
Queridísima amiga:
Sería demasiado complicado tratar de explicar cómo me siento en estos momentos, además no tengo tiempo para sutilezas, pero intentaré que experimentes la angustia que recorre mi cuerpo y se parapeta en mi cerebro, con el grito de 36 segundos que te adjunto en un archivo MP3, en este mismo email. Al final del terrible alarido toso un poco, y quizá eso puede restar dramatismo al documento sonoro, pero te aseguro que es un grito tan desgarrador como el de Munch. La única diferencia estriba en que el protagonista del cuadro de Edvard se encuentra en un puente y yo me encontraba en el aseo cuando inmortalicé mi desesperación. Pero no pienses que el chillido fue provocado por la astricción, simplemente lo grabé para aprovechar la reverberación del lugar y de esa manera dramatizar un poco más, lo que de por sí ya era (y es) increíblemente dramático.
Según el gilipollas de Otto Rank, tanto tú, como yo y el resto de zombis que habitan en el planeta, somos seres teológicos y no biológicos. Supongo que en aquella época era natural estar completamente hechizado por las palabras, no siempre lógicas, de un filósofo hoy bastante pasado de moda llamado Søren Kierkegaard, tipo al que admiro y sigo desde hace décadas. Y seguramente lo disfruto por el mero hecho de ser ateo y apóstata (yo, desde luego, no él). Pero me llena de sarpullidos la piel leer tanto a uno como a otro, cuando derivan cualquier hecho, acción, cosa o circunstancia a la jodida teología. No tienes ni idea las veces que me he cagado en esa maldita doctrina. Algunas de forma natural, otras con ayuda del picosulfato de sodio. Porque solo se puede creer en algún Dios, si se es un completo, ridículo e irrecuperable imbécil. Y que conste que no trato de insultar a los borregos que usan la religión como escape de todas sus mierdas (Nota: te adjunto también una hoja de Word repleta de insultos eclesiásticos para que veas la diferencia). Simplemente trato de que te queden claras algunas de las razones por las cuales soy incapaz de sonreír o creer que nuestro mundo es el mejor mundo posible. El mejor mundo posible sería uno donde los badulaques y los creyentes solo fueran ficción.
A veces, sobre todo cuando no he escuchado ninguna memez en dos o tres días, siento que todo lo que somos, conocemos y parecemos es una obra maestra de la creación biológica, pero en cuanto el primer gilipollas se cruza en mi camino y me demuestra de una manera brutal la realidad, veo claro mi futuro y siento unos terribles deseos de correr hasta la ferretería más cercana para comprar unos cuantos metros de soga que puedan ser transformados fácilmente en corbata de diseño. Incluso podría montar una empresa…
Corbatas de soga López Pérez.
– Alta calidad gracias a la materia prima y la fabricación propia.
– Más de 30 diseños de corbatas a disposición de nuestros clientes más atormentados.
– Sogas personalizadas.
– Materialización de sus propios diseños.
– Producción bajo sus instrucciones de sus corbatas de soga a medida.
– Con la etiqueta tejida (Brandlabel).
– Presentación: estuche de cartulina o madera.
– Hasta un 30% de descuentos a las cofradías, archicofradías, congregaciones y hermandades.
Fuera, es decir, en el exterior, caminan las personas, pero también viven los murciélagos. Francamente, si me dieras a elegir, me quedaría con los quirópteros. Si no me dieras a elegir, también. No es que piense que un murciélago es superior a un humano, es que estoy totalmente convencido. La prueba la tienes en la cantidad de millones de años que existe la primera especie. Tú eres mi amiga y te quiero un montón porque tu cara me recuerda a la de un Myotis daubentonii. Si tu rostro me recordara a el de un Homo sapiens, seguramente ni te dirigiría la palabra.
Greg
P.D.:
Creo que he tratado verdaderamente mal a los religiosos y a las religiones, quizá por eso siento remordimientos. Tantos remordimientos como el que pisa a una asquerosa cucaracha.