviada el 6 de marzo de 2009)
Cielo:
Conozco a Ricard. Intentó darme un morreo en una fiesta en la que coincidimos. Como rechacé sus insinuaciones acabó liándose en el retrete con uno de los hijos de la anfitriona. Al descubrirlos ella haciendo contorsiones complicadísimas en un sitio tan incómodo y diminuto les invitó a ambos. A su hijo, a firmar por varias sesiones de electroshock en una clínica privada y a tu amigo y su pequeñaja «Colisión» a no volver a acercarse a esa mansión a menos de 50 km de distancia.
¿Tus amigas son ciegas? Si son capaces de confundirme con tu padre, que lleva años muerto por culpa de un puto cáncer, serán capaces de contar cada una de las arrugas que surcan tu rostro. ¡328 enumeré la última vez! Aunque creo que me desconté cuando llevaba 323. ¡Eso sí! la tercera parte de ellas son perfectas en su materialización y desarrollo.
No puedo (ni querría, si fuera posible) cambiar el nombre del propietario de la casa. La heredé de mi abuelo Cosme y todavía está a su nombre. Claro que si te haces pasar por anciano y cuela en el Registro de la propiedad te la regalo desde hoy mismo.
-RESPUESTA
(Recibida y enviada el 6 de marzo de 2009)
¡Estoy embarazada! Creo que tú eres el padre, pues aunque la criaturita debe ser poco mayor que una almendra, putea de una forma que me recuerda a ti. He decidido abortar comiendo varios kilos de patatas podridas, así que no vale la pena rogarte que vuelvas para encargar otro. Eres tan frío que ni siquiera te afecta la descendencia bilateral. Creo que estoy empezando a quererte por lo que pareces y no por los milagros que hace conmigo Dafne.
Vuelve, por favor…
-CARTA NÚMERO 9
(Escrita el 9 de marzo de 2009 – No enviada)
Querida Isa:
Es difícil que esa almendra fuera mía. Me hice una vasectomía cuando volví de la mili. ¿No serían flatos?
Te amo
-CARTA NÚMERO 10
(Escrita el 10 de marzo de 2009)
Querida Isa:
Si piensas que esa frutita seca (almendrita) era en parte mía, deberías peregrinar al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes. Quizá no recuerdas (ay, la edad) que una vez te conté cómo me había vasectomizado cuando regresé de hacer el servicio militar. Seguramente no te enteraste porque estabas muy ocupada cortándome repetidamente para explicarme lo maravillosa y especial que te sientes.
Pero vayamos por partes: ¿Crees que me quieres por lo que parezco? ¿Y a qué me parezco? ¿A un hombre o una cosa? ¿A un pirado o a un tasajo? No creo que ni tú lo sepas. Nunca te ha importado nadie que no fuera Isabel. ¿Recuerdas cuando estampaste uno de mis zapatos contra el espejo del recibidor porque te resaltaba algunos defectos? ¿Recuerdas que al día siguiente intenté ponérmelo y me clavé un trozo de vidrio? Pues así es como veo ahora nuestra relación.
He conocido a una mujer excepcional. Por una de esas aterradoras coincidencias de la vida también se llama Isabel. Y es rubia como tú. Y tiene 12 años menos que yo y 279 arrugas menos que tú. Voy a empezar una nueva vida con ella. Ya no te necesito. Ni siquiera «Chispita» (Aka Dafne) te necesita. Puedes quedarte con el piso y montar una orgía continua en él. No me importa en absoluto. Cuando recibas esta carta habrán sucedido dos hechos importantes: el primero es que me habré mudado. El segundo, y no menos importante, es que me habré comprado un ordenador portátil Samsung. Como no voy a escribir el remite en el sobre, me siento fuerte para escribir lo que pienso. Y pienso que estás enferma de autopasión.
Olvídame, amor. Si me falla la nueva relación volveré al piso o me haré budista.
Ex nihilo nihil fit
Email del 30 de mayo 2023 Leer más »



