Email del 22 de mayo 2023

Rudolf Kosow. Miracle (2018)

Heil freund!

Estoy escribiendo una novela corta en la que el personaje principal, un tipo del montón, se masturba desde la página 4 hasta la 566. A partir de la página 567, el protagonista contrata a una mujer de vida licenciosa para que le masturbe, ya que se ha vuelto vago de repente. Esa mujer le masturba de varias formas diferentes hasta la página 984 en que deja de masturbarle por un problema de vértebras. Durante las siguientes 76 páginas nadie masturba al héroe, que aburrido de su existencia medita seriamente con suicidarse, pero súbitamente, es decir a partir de la página 1060, alguien (un personaje secundario) le regala para su cumpleaños una máquina eléctrica masturbadora y él vuelve a encontrar un sentido a su existencia, así que la utiliza día y noche hasta la página 1226 en que la compañía hidroeléctrica le corta el suministro por tener varias facturas pendientes. Presa del pánico, el protagonista sale a la calle agitando con un brazo la mano de látex de la máquina eléctrica masturbadora y cae muerto cuando un policía le dispara al confundirlo con un bisonte de la pradera. Todavía no tengo perfilado el capítulo final, pero supongo que será esperanzador.

Un escritor nunca debería ser juzgado por sus mejores textos, sino por aquellos que pudiesen provocar el vómito a los lectores. De la misma manera, ningún artista debería ser encumbrado sin antes haber sido pisoteado o apaleado y sus obras destruidas total o parcialmente. Cualquier cuadro, fotografía, texto literario o film que pudiera encajar en los gustos del público, debería ser desencajado con premura, para después ser encajonado y tirado al mar. Y con ellos, parte de ese público que se dejó encajar, pero sin encajonar, empujados de uno en uno desde un sucedáneo de roca Tarpeya construida para esas ocasiones.

Y ahora me retiro al sofá, pero no al monoplaza o al biplaza, sino al triplaza. Así estiro las piernas.

Greg Von Benimacletessen