Recuerdo que de las paredes de su casa colgaban multitud de instrumentos musicales, sobre todo sarrusófonos, helicones, heckelfones y fliscornos. Cuando le pregunté si sabía tocarlos todos se encogió de hombros y puso una cara muy graciosa. Le volví a arrojar la pregunta como si fuera un flotador y entonces contestó que no, que pertenecieron a su exmarido, un músico que tocó en algunas de las mejores orquestas sinfónicas del planeta. Como yo soy de los que interrogan e interrogan hasta llegar a un punto decididamente odioso, insistí en conocer el motivo por el que se los había dejado a ella. Su respuesta fue determinante: falleció cuatro años antes, por esa razón me había dicho que eran de su ex. Y añadió que si quería follármela, y veía en mis ojos que sí, que me quitara la idea de la cabeza, pues se estaba reconvirtiendo a pasos agigantados en una valiente misoandriática (sic). Obviamente yo negué con la cabeza que esa fuera mi intención, pero ella respondió quitándose la blusa y el sujetador a una velocidad supersónica. Luego se despojó del resto de ropa y me ordenó que le metiera la boquilla de uno de los fliscornos, el que yo quisiera, por la vagina. Así lo hice, creyendo que era una forma de masturbación realmente extraña, sin embargo, y lo que es más importante, sin solicitarme el nombre de una pieza musical, comenzó a tocar un solo extraordinario. ¡Con el chichi! Por supuesto, y según me susurró telepáticamente, perteneciente al Concierto para fliscorno en re mayor compuesto por Gregory Mazarrón, su exmarido y único hombre al que había amado en la vida.
Cuando terminó de interpretar la pieza aplaudí, vitoreé y pedí un bis que me fue denegado. Ella se vistió y me echó de su casa sin miramientos.
Normalmente mis sueños están formados por bucles progresivos saturados de imágenes y símbolos arcanos e incoherentes. De todos esos sueños, hay uno que se repite desde la adolescencia. Lo llamo el sueño de la almorrana mecánica, aunque a veces la almorrana mecánica es sustituida por un dedo hiperrefléxico eléctrico. Intentaré resumirlo de la forma más sencilla posible…
Camino por una calle estrecha abarrotada de gente. De repente una almorrana patológica mecánica de grado IV totalmente prolapsada y de unos cuatro metros cuadrados baja desde el cielo gracias a un mecanismo imposible de comprender para nuestra naturaleza terrestre e intenta entrar dentro de mis pantalones por una de las perneras con vistas a situarse donde suelen descansar las hemorroides. Debido a su descomunal tamaño, el tejido submucoso mecánico me desgarra el pantalón y durante unos segundos la gente puede ver parte de mis testículos, lo que les produce risa, jolgorio y farra, y a mí me sumerge -cuando me despierto- en una depresión que suele durar varias semanas.
El último psicólogo al que visité me dijo que no me preocupara, que mientras la almorrana mecánica no se sintiera amenazada no me atacaría, pero que sería más seguro para mis sueños futuros que llevara siempre conmigo un gran tubo de pomada rectal con acetato de hidrocortisona. Después me pidió que le abonase los 110 euros de la consulta y me deseó suerte, prosperidad y feliz año nuevo, aunque estábamos en julio.
Algo me despertó. Algo que había en mi habitación me despertó. Hubiera preferido dormir un par de horas más, pero un ruido casi imperceptible aunque desconcertante, que provenía de algún lugar debajo de la cama, me sumió en una especie de angustia que se avivó cuando traté de dilucidar qué sería capaz de provocarlo. Me quedé tumbado, inmóvil, mirando al techo y esperando encontrar alguna respuesta. De repente, el ruido cesó por completo. El silencio se disolvía por cada pared, cada esquina, baldosa, armario. Un silencio extraño, entrometido. Un silencio hiriente que parecía haber sido ordenado por una entidad desquiciada únicamente para demostrar los beneficios de los crujidos, de los chasquidos, del alboroto y estrépito que habitualmente nos convencen de nuestra inmaculada y falsa perennidad. Mientras procuraba encontrar una explicación coherente que tranquilizara mis nervios, el ruido comenzó de nuevo. Intenté bajar de la cama pero las piernas no me respondían. Agarrando con fuerza un lateral del somier me deslicé hacia un lado. Quería ver qué clase de engendro demoníaco, de éste u otro mundo, alteraba mi descanso, mi juicio, mi espíritu, mi ánimo. Pero no pude hacerlo. Cuando estaba a punto de descubrir el secreto que se ocultaba justo debajo de mi cuerpo, separado de mi piel por un par de palmos de tela, metal y madera, el edificio se vino abajo. Ahora estoy en el hospital y dos policías se acaban de marchar, después de haber estado atosigándome durante un buen rato. Querían saber por qué razón no había abandonado el inmueble hacía siete semanas, cuando se dictó la orden de demolición.
