Email del 23 de septiembre 2018

Paul Gauguin. Human misery (1889)

Querida:

He ojeado mi «Ahora». He visto arrugas y demasiado espacio negativo. Por supuesto, tomando este último término como un elemento retórico del lenguaje visual y fotográfico, no como un vocablo que exprese pesimismo o negación en mi existencia. ¡Aunque también existe pesimismo y negación en mi existencia! Sobre todo en lo que hago, lo que no hago, lo que quizá debería hacer si fuera menos juicioso o lo que jamás haría porque no me lo permitiría la gente a la que quiero y cuya compañía me produce sensaciones placenteras. El espacio negativo de una instantánea fotográfica es todo lo que rodea al motivo principal que hemos intentado resaltar y que se denomina espacio positivo. En ocasiones, el espacio negativo es más interesante o puede provocar emociones más profundas que el espacio positivo. Cuando eso sucede, es decir, cuando el sentido visual secundario somete a la especificidad protagonista, reduciéndola al papel de comparsa o ramera óptica, entonces es el momento de arrojar la Nikon del «Aquí» a la cabeza del sentido común, y de transformarse en una especie de paria sin causas, sin argumentos ni esquemas, y de sumergirse en lo más profundo del «No sé, pero tampoco me importa demasiado». Es entonces, cuando realmente comenzaremos a aprender para qué sirvió «Todo lo que fue…» o «Cualquier cosa que realmente te empujó a creer que yo…» o «Esa jodida máscara que me encanta, pero…».

Odio las mayúsculas. Si por mí fuera nunca las utilizaría. Ni siquiera para comenzar una frase. Todo resultaría extraño, pero estoy seguro de que podría acostumbrarme. Y todavía soy capaz de llegar más lejos expresándote el confuso e intermitente placer que siento cuando no hablo o escribo para humanos. Me gusta ladrar, me gusta muchísimo, pero actualmente no tengo un perro con el que comunicar mis inquietudes, que no son tan numerosas y magníficas como deberían ser. Los perros se mueren. Y las cicatrices que resultan de sus muertes son un peso demasiado enorme como para arrastrarlas eternamente. No quiero decir que no sienta nada cuando muere un pariente o un amigo íntimo porque mentiría, pero existen tantas maneras de sobrellevar las pérdidas… Tantas como pixeles conforman el espacio positivo.

Mi espejo refleja una imagen que según parece debo ser yo. ¡Caramba! O mejor, ¡recontracojones! Mis ojos recorren el espacio negativo y no ven más que pared y errores garrafales en la pintura. Es difícil creer que esa pared y esos errores puedan resultar más interesantes que mi reflejo, pero estoy seguro de que son más interesantes (e importantes) que cualquier reflejo de cualquier ser vivo que se mueva de una forma claramente bípeda. Supongo que por eso antes me gustaban los borrachos, hasta que descubrí que aunque imitasen perfectamente el andar cuadrúpedo y los ladridos, los maullidos, las ululaciones de ciertos animales, no eran más que sujetos pertenecientes a la raza dominante del planeta. ¿Raza dominante? ¡Hace tanto tiempo que dejé de tomarme en serio! ¡Y de tomarte en serio! ¡Y de tomarlos en serio!

¡Odio los pelos púbicos que se resisten a ser barridos!

G