1-El círculo no se romperá Después de desayunar mi acostumbrado café tocado con dos o tres gotas de un mejunje que preparo a base de efedrina, etomidato y flujo vaginal, abrí la ventana y me dirigí a la chusma que caminaba por la calle. —¡Escuchadme todos! ¡Hasta que el bosque de Birnam no se mueva hacia Dunsinane, no puedo experimentar ningún temor! Entonces volví a sufrir esa brutal jaqueca que aventuraba otra terrible recaída. Y terminé en una fría cama aprisionado por dos correas como si fuese la criatura de Frankenstein. —¿Cómo se encuentra? Soy el doctor Bernabé. Está usted en el Centro de Salud Mental asociado según la dirección postal de su domicilio. —¡Doctor! ¡Usted es el doctor Bernabé y yo estoy en el Centro de Salud Mental asociado según la dirección postal de mi domicilio! —¿Cómo se encuentra? —¿Cómo se encuentra usted, doctor Bernabé? —¿Recuerda lo que le ha sucedido? —¿Me ha sucedido algo? Durante dos semanas no se me permitió salir de la habitación, aunque el último día, mientras esperaba que el doctor Bernabé firmara el alta, me dejaron caminar de un lado a otro del pasillo principal. Allí es donde llegué a la conclusión que dirigió mi existencia a partir de ese momento: por más hierbas que arranque, no se acabarán nunca…
2-Pieza teatral de bajo presupuesto ACTO I «¡Soy el empalador sexual, nena! ¡Jajaja, te voy a empalar!» —¡Odio ese despertador! Podías haber grabado otro mensaje. —¡Y qué más da, nena! Fue lo primero que se me ocurrió… —¿Lo primero que se te ocurrió? Es denigrante para mí. ¿Te gustaría que grabase uno que dijese «¡Levanta ya, gilipollas pichacorta!» —Caray, nena, no te pongas así. Ya hace casi un año que nos sirve para despertarnos y nunca has dicho nada. —Por esa razón te lo digo ahora. Estoy harta de empalamientos. Me siento una víctima de Vlad Tepes. ¡Cámbialo ya! ¡Ahora! Cuando salga del váter quiero que esté grabado uno nuevo! ¡Y normal! —¡Vale, nena! Ahora me pongo a ello.
ACTO II —A ver… ¡Pónmelo que lo escuche! «¡In nomine dei nostri satanas luciferi excelsi. Potemtum tuo mondi de Inferno, et non potest Lucifer Imperor!» —¿Pero qué coño de idioma es ese? No entiendo nada. Casi prefería el otro mensaje. ¿Y por qué has puesto esa voz? ¡Me da miedo! —Pero nena, yo no se… Yo no he grabado eso. Yo… yo había grabado «¡Nena, te quiero más que a mi mami!». Debe haber sido una interferencia… Espera, voy a ponerlo otra vez… «¡Satan omnipotens in nostri mondi. Ave Satani, Salve Satani, Ave Satani!» —¿Ha dicho Satani? ¿Satanás? —No, nena… creo que era salami… —¡Ha dicho Satani, lo he escuchado perfectamente! ¡Ponlo otra vez…! «¡Reinus Glorius en in Terra eregius. Luciferi Imperator omnipotens!» —¿Pero qué está pasando? ¡Vuelve a poner el mensaje de los empalamientos! Lo prefiero a este! —Está borrado, nena. Se borró cuando grabé el nuevo. ¡Mierda! Ya no me deja grabar encima. Este cacharro se ha estropeado. De ahora en adelante tendremos que despertarnos con este mensaje! —¿Pero qué mensaje, imbécil? ¡Cada vez que lo reproduces es diferente! Y es satánico. ¡Dios mío! ¡Y esa voz! —Pues, nena, tendremos que acostumbrarnos. ¡No vamos a gastarnos 100 euros en otro jodido despertador grabador! —¡Te acostumbrarás tú! ¡A partir de esta noche tú y ese despertador grabador satánico de 100 euros dormiréis en la salita! ¡Y no quiero escuchar ni un comentario! ¡Y deja de toquetear ya ese trasto! «¡Satani omnipotens in nostri mondi. Domini agimas Iesus nasareno rex ienoudorum!»
FIN
3-Detergente Navarrete A la atención del señor Navarrete:
Con referencia a su vacante como representante jabonero publicada en su web Navarrete o la limpieza química y sus misterios el 13 de noviembre del presente año, les ruego consideren, a la vista del asombroso currículum vitae que les adjunto, la posibilidad de una colaboración profesional.
Dada mi formación en el campo de la higiene prostibularia, así como la amplia experiencia adquirida en puestos más o menos similares al ofertado, considero que podría encajar en el mismo. Estoy realmente interesado en participar en su proceso de selección y clasificación, por lo que quedo a su disposición para concertar una entrevista que les permita profundizar tanto en mi formación como en mi experiencia.
Se despide atentamente, otro señor Navarrete,
Greg Navarrete
4-Normas, preceptos y disposiciones Imagínate una barca sobre el río… ¡No, nada de barcas! Imagina a una pareja de cenutrios en pleno mamihlapinatapai. De repente, algo similar a una azagaya omnisciente los traspasa. Un amigo de la dupla intenta liberarlos sujetando el astil y estirando por un lado, pero ambos están muertos. Obedeciendo la Ley 870/1999, el tipo los da de baja del listado oficial de badulaques, la relación estatal que cuantifica e individualiza el número de imbéciles que viven en cada aldea, pueblo o ciudad del país. Cuando termina los papeleos emite un ruidito semejante al que produciría un yak con una lesión en la médula espinal saltando sobre una txalaparta, y que significa que, aunque no se siente totalmente complacido, ha hecho lo que el Estado espera de cada individuo decente.
5-Descomposición y gastronomía Había que encontrar el lugar del desmembramiento. Sin embargo nadie quería encontrar el lugar del desmembramiento. El inspector Sánchez obligó al subinspector Uribe, también llamado «Murciélagus», a que entrara primero y le dijera si ese emplazamiento había sido el lugar del desmembramiento. No, no había sido el lugar del desmembramiento, y si lo había sido, no quedaban pruebas que recoger y analizar, excepto algunos pimientos secos, pues el almacén era un secadero de pimientos veratos. —¿Pimientos baratos? ¿Y qué más me da si son baratos? ¿Estás tonto, Murciélagus?. —Señor inspector, he dicho pimientos veratos. ¡Veratos! ¡No baratos! —¿Qué es un pimiento verato? —Un pimiento extremeño, señor, que gracias a un proceso muy largo y que desconozco por completo termina como pimentón en polvo. —¡Pero si estamos en Valencia! —Seguramente se trataría de contrabandistas valencianos de falsos pimientos veratos, señor. —Sigamos con lo nuestro, Murciélagus! Y siguieron y siguieron buscando el lugar del desmembramiento. En realidad siguieron buscando ese lugar durante 35 años, hasta que ambos se jubilaron. Nunca pudieron encontrar el lugar del desmembramiento, pero Murciélagus encontró un cromo muy raro de Pirri, el jugador del Real Madrid, que vendió por una pequeña fortuna en una subasta en Madrigal de la Vera. ¿O fue en Robledillo de la Vera?
6-Demasiado tarde ¡Me he sentado tranquilamente, pues espero morir muy pronto! Si no muero antes de tres días me veré obligado a salir a comprar algo de comida, algo de bebida y algo de papel higiénico. ¡Y después esperar otros tres días! Podría comprar víveres para cuatro o cinco jornadas pero entonces me cansaría trasladando las bolsas repletas a lo largo del kilómetro y medio que dista desde mi súper favorito hasta mi casa denostada. Eso sin contar que vivo en un cuarto piso sin ascensor. En realidad llevo más de una década esperando morirme. Todo comenzó el día en que mi exmujer se casó con el exmarido de mi exmarido y mi exmarido se arrojó desde un puente y falleció picoteado repetidamente por los patos. Quiero decir… no me importó demasiado que se intentara suicidar, y menos que se lo cargaran los anátidos. Lo que realmente me produjo una gran impresión fue darme cuenta de que en realidad yo no era el macho alfa que creía que era. Si lo hubiese sido nunca me hubiese desposado con un hombre. Yo creo que me equivoqué por culpa de las gafas progresivas, pero no puedo probarlo pues alguien me las robó dos semanas después de la boda (de mi boda con mi exmarido, no de la boda del exmarido de mi exmarido con mi exmujer). Encima, cuando mis colegas pertenecientes al CMVPLW (Club de Machotes de Valencia, Pedanías Limítrofes y Waikiki) se enteraron, me expulsaron sine die y mi vida dio un giro de 360 grados, por supuesto siempre que hablemos del grado sexagesimal (60 grados si nos referimos a la graduación alcohólica).
7-Tristeza No puedo vender mis calzoncillos calados adquiridos en Galería del Coleccionista. Ni siquiera rebajando su precio a la mitad de lo que pagué por los tres. ¡Sí, tres! Y eso que forman parte de una edición numerada de 500 ejemplares firmada por su diseñador, el renombrado y cotizadísimo Nicodemus Sal «Ya» López. Supongo que tendré que vivir con ellos hasta el final de mi existencia. Ahora descansan junto a un tomate que perteneció a Ringo Starr y por el que pagué la bonita suma de 15000 euros.
¿Por qué nada me saca de esta inmensa abulia que oprime mis días, mis mediodías, mis noches y mis dídimos? Vale, soy anhedónico, y eso obviamente significa que soy un tipo poco hedónico e insuficientemente valorado como sardónico, pero, ¿haber nacido ciertamente rarito implica que todo lo que me rodea, ya sea animado, inanimado, desanimado o incluso reanimado, se coligue en una especie de conjunción infranqueable e impermeable con el único fin de descuajaringarse hasta la extralimitación? He de dejar que todo suceda simplemente porque todo debe pasar. ¿No es posible que algunas de esas cosas o de esos todos que tienen que suceder, antecedan o preexistan? Me evitaría un montón de dolencias psicosomáticas. ¡Y también ese maldito enganche a comprar objetos inútiles en Galería del Coleccionista y demás canales de Teletienda!
Dios está esperando que me ahogue. Sabe que uno mismo no puede hacerse la jodida Maniobra de Heimlich. Es una divinidad lista, pero yo soy más listo, pues he contratado a un susurrador de lombrices en paro como pseudocompresor abdominal. Si Dios quiere verme muerto tendrá que intentar otra argucia altísima y todopoderosa, pues mi política de cookies tiene por finalidad informar de manera clara y precisa sobre las cookies que se utilizan en la página web de… ¿Pero qué cojones estoy diciendo?
8-Oricalco Mi gato Platón está mirando por la ventana. Podría decir que está mirando a través de los cristales (sucios) de la ventana pero estaría faltando a la verdad, esa pequeña mamona que nos obliga a adorar a una bruja gorda llamada Conformidad. En realidad Platón no tiene ojos, por lo tanto está mirando por la ventana, aunque en realidad no ve una mierda. De todas formas, si Platón tuviese ojos y quisiera perder su tiempo mirando a través del cristal de la ventana (sucísimo) solo vería una pared. Por esa razón importé un gato ciego de África.
9-Todo el mundo tiene uno Es de dominio público que mis interpretaciones del Opus clavicembalísticum de Kaikhosru Shapurji Sorabji con la ocarina y del Capricho 24 de Niccolò Paganini con el birimbao son francamente imposibles de superar. Pero lo que desconoce por completo el jodido dominio público es que también soy un afamado inventor desnudo, y que algunas de mis creaciones desvestidas han repercutido sobre la parte más desabrigada de la sociedad. ¿Quién inventó en porretas el tomahawk invertido? ¡Yo! ¿Quién diseñó en cueros el frutero en ángulo nulo? ¡Yo! ¿Quiénes golpearon salvajemente a mi padre con las porras semirígidas de policarbonato produciéndole varios coágulos sangrientos en el cerebro que terminaron transformándolo en un psicótico hipersensible? ¡Los «grises»!
10-Apatía indefinida (Canción) Rock, rock, rock. Rock de mis tentativas de cunnilinguuuuuuus (Sí, sí, síiiiiii). Rock, rock, rock. Rock de mis espasmos genésicooooooos. (No, no, nooooooo).
La satisfacción es realmente necesariaaaaaaa, sobre todo para un pobre salido eméritooooooo, sin embargo me siento flojo y caídooooooo, y sin fuerzas para… succionaaaaaaar y succionaaaaaaar y succionaaaaaaar y… por eso, este es el…
Rock, rock, rock. Rock de mis tentativas de cunnilinguuuuuuus. (Sí, sí, síiiiiii). Rock, rock, rock. Rock de mis espasmos genésicooooooos. (No, no, nooooooo).
A pesar de tus caricias delicadaaaaaaas, y del enorme grado de abertura de tus piernaaaaaaas, no me siento con ganas de exponer mis mucosas lingualeeeeeees, y mucho menos… succionaaaaaaar y succionaaaaaaar y succionaaaaaaar y… por eso, este es el…
Rock, rock, rock. Rock de mis tentativas de cunnilinguuuuuuus. (Sí, sí, síiiiiii). Rock, rock, rock. Rock de mis espasmos genésicooooooos. (No, no, nooooooo).
Sí, sí, síiiiiii. (No, no, nooooooo). Sí, sí, síiiiiii. (No, no, nooooooo). Sí, sí, síiiiiii. (No, no, nooooooo).
Me gustaría informar a los lectores que todavía estén en condiciones mentales de seguir leyéndome, que a partir de mañana dispondrán en esta misma bitácora de un moderno cuarto de baño online. No existe en la actualidad ningún otro blog que disponga de aseo. Me complace invitaros a miccionar o defecar en él. Pero eso no es todo: el próximo 8 de julio inauguraré una cafetería en la barra lateral y una sala de masajes con final feliz en la cabecera